por Dra. Teodora ZAMUDIO y
equipo de Docencia e Investigación

  

P. Indígenas de Mendoza

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Introducción

Los rastros de poblamiento más antiguos en esta zona se remontan a 9.000 años A.C. y han sido encontrados al sur del río Mendoza, en las localidades de Agrelo y Barrancas. Corresponden a pueblos cazadores, recolectores y agricultores, con incipientes conocimientos de riego, tejido e hilado, cerámica y construcción de chozas con quincha rudimentaria.

Los españoles fundaron la ciudad de Mendoza en1561 en el lugar que antes habían seleccionado los indios. Los conquistadores trataron de instalarse cerca de los lugares donde había pobladores indígenas.

Entre los lugares habitados, cabe señalar el sitio donde actualmente se encuentra la ciudad de Mendoza, las Lagunas de Huanacache, actual Lavalle, la zona de Barrancas y las riberas de los ríos, sobre todo Mendoza, Tunuyán, Diamante y Atuel.

La conquista cultural marchó asociada con la actividad económica. Rápidamente se consolidó el camino desde Mendoza hasta Huanacache.

Los pueblos indígenas que habitaron la provincia fueron al norte los huarpes –quienes había sido ya dominados por el Incanato-  y al sur los pehuenches

Los Huarpe Milcayac  

A la llegada de los conquistadores españoles habitaba aquí esta etnia, recientemente incaizada. Se calcula que unos 15.000 aborígenes se distribuían entonces en el territorio entre los ríos Mendoza, Diamante, Desaguadero y la cordillera. Se encontraban junto a los cursos de agua, principalmente en las lagunas de Guanacache y del Rosario (hoy casi disecadas) y en los valles de Cuyo Güentata, junto al río Mendoza, y de Uco-Juarúa, junto al Tunuyán. Estaban organizados en familias que conformaban grupos reunidos alrededor de un cacique, propietario de un territorio. Eran agricultores y en sus chacras cultivaban maíz, quinoa, poroto, zapallo, con riego por acequias que surcaban las tierras de cada cacique, tomando sus nombres. Guaymallén, Tobar, Allaime y otros. Sus caseríos de quincha (ramas, carrizo y paja recubiertos con barro) eran reducidos y distaban aproximadamente 20 km. entre sí.

Como complemento de la agricultura eran cazadores, recolectores y pescadores y de sus ancestros conservaban curiosas modalidades de cacería, como la persecución de guanacos a trote lento durante días hasta vencerlos por cansancio, hambre y sed, o la captura de patos laguneros, que realizaban sigilosamente sumergidos en el agua, con la cabeza escondida dentro de calabazas.

Recolectaban algarroba para hacer patay (pan) y aloja (bebida), así como otros frutos y semillas (chañar), raíces (totora) a incluso insectos (langostas), que secaban y molían para amasar. Los huarpes laguneros eran habilísimos pescadores y secaban truchas, cuyo comercio persistió durante la época colonial. Sus canoas de totora y su cestería, que pueden admirarse en el Museo Juan Cornello Moyano (Parque General San Martín). denotan influencias de la importante cultura andina del Titicaca.

Con fibras vegetales de esteros y lagunas realizaron excelente cestería, que asombra por la firmeza de sus formas, los coloridos dibujos y el apretado trenzado que las hacía impermeables y aptas para contener líquidos.

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Período Incaico

La incaización se produjo en las dos últimas décadas del siglo XV, menos de un siglo antes de la llegada de los españoles. Cuyo, integró el Collasuyo, parte austral del Tahuantinsuyo o imperio incaico, cuya capital estaba en el Cuzco y alcanzaba su confín en esta latitud, a ambos lados de los Andes. El inmenso imperio se comunicaba por el camino del Inca, con tramos troncales en Argentina y Chile y ramales que vinculaban ambas vertientes. Este camino descendía por territorio andino hasta Uspallata. Vinculaba tamberías para albergar a los chasquis (mensajeros) y poblaciones de mitimaes, colonos agricultores y militares incaizados. En Uspallata se localizó una de ellas. Bajo la influencia incaica los huarpes perdieron la pureza de su etnia y sufrieron una considerable transformación cultural. Reemplazaron la lengua milcayac por el quechua, incorporaron el culto al sol, la luna y el lucero, y perfeccionaron las técnicas de irrigación y cultivo, como también las textiles y de alfarería.

Los Pehuenches/Puelches

Los pehuenches fueron cofundadores de la Mendoza Moderna, con el territorio que hoy tiene. Ellos se asentaron en el sur mendocino, controlaron eficazmente el espacio, se dieron su propia organización socioeconómica y política, y se lanzaron a una ambiciosa diplomacia para asegurar la paz en la región. Para alcanzar estos objetivos construyeron una trama inédita con el norte de la provincia. A fuerza de diplomacia y operaciones militares se cultivó esta alianza entre los mendocinos del norte (españoles) y los mendocinos del sur (pehuenches). De esta manera se echaron las bases del territorio que en definitiva iba a tener la provincia de Mendoza, al cambiar profundamente la situación vigente hasta entonces.

El asentamiento de los pehuenches en el sur de Mendoza, liderados por el cacique Ancan Amún, en el tercer tercio del siglo XVIII, despertó fuertes expectativas.

No menos importante fue su hermano y sucesor, Pichintur, el gran arquitecto de un sistema de alianzas múltiples que permitieron a los pehuenches disponer de tropas españolas de Mendoza y de Chile para enfrentar a sus mortales enemigos, los huiliches, y afirmar su posicionamiento y prestigio en el sur de Mendoza. Ancan Amún y Pichintur convirtieron los valles de Malargüe en centro de un enorme espacio regional, que se extendía de la cordillera a las pampas, y en el cual se irradiaba su influencia cultural. Un lugar especial merece también Currilipi, el cacique poeta, primer escritor de la historia de la literatura de Mendoza. Primo hermano de Ancan Amún y Pichintur, Currilipi era su lugarteniente en Barbarco, que extendía su hegemonía por el norte de Neuquén. Su trágica muerte en el río, sería digna de un poema épico.

Hasta ahora, esta era una historia desconocida para los mendocinos. Cuando se habla de nuestros antepasados los indios, la mente del mendocino medio viaja hacia los huarpes, esos indios que vivieron en el norte de Mendoza, y fueron rápida y fácilmente sometidos por los españoles en el siglo XVI. Poco, muy poco sabíamos de los pehuenches, que hoy nos generan admiración: como guerreros eran invencibles: los españoles no fueron capaces de someterlos nunca, en 350 años de colonialismo. Como domadores, su habilidad en el manejo de los caballos los hizo legendarios. Como artesanos demostraron notable habilidad para producir ponchos, que ellos mismos tejían, para exportarlos a los mercados de Santiago, Mendoza, Buenos Aires, Tucumán y hasta Asunción. Y sobre todo, como políticos y diplomáticos, los pehuenches demostraron una capacidad notable para observar el espacio regional del Cono Sur, distinguir actores, diseñar estrategias, interactuar y negociar con los distintos grupos, con vistas a crear un polo de poder autónomo en Malargüe.

Como resultado de esta intensa actividad desplegada por los pehuenches, lograron que la Corona, a través de las autoridades coloniales, reconociera al principal cacique pehuenche como Gobernador del Sur de Mendoza. Los pehuenches ejercieron el control del territorio del sur provincial, sobre el cual regían sus leyes (y no las españolas), sus formas de organización social y su cultura. Tuvieron su propio territorio, al cual defendieron militar y diplomáticamente. Mantenían a la vez relaciones diplomáticas con Mendoza, con las naciones indígenas de la Patagonia y las Pampas, y con las autoridades hispanocriollas de Chillán y Los Angeles.

Este gigantesco, complejo y sofisticado mundo de relaciones sociales y tramas diplomáticas y políticas, era casi desconocido hasta ahora. Para alumbrarlo, Leonardo León Solís debió recorrer durante más de diez años los archivos de Argentina, Chile, España y Gran Bretaña, en busca de los documentos en los cuales quedaron los testimonios de este proceso. Eran como piezas pequeñas de un gigantesco rompecabezas. Porque un conflicto entre tres caciques pehuenches en el río Salado, donde actualmente se encuentra el centro de esquí Las Leñas, podía generar convulsiones en los fuertes de Luján, en Buenos Aires, en los campesinos de San Fernando, Curicó y hasta los confines del Reino de Chile.

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Los presentes  textos son un extracto de:

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Mendoza, de la aldea al territorio. Leonardo León

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Mendoza a través de su historia, Roig, Arturo; Lacoste, Pablo y Satlari, María Cristina, compiladores. Mendoza, 2004, Caviar Blue.

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Mendoza: Economía y Cultura, Roig, Arturo; Lacoste, Pablo y Satlari, María Cristina, compiladores. Mendoza, 2004, Caviar Blue.

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http://www.losandes.com.ar/2002/0304/suplementos/cultura/nota63953_1.htm

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http://www.tveduca.mendoza.edu.ar/programa25/material25.htm

 

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