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La primera denominación de Tonocoté (hombre colorado en su lengua originaria) aparece en un documento de 1574. Los españoles los denominaron juríes, por su costumbre de adornarse con plumas de avestruz (jurí, surí o ñandú, vocablos quichua) alrededor del cuello, como una extensión, no como un pueblo indígena o grupo étnico. Con el tiempo tomaron costumbres andinas.
Vestimenta: los hombres tenían un delantal corto y collar hecho con plumas de ñandú, también mantas decoradas para cubrir el torso. Las mujeres usaban el mismo diseño pero con tela de llama o guanaco o fibra de caraguatá. Armas y vivienda: usaron el arco de gran tamaño, tipo amazónico, flechas y macana. Las puntas de las flechas por lo general tenían veneno. Las viviendas se construían sobre elevaciones artificiales del terreno (túmulos). Eran redondeadas, de material poco duradero y el techo de paja. Alrededor de la aldea construyeron empalizadas. Economía y arte: Aprovechaban las inundaciones anuales de los ríos para regar sus cultivos tradicionales: maíz, quinoa, porotos, zapallos. Criaban llamas y ñandúes, pero también cazaban animales silvestres y recolectaban algarroba, chañar, frutos de tunas y miel silvestre.
Desarrollaron el tejido en telar, los adornos de plumas, la cestería, la cerámica y una metalurgia primitiva. Las mujeres eran grandes hilanderas, pero sin duda, los Tonocotés sobresalieron en la alfarería, hicieron grandes urnas funerarias y pucos, con motivos muy elaborados. Religión: Los clanes de aborígenes poseían brujos, que hacía de intermediario ante la divinidad. Se adoraba a un ser llamado CACANCHIG (el cuál para los colonizadores o cristianizadores representaba al demonio), poseían oráculos donde se realizaban ofrendas. Se respetaba de sobremanera, el nacimiento, la vida y la muerte. Sus ídolos eran La Lechuza y La Víbora,
tal como lo muestran sus pinturas rupestres y en la alfarería.
Con sus creencias habituales y las creencias andinas, se formó un sincretismo inmenso, luego la fusión aparejada a los colonizadores hizo de Santiago del Estero un lugar propicio de elementos culturales que posteriormente, dieron lugar a la más grandiosa fauna fantástica, siendo tal vez la primera en variedad y diversidad del País. Su rito funerario era muy sofisticado,
primero enterraban a los muertos hasta que las partes blandas desaparecieran.
Una vez descarnado el cuerpo se lo colocaba en urnas de barro decoradas que eran
enterradas debajo de las viviendas. Lengua:
De la lengua originaria solo quedaron algunos vestigios, como:
Hoy los miembros de la Nación Tonocoté hablan un dialecto propio derivado del quichua [ver Lengua Quichua]
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