por Dra. Teodora ZAMUDIO y
equipo de Docencia e Investigación

  

Pueblo Guaraní

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Pueblo guaraní, aspecto político y guerrero

Benitez, Valeria

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Pueblo guaraní: aspecto político y guerrero

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Introducción

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Desarrollo
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Leyenda,

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Ubicación y orígen:

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Su Economía:

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Sus Costumbres:

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Dos almas

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Sus Viviendas:

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Su Religión:

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Físicamente:

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Política y guerra: caciques y sacerdotes
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El Poder del Payé

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Aspecto Guerrero

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Guerreros y caníbales

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Situación Jurídica
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Convenio 169 OIT

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Derechos Humanos – Costumbres

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Análisis de un caso particular:

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Jurisprudencia

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Conclusión

 

Pueblo guaraní: aspecto político y guerrero

Introducción:

Este trabajo de investigación consiste en el estudio de la “Política y las Guerras del Pueblo Guaraní”.

En primer lugar realizaré una reseña, sobre su ubicación geográfica, su orígen, costumbres, etc.

En segundo lugar desarrollaré su aspecto  político y guerrero, desde la antigüedad hasta sus actuales luchas y reclamos políticos por intermedio del análisis de la normativa y  la jurisprudencia actual.

Luego analizaré su situación frente a los Derechos Humanos. Es decir describir las violaciones a los mismos, desde la época de la Conquista hasta nuestros días.

Finalmente llegaré a una conclusión.

Desarrollo:

Leyenda,

Cuenta una antigua leyenda  la  vida de Tupí y Guaraní, dos hermanos gemelos que enemistados por culpa de las continuas peleas entre sus mujeres, debieron separarse. Tupí, entonces, se dirigió hacia el norte, mientras que Guaraní se iba hacia el sur.

Los arqueólogos hablan de los Tupí –Guaraníes, dos pueblos unidos por el mismo idioma y las mismas costumbres.

Los numerosos descendientes de estos míticos hermanos, penetraron en la selva. Los guaraníes, empleando canoas y balsas para viajar por los ríos, escogían un lugar y allí levantaban su aldea y practicaban la agricultura. Pero como en poco tiempo sus campos de cultivo perdían su fertilidad, los guaraníes debían tomar sus pertenencias y mudarse en busca de mejores  tierras.

La ocupación de nuevos territorios no siempre fue pacífica. A veces encontraban tribus locales muy fuertes que les impedían avanzar, y debieron torcer el rumbo. Otras veces, en cambio, conquistaron violentamente y guaranizaron a los vencidos.

Ubicación y orígen:

El pueblo guaraní proviene del Amazona brasileño, y en su caminar en busca de tierras (LAS TIERRAS SIN MAL) se asentó una parte en el Paraguay, Misiones y el norte Litoraleño de Corrientes; otro grupo migró a Bolivia y parte del noroeste Argentino, bajo el nombre de Chiriguanos.  No fueron los únicos aborígenes que poblaron la alta Cuenca del Plata.  Tampoco estuvieron aquí desde siempre; pero transformaron, con la influencia de su cultura y de su dulce idioma, a otras poblaciones aborígenes, mestizas y criollas que siguen ocupando gran parte de la Argentina, el Paraguay, el Brasil, Bolivia y hasta el Uruguay.

Su Economía:

Se dedicaron mayormente al cultivo de la tierra. La caza, pesca y recolección fueron secundarias.
Cultivaron la mandioca, zapallos, batata y maíz. En el Delta, debido a la humedad del clima, sustituyeron el cultivo por el del maíz. Aunque trabajaron la tierra, nunca desarrollaron técnicas avanzadas por lo que se los denomina agricultores incipientes.

Sus Costumbres:

Acostumbraban al cola yuta: sin vestidos. Las mujeres usaron taparrabos llamados tanga, más adelante, con la conquista, se impuso el tipoy, una especie de camisola sin mangas con dos aberturas laterales para pasar los brazos.

Hombres y mujeres se pintaron el cuerpo, por lo general para la guerra, para galantear, etc. Los varones usaron plumas en la cabeza, brazos y tobillos.

Para perfeccionar sus dones, los Karaí se imponían una vida austera: vivían en soledad, rezaban y hacían penitencias y ayunos. Durante la Conquista española, estos profetas unieron su condición de chamanes con la de líderes políticos y encabezaron la resistencia contra los invasores.

 

Tembetá de resina, (tamaño natural). Este adorno en forma de T (la línea punteada reproduce un trozo faltante) se insertaba bajo el labio inferior de los muchachos que llegaban a la adolescencia (los brazos de la T quedaban dentro de la boca y evitaban que cayera). Era signo de virilidad.

Pipa de cerámica, con tubo de caña. El humo del tabaco tenía muchos usos ceremoniales y medicinales.

En las ceremonias, los guaraníes usaban adornos de plumas en los brazos, en los tobillos y en la cabeza (como esta diadema). A veces, las plumas se pegaban directamente al cuerpo

Las vasijas de cerámica más grandes servían para guardar la chicha y también para enterrar a los muertos.

Dos almas

Dos almas tenían los guaraníes: una divina y otra animal.

La primera era la verdadera, la que sobreviviría a la muerte;

La segunda determinaba el temperamento: si al nacer un individuo recibía un alma jaguar, sería violento; si el alma era de mono, sería inquieto y bromista, y si procedía de la mariposa o el colibrí, sería bondadoso y tranquilo.

Sus Viviendas:

Al ser sedentarios podían construir grandes casas comunitarias hechas con troncos y hojas y en ella habitaban varias familias relacionadas. Las aldeas se formaban con 4 y hasta 8 casas, y se rodeaban con empalizadas.
En las regiones guaraníes del norte, las casas eran más pequeñas, cilíndricas y con paredes de barro y paja. Es decir que vivían en una aldea varías familias, cada una con su cacique.

Su Religión:

Eran monoteístas y su dios fue Tubá, creador de todo lo existente. También fueron animistas, o sea que el mundo de los vivos estaba rodeado por espíritus buenos o malos que aparecían bajo formas humanas o animales.
El chamán era el brujo de la tribu y tenía gran poder. Actualmente, las tribus amazónicas siguen considerando al chamán como una fuente de respeto y poder.
Los cadáveres eran depositados en grandes tinajas de barro; luego ponían sus efectos personales y al final la cerraban con un plato y enterraban la urna.

Físicamente:

Eran de mediana estatura pero bien proporcionados. Su cabeza, redonda; el rostro, casi circular; la nariz corta y un poco ancha; boca mediana con labios finos; ojos pequeños y cabellos largos, rectos, gruesos y negros.

Política y guerra: caciques y sacerdotes

Entre los guaraníes , la “política” resultaba ser el conjunto de instituciones, jerarquías, funciones y pautas tendientes a organizar múltiples actividades concernientes a la aldea en su conjunto o a un conjunto de aldeas vinculadas entre sí por alianzas o enfrentadas como enemigas.

Al hombre guaraní su misma condición de padre era la primera cualidad que lo hacía jefe. El padre guaraní lo era antes que nada por voluntad de los dioses y antepasados que lo inspiraban constantemente y le enviaban palabras-almas para que se encarnara en sus futuros hijos.

La segunda condición que legitimaba al ñande rú era su sabiduría y moderación.

Cuando se trataba de asuntos locales como, cómo decidir una partida de caza, o sancionar un divorcio, el Ñande Rú local podía arreglárselas por sí mismo, pero no sin consultar a todos los varones de la aldea y tener en cuenta la opinión general de su gente.

Pero cuando se trataba de asuntos importantes, como decidir una migración en busca de nuevas tierras o una expedición guerrera, los jefes comenzaban a celebrar frecuentes convites a los cuales invitaban a todos sus parientes varones que usualmente eran muchos.

Los guaraníes no constituyeron una nación-estado y por tanto no contaban con ejércitos organizados. Las aldeas guaraníes se veían movidas permanentemente por las necesidades de sostenimiento hacia territorios fértiles y ricos en animales y frutos. Otro factor de expansión era el demográfico, que obligaba a las aldeas a subdividirse y expandirse. Así, el enfrentamiento con los vecinos era periódico y ocasional, dependiendo de la abundancia alimentaria y la presión demográfica.

A medida que el crecimiento de las aldeas fue haciéndose cada vez mayor y la densidad demográfica más alta, la cultura guaraní fue respondiendo con múltiples cambios a tal situación.

El arribo de los conquistadores españoles terminó rápidamente con el dominio guaraní. En 1535 Juan de Ayolas se topó, mientras exploraba el Paraná en busca de las riquezas del Perú, con canoas mepene que le cerraban el paso y le exigían tributo para poder transitar por el territorio, a lo que el explorador contestó a cañonazos dispersando a los indígenas, tras lo cual continuó viaje río arriba. En ese periplo Ayolas obtuvo la colaboración del cacique Arambaré para consolidar en la margen oriental del río el campamento español que se convertiría más tarde en la ciudad de Asunción. En 1552 una expedición comandada por Domingo Martínez de Irala desembarcaba en el Alto Paraná para desbandar a los indios que hostilizaban las comunicaciones de Asunción del Paraguay con Brasil y el Río de la Plata. En1588 cuando Juan Torres de Vera y Aragón fundaba el pueblo de San Juan de Vera y Aragón de las Siete Corrientes, los ataques de los guaraníes eran escasos. Por esa razón, ya en esa época los españoles empezaron a repartir entre los primeros colonos "estancias" para la cría de ganado y a asignarles en "encomienda" a la mayoría de las tribus que habitaban esta tierra.

La encomienda -una forma encubierta de esclavitud que autorizaba al encomendero a atacar y capturar a los indios- y posteriormente las reducciones (pueblos de indios donde se los catequizaba bajo la tutela de religiosos jesuitas, franciscanos y mercedarios) pacificaron temporalmente a los belicosos guaraníes.

De esa etapa colonizadora quedan vestigios en toda la geografía correntina, como las misiones de San Carlos, Santo Tomé y la de Yapeyú, que fundada por los jesuitas en 1626, llegó a tener una población de más de 8.000 indios y donde funcionaron un astillero, una escuela de música y otra de primeras letras.

El Poder del Payé

La naturaleza del poder del payé era eminentemente mágico-religioso. Se concebía que la cualidad básica de éste era la de REDENTOR de los espíritus. Con el apoyo de sus espíritus auxiliares el payé podía realizar maniobras mágicas, hechizos malignos.

Cuando un payé recibía el llamado divino que lo impulsaba a iniciar su carrera shamanística era inmediatamente tratado como algo especial por su comunidad. Se apelaba a él para que curase enfermedades, dirigiese todo tipo de ceremonias o consagrase el poder de los jefes.

Los shamanes o hechiceros estaban altamente desarrollados, habiendo los hacedores de lluvia, adivinadores, etc., con culto a los que se habían destacado en ello. Profetas de estilo verdaderamente bíblico; creencia en un ser superior, creador incluso, pero no único, junto con una rica mitología de la creación, mito de un tigre celeste que devora a la Luna o al Sol en los eclipses. Uso del tambor de señales. Sacrificios de sirvientes y mujeres sobre la tumba de los jefes principales, lo cual es un rasgo de cultura superior, etcétera.

Aspecto Guerrero

La palabra guaraní quiere decir guerrero, los indios guaraníes hacían una gran apología de la guerra.

Guerreros y caníbales

Podía haber varios motivos con gente de otras tekoa o con no guaraníes. Cierto prisionero de guerra recibían trato especial: eran generosamente alimentados, tenían derecho a una mujer, y a honores de guerrero. Después de meses de confortable cautiverio y cuando el hombre estaba en su plenitud física y anímica, llegaba el día de su ejecución. Una plenitud se reunía en la plaza tomaba bebidas alcohólica, cantaba, bailaba,-mientras el prisionero era sostenido por una soga en la cintura- se burlaba de él y lo insultaba.

Por fin, un guerrero lo mataba de un mazazo en la cabeza. Esta muerte traía prestigio para el verdugo y para la víctima. El primero llevaba desde entonces un tatuaje especial en la espalda y podía usar el nombre del prisionero, por su parte, si la victima se había comportado dignamente, su linaje lo recordaría como a un valiente y buscaría venganza. Después, el cuerpo se troceaba y se cocinaba. Todo el mundo debía probar su carne, hasta los niños. De esa manera buscaba incorporar las fuerzas, el coraje y el poder del enemigo a sus propias energías. Así acabó Juan Díaz de Solís, el primer europeo que vio el Río de la Plata.

Usaban arco, flecha y macanas. Los arcos, tal la cultura amazónica, eran gigantes, y llegaron a medir hasta 2 metros de largo. Las flechas de guerra eran realizados con huesos humanos.

Situación Jurídica:

El fracaso de las normas impuestas por la nueva administración de los pueblos de guaraníes, trajo como consecuencia inmediata la emigración de familias enteras buscando nuevos rumbos para mejorar la calidad de vida.

Las guerras entre españoles y portugueses en la frontera de la Banda Oriental encontró a muchas de esas familias en las zonas de conflicto. Los fuertes de Santa Teresa y Santa Tecla, en la costa atlántica de la Banda Oriental, que sirvieron como defensas en las mencionadas guerras, fueron fundadas por emigrados guaraníes de los pueblos del departamento de San Miguel. Informes de la época indican que incluso importantes edificaciones de pueblos como Maldonado y Montevideo habían sido construídos por grupos de guaraníes emigrados.
Pero el ámbito más propicio para las deserciones de las familias guaraníes fue la misma provincia de Misiones, el Paraguay y las principales ciudades del litoral argentino.

El desorden existente en los pueblos hacía que muchos que figuraban como prófugos, simplemente se habían afincado temporariamente en los ámbitos rurales de las jurisdicciones para evitar ser forzados a realizar algunos servicios o para eludir los pagos de los cánones obligatorios. Muchos de ellos regresaban luego a sus pueblos. Pero al momento de los censos figuraban como prófugos, por lo que la información demográfica existente no siempre coincide con la real suma de habitantes existentes.
Paraguay, Corrientes y Entre Ríos recibieron enormes cantidades de emigrados de los pueblos de guaraníes. Es también difícil, en este caso, precisar la cantidad exacta de ellos por ser protegidos en su mayoría por sus circunstanciales patrones.

Excelentes artesanos, eran codiciados y por ello abrigados por vecinos de Corrientes, Asunción o los pueblos entrerrianos. Del mismo modo, al ser los guaraníes excelentes agricultores y al mismo tiempo muy prácticos en las labores propias de la vida rural, los nuevos hacendados que poblaban las estancias que habían sido despojadas a los guaraníes, hacían todo lo posible para evitar que éstas fuesen devueltas a sus pueblos de origen.
Hasta las mismas praderas bonaerenses llegaron familias de guaraníes. Testimonios de la época relatan hechos como la negativa de algún oficial del sur de la provincia de Buenos Aires de devolver grupos de guaraníes que figuraban como soldados, dada la eficiencia militar de éstos.

La dispersión guaraní cubrió un amplio escenario, hoy conformado por estados como Rio Grande do Sul, Paraguay, el litoral argentino, la Banda Oriental y la provincia bonaerense. Esta emigración provocó la integración, especialmente en las áreas rurales, donde mezclaron con el elemento criollo produciendo un notable mestizaje, raíz de la sociedad actual de estas regiones.

Iniciado el nuevo siglo, el XIX, las voces de reclamo sobre la necesidad de soluciones al problema de decadencia de los pueblos misioneros se hacían sentir cada vez con más fuerza en los estrados virreinales. Si bien se reconocía la ineptitud y corrupción de los administradores particulares, se echaban tintas sobre los jesuitas que “...habían malacostumbrado a los indios con su sistema de tutelaje...”. 

Frente a ello, el virrey Avilés decidió mediante un Auto de febrero de 1800 la eximición de trabajos y cargas de comunidad a 323 familias misioneras, pertenecientes a 28 pueblos. Estas fueron seleccionadas entre las más aptas con el objeto de medir luego los resultados y generalizarlo en caso de que el nuevo plan prosperase. A estas familias se les otorgó propiedades y ganados para el inicio de sus empresas. En mayo de 1801, Avilés amplió su decreto liberando a todo el pueblo de Santa María la Mayor y las familias guaraníes del puerto del Salto Chico. Así, sobre una población total de 43.000 naturales, se habían independizado del régimen comunitario unos 6200.

En mayo de 1803, ante un aparente buen resultado del sistema, el rey Carlos IV decidió aprobar lo obrado por el Virrey Avilés y extendió la libertad a todos los indios misioneros. Pero era tal el desorden administrativo y la oposición de las autoridades políticas de los pueblos a esta Cédula Real que todavía en 1810 no se había cumplido en muchos pueblos esta orden. 

Con la Real Cédula de 1803 se les repartía tierras y ganados a las familias de guaraníes, prohibiéndoseles su venta. A los pueblos se les demarcarían ejidos. Cesaban en sus funciones el Administrador General y los administradores particulares de los pueblos. Se prohibía la presencia de españoles en los pueblos, salvo aquellos que estuviesen casados con indias. Estos eran los principales enunciados de la Cédula. 

Si bien el nuevo orden tuvo como fin la solución de los graves problemas de los pueblos de guaraníes, otorgando las totales libertades para su gobierno, sin dudas las medidas no prosperaron.

El Obispo de Buenos Aires, Monseñor Lue y Riega, en visita pastoral a las alicaídas poblaciones, indicaba, en 1810, que la mayoría de las familias liberadas se habían ido de los pueblos y puesto bajo la tutela de patrones españoles, en carácter de peones.

Esta decisión real fue el último eslabón de la larga cadena de medidas erradas tomadas desde las autoridades españolas del Plata para remediar los problemas ocasionados por los jesuitas en sus 150 años de experiencia misional. 

El desconocimiento de la cultura guaranítica y la falta de incentivos para hacerles felices las tareas comunitarias habían deshecho el nuevo proyecto de vida ideado por las autoridades ilustradas virreinales para los pueblos misioneros.

El año 1810 encontrará al conjunto de los pueblos en la total miseria y desolación. Pero aún nuevas fatalidades esperaban a las familias sobrevivientes al período preindependiente.

Nuestra Constitucion establece: Artículo 75, inciso 17: "Corresponde al Congreso reconocer la preexistencia étnica y cultural de los pueblos indígenas argentinos. Garantizar el respeto a su identidad y el derecho a una educación bilingüe e intercultural; reconoce la personería jurídica de sus comunidades y la posesión y propiedad comunitarias de las tierras que tradicionalmente ocupan; y regulan la entrega de otras aptas y suficientes para el desarrollo humano; ninguna de ellas serán enajenable, transmisible ni susceptible de gravámenes o embargos. Asegurar su participación en la gestión referida a sus recursos naturales y a los demás intereses que los afecten. Las provincias pueden ejercer concurrentemente estas atribuciones".

Convenio 169 OIT

Aunque no lo reseñe cumple con las directrices del Convenio 169 de la OIT (sobre pueblos indígenas y tribales en países independientes,  ley 24.071, B.O. 20/04/92):

Del art. 2.2, en cuanto a la obligación –en este caso, del gobierno argentino- de asumir la responsabilidad de desarrollar una acción coordinada y sistemática con miras a proteger los derechos de los pueblos indígenas y a garantizar el respeto de su integridad.

Del art. 4.1, en lo referido  a la adopción de medidas especiales para salvaguardar las personas, las instituciones y las culturas de aquéllos,

Del art. 5 “a”, en la medida en que se exige reconocer y proteger sus valores y prácticas – sociales y culturales.

La obligación genérica del art. 8.1 en el sentido de aplicarles la legislación nacional tomando debidamente en consideración sus costumbres o su Derecho consuetudinario; y la ya específica del art. 9.2 en el punto al deber en cabeza de las autoridades y tribunales llamados a pronunciarse sobre cuestiones penales, de tener en cuenta las costumbres de los pueblos indígenas para la represión de los delitos cometidos por sus miembros.

Derechos Humanos – Costumbres

Análisis de un caso particular:

Violación de los “Derechos Humanos” de los  Guaraníes, frente a ésta situación que los mantiene en constantes luchas (guerras pacíficas) y reclamos políticos:

La Universidad Nacional de La Plata hace Investigaciones Antropológicas y Biológicas que alteran la forma de vida de las Comunidades Mbya Guaraní. (Reclamo realizado por el Dr. Raúl Montenegro).

El Dr. Raúl Montenegro, que es además profesor titular de Biología Evolutiva en la Universidad Nacional de Córdoba, sostuvo que las autoridades de la UNDLP "hace años que se comportan como terratenientes, ignorando el derecho de las poblaciones indígenas del valle del Kuñá Pirú. Desde 1996 la Universidad realiza allí investigaciones antropológicas y biológicas sin la autorización de las comunidades Mbya Guaraní. Los profesores y estudiantes llegan desde La Plata para observar cómo viven las comunidades, afectando sus formas de vida y costumbres. En pleno siglo XXI la Universidad Nacional de La Plata se comporta como los conquistadores del siglo XVII. Llegó incluso a construir dos albergues, uno para la observación y estudio de aves, y otro para que se alojen estudiantes".

Montenegro expresó que el Rector y otras autoridades de la UNDLP "parecen ignorar que los Guaraní viven desde hace unos 3200 años en las selvas Paranaenses de Misiones. Cuando la Universidad Nacional de La Plata ni siquiera existía, los indígenas Mbya de la selva misionera ya conocían más de 150 especies de plantas medicinales e identificaban 229 especies de aves. Los Mbya Guarani, antiguos conocedores de la frágil selva misionera, no pueden ser ignorados por la UNDLP. Es vergonzoso que autoridades de una universidad pública sigan jugando a los terratenientes, y miren para otro lado cuando se trata de Derechos Humanos. El Dr. expresa que: “Interferir con las costumbres indígenas, impulsar un inconsulto turismo científico y hacer cada vez más obras, todo ello a espaldas de las comunidades Mbya, es una sutil forma de genocidio”. Los Mbya del Kuñá Pirú no están para que los estudiantes de antropología de La Plata hagan sus trabajos prácticos, ni la selva para que funcione allí un hotel académico. El valle del Kuñá Pirú es el hogar ancestral de los Mbya, no un aula de la Universidad".

Las autoridades de la Universidad Nacional de La Plata actuaron como terratenientes.

El Dr. Raúl Montenegro indicó que el 11 de noviembre de 1999 "la UNDLP y el Ministerio de Ecología de Misiones firmaron un convenio por el cual las 6.035 hectáreas se convertían, durante 20 años, en reserva privada. Una vez más lo hicieron a espaldas de las comunidades Mbya del Kuñá Pirú. Este comportamiento unilateral y anacrónico de la UNDLP es inadmisible. Una Universidad pública debe respetar los Derechos Humanos, y no violarlos sistemáticamente. Porque hacer obras inconsultas, decidir autoritariamente el destino de las tierras y utilizar a las comunidades Mbya como aulas de la Universidad también son violaciones a los Derechos Humanos".

"¿Que opinaría el Rector de la Universidad Nacional de La Plata si transformásemos su casa particular en laboratorio de observación, y construyésemos allí un albergue para que fueran estudiantes universitarios, todo, además, sin consultarlo?. Seguramente se molestaría. Pues bien: esto es lo que hizo la Universidad Nacional de La Plata en el territorio de vida de las comunidades indígenas del Kuñá Pirú en Misiones", sostuvo Raúl Montenegro.

Montenegro denunció que recientemente, mientras seguían las tratativas de devolución, "la UNDLP volvió a tomar decisiones sin consultar a los indígenas. A fines del 2002 las comunidades Mbya del valle del Kuñá Pirú tuvieron que movilizarse para impedir la firma de un convenio entre la UNDLP y la Subsecretaría de Deportes y Turismo destinado a construir nuevos albergues para turismo científico". Montenegro indicó que estas actitudes de la Universidad Nacional de La Plata "son inaceptables y hasta discriminatorias, y por eso merecen nuestro rechazo. Las tierras del Kuñá Pirú son de los Mbya Guaraní, no de la Universidad. Por eso la UNDLP debe devolver inmediatamente las 6.035 hectáreas a los Mbya, y hacer lo que nunca antes hizo: acordar con las tres comunidades indígenas cómo trabajar en conjunto".

Jurisprudencia

Comentario de un Fallo:

Arnulfo Verón aseguró que la jueza de Familia actuó con “hipocresía” - 20-10-2004
Rechazan pedido para sacar los niños Mbyá de la plaza
La presentación la había realizado Asuntos Guaraníes, pero la jueza Marta Alegre la rechazó. Argumentó que los menores están con sus padres.

La jueza a cargo del juzgado de Familia Nº 2, Marta Alegre, rechazó "in limine" la acción autosatisfactoria planteada por el director de Asuntos Guaraníes, Arnulfo Verón, que solicitaba que la Justicia ordene el urgente regreso a sus comunidades de los niños y niñas Mbyá Guaraní que se encuentran en el campamento montado hace dos meses en la plaza 9 de Julio.

Uno de los argumentos que utilizó Verón en la presentación que realizó con el patrocinio de la abogada Patricia Norma Ponce, radica en que "los niños de algunas comunidades Mbyá Guaraní se encuentran expuestos a un peligro real y concreto, siendo expuestos en un lugar público que obviamente carece en forma absoluta de la infraestructura mínima para ser lugar de alojamiento, están lejos de su hábitat natural y habitual y consecuentemente su brusco e impuesto cambio de ambiente hace temer por daños inminentes en su salud y su vida".

Sin embargo, la jueza Alegre sostuvo que "el hecho que sean comunidades de un pueblo Mbyá Guaraní que se encuentran manifestando como cualquier ciudadano común de territorio argentino en un espacio público y mostrando tal vez a toda la comunidad cómo desarrollan habitualmente su vida, expone sus costumbres y hábitos, no es materia justiciable ni mucho menos acreditativa de la configuración de urgencia requerida en la medida autosatisfactiva planteada".

Con respecto a la "urgencia" con la que Verón solicitaba que el juzgado ordenara que los niños sean trasladados a sus comunidades de origen, la magistrada señaló en los fundamentos de su fallo que no advierte "cuál es la urgencia en la petición de la medida, como tampoco cuál es el peligro real e inminente al que se encuentran expuestos los menores".

"Todo esto constituye una aberración lisa y llana", así tildó el fallo de la jueza de primera instancia el director de Asuntos Guaraníes, Arnulfo Verón.

El funcionario aseguró que Alegre actuó con "hipocresía" al decir que las fotos que se presentaron como pruebas "están mostrando su forma de vida y hábitos".

Conclusión

 Es notable la gran persecución que tuvieron que sufrir los “dueños” o primitivos poseedores de las tierras o de determinados territorios a través de la historia. Siendo no sólo una cuiestión propia o característica de los Guaraníes, sino común a todas las tribus o pueblos indígenas que habitaron y habitan nuestra Nación. Desde la época de la conquista hasta nuestros días. Si bien pasaron muchos años, continúa la marginación, discriminación y falta de reconocimiento integral de los mismos.

Considero que es nuestra función como estudiantes y potenciales profesionales del derecho, difundir, proteger sus más esenciales valores.

 

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 Dra. Teodora ZAMUDIO