por Dra. Teodora ZAMUDIO y
equipo de Docencia e Investigación

  

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por Georgina González Frea

Síntesis realizada sobre el libro del Dr. Abelardo Levaggi, "Paz en la frontera" (agotado)

Ver también

Tratados durante el período hispánico: Frontera pampeano-patagónica - Frontera chaqueña

Tratados desde la revolución de mayo hasta el fin de la época de Rosas: Frontera pampeano-patagónica - Frontera chaqueña

Tratados desde la organización constitucional hasta la conquista del desierto: Frontera pampeano-patagónica - Frontera chaqueña

A modo de prólogo a la legislación indígena argentina. Dirección de Información Parlamentaria del Congreso de la Nación Juan Luis Amestoy  1991

Pasa a estar tan lejos la idea de “colonizadores que llegan a un continente virgen”, algunos investigadores, afirman a raíz de hallazgos arqueológicos que la población primitiva de lo que hoy es la República Argentina y los países del Cono Sur, data de los diez mil años a.c. Estos habrían provenido del periodo paleolítico superior, del Asia, constituyéndose así tres remas: los Huárpidos, de los cuales descienden los matacos, de los Guaycurú, lo hacen los Tobas, Mocovíes, Abipones, Pilagáes y Mbayáes entre otros. Este grupo ocupó la zona del chaco llamados “chaquenses”[1].

Los Lules - Vilelas descienden de otra oleada inmigratoria precedente del periodo neolítico llamados Andidos, así como los Chiriguanos y Guaraníes lo son del grupo denominados Amazónicos. Todos ellos practicaban la agricultura[2].                                                       

En el período hispánico en la zona llamada del Gran Chaco Gualamba[3] habitaban, entre otros, los abipones, chanés, chiriguanos, chorotes, guaraníes, lules, malbalaes, matacos, mocovíes, pilagaes, tobas y vilelas, reunidas en los grupos lingüísticos guaycurú, ma­taco-mataguayo, vilela-Iule, maskoi, samuco, chiriguano y guaná-chané[4].

Los podemos dividir en tres núcleos étnicos: 1- los Guaycurúes (actuales tobas y mocovíes). 2- los matacos. 3- los lule-vilelas (extinguidos). Los Guaycurúes, desde el comienzo de los tiempos históricos habitaron una amplia franja sobre la margen derecha de los ríos Paraná y Paraguay; los lules-vilelas provenientes del Chaco Occidental, estaban asentados en el área aledaña a la zona del frente donde fue levantada la ciudad de Corrientes (actual Puerto Vilelas, Barranqueras, Monte Alto, Antequeras e Islas del Cerrito)[5].

El escenario donde se establecieron contactos de todo tipo entre españoles e indígenas fue bien determinado: la frontera, donde se encontraba la jurisdicción de ambos.

La actual República Argentina se encuentra ubicada en América del Sur, limitando al norte con Bolivia y Paraguay, al nordeste con Brasil, al este con y el Océano Atlántico, y al sur y al oeste con Chile. Su nombre proviene del latín argentum ("plata") y está asociado con una leyenda, sobre la existencia de plata en la región norte del río que Juan Díaz de Solís, en 1516, había denominado Mar Dulce y que los portugueses denominaban Río da Prata[6].

Sebastián Gaboto[7], en 1528 navegando el río Paraguay, procuró tener comunicación con los guaraníes, con los cuales asentó la paz y amistad proveyéndose mutuamente de atenciones.[8]

Según Pedro Lozano, Juan de Ayolas, en las proximidades del Pilcomayo requirió la paz a los caciques guaraníes Lambaré y Yanduazubí Rubichá, pero fue atacado. Vencidos los agresores, "despacharon mensajeros a tratar de con­cierto". Ayolas "los admitió benignamente, y oyendo de ellos que se ofre­cían, no sólo a celebrar la paz deseada, sino a hacer alianza ofensiva y defensiva, condescendió gustoso con su deseo, con solas condiciones de que a su costa, construyesen una fortaleza a los castellanos", que fue el origen de la Asunción, fundada en 1537[9].

Cuatro años después en ausencia de Ayolas, el gobernador del Río de la Plata Domingo Martínez de Irala, llevó a la Asunción a los pobladores que quedaban de la destruida Buenos Aires. Una vez asentados, llamó a los indios comarcanos y les procuró instruir en las cosas de la Fe y "buena policía", y llevarlos a la subordinación al rey. Según el cronista Díaz de Guzmán, recibieron "con buena voluntad, sometiéndose al señorío real; y como tales vasallos se ofrecieron acudir a todo lo que se les mandase en su real nombre, como lo mostraron en las ocasiones, que ocurrieron en adelante, especialmente en la guerra que el general hizo a unos indios llamados yapirúes, antiguos enemigos de los guaraníes y españoles [...] dejando a todos en asentada amistad"[10].

Alvar Núñez Cabeza de Vaca, el segundo adelantado del Río de la Plata llegó a la Asunción en 1542, los agaces o payaguaes luego de haber roto las paces y salteado a algunos pueblos guaraníes, al saber de la ida del gobernador se acercaron para ser amigos de los españoles y dar la obediencia. Arribaron los principales de ellos, Abacoten, Tabor y Alabos. Se desarrolló la negociación, se comprometieron a cesar la guerra con los guaruaníes entregando cautivos, ni molestarlos cuando estos saliesen a pescar y cazar  al igual que a los españoles, aceptaron ir a la Asunción de día y en determinada forma, y no impedir el adoctrinamiento de los propios agaces. Como garantía en calidad de rehenes, quedaron algunas mujeres en Asunción. Según la crónica, tan pronto salió el gobernador para una expedición los agaces rompieron las paces y huyeron las rehenes.[11] Luego los guaycurúes finalmente, también aceptaron la paz, dando la obediencia y vasallaje, apartándose de la guerra de los guaraníes, y comprometiéndose a llevar provisiones a cambio de presentes y de ser defendidos y amparados, además devolviéndole los prisioneros de guerra.

Los indios yapirúes, nación enemiga de los guaycurúes, y papirúes también se acercaron a Asunción para firmar la paz ofrecida por Alvar Núñez.

En 1544 Alvar Núñez Cabeza de Vaca, es reemplazado por Irala quien emprendió expediciones navegando el Paraná arriba y logró tratados de paz con los tupíes.

El mayor conflicto interétnico que se produce en la provincia de Tucumán fue debido al primer levantamiento calchaquí, el cual se inició en 1561 por el cacique Juan calchaquí[12]. En 1588 Juan Ramirez de Velazco, gobernador logró llevar la paz firmando con el hijo del cacique, el cual ya había fallecido para ese entonces[13].

El 17 de julio de 1615 en la frontera de Tomina, con la entrada de Ruy Diaz de Guzman a las tierras de los chiriguanos en la region de Tarija, se firmaron negociaciones de paz con dos de los caciques del pueblo de Charagua llamados Guyrapiru y Camaripa. Los documentos fueron realizados por escritura pública donde se pactaba la obediencia de los indios considerados rebeldes.

En 1630 en los Valles Calchaquíes tucumanos, nuevamente se sublevaron los naturales. Duró más de cinco años y participaron no sólo los calchaquíes. La provincia fue pacificada por el gobernador, Felipe de Albornoz, quien utilizando como medio llevarlos a extremos de hambre y necesidad, fue logrando la rendición la cual fue correspondida con el perdón general de los delitos.

Esto no duró tanto, ya que 27 años después en 1657  se reanudó la guerra, una de las causas fue la inquietud y molestia de los naturales por el falso inca Pedro Bohorquez quien en realidad era un aventurero español, el cual habiéndose enterado el gobernador de Tucumán Alonso de Mercado y Villacorta lo recibió con agasajos en la ciudad de Londres, luego de una junta se resolvió que convenía su entrada al valle, que llevase jurisdicción de teniente de gobernador y justicia mayor, y permitirle usar el título de inca. El 12 de Agosto se hizo públicamente, Bohorquez en la plaza el juramento y homenaje, prometió obedecer las órdenes, en cuanto a salir del valle cada vez y cuando se lo mandase, que introduciría en el valle la jurisdicción real, cooperaría a la predicación del Evangelio y a que se redujesen a vida política y cristiana. Entonces, se le dio el título de teniente de gobernador, justicia mayor y capitán de guerra del valle de Calchaquí.

Rotas las hostilidades por el aventurero, ofreció la paz a la Audiencia de Charcas y solicitó una tregua al gobernador. Le fue concedido el indulto y luego de dos años, en 1659 se entregó[14].

Hubo nuevas gestiones de paz, intervino el obispo Melchor de Maldonado y Saavedra y el misionero Hernando de Torreblanca, al poco tiempo, se sometieron los calchaquíes. A fin de pacificar las tierras, Felipe IV, se nombró a Gerónimo Luis de Cabrera, como nuevo gobernador de la provincia, encargado este de dar un perdón general, procurando la paz, no buscando la conquista.

En el Chaco santafesino, en 1632, Hernandarias emprendió una campaña contra los charrúas, logró el establecimiento de paces con la parcialidad del cacique Yasú. Se logró el rescate de muchos guaraníes los cuales luego terminaron trabajando en los hogares de familias santafesinas como servicio doméstico. Esta paz fue considerada duradera.

El 13 de diciembre de 1662, Mercado y Villacorta, ahora gobernador del Río de la Plata, celebró el primer tratado argentino con los tocagües y vilos representados por Nicolás de Carabajal de la Compañía de Jesús de la ciudad de Santa Fe. Se comprometieron a reducirse a la vida cristiana y servir a Santa Fe como vasallos, a cambio del perdón de sus delitos y puestos bajo la jurisdicción del gobernador, como garantía de buen trato.

En 1673, el gobernador del Tucumán, Angel de Peredo, inició acciones punitivas contra los mocovíes y los tobas, hicieron la paz, pero pese a la promesa inicial de respetar su libertad, Peredo repartió a los indígenas como botín entre los vecinos de las ciudades que participaron en la entrada y los desnaturalizó.

Angel de Peredo, segùn Lozano, realizó preparativos de paz con los vilela, fracasados por las intenciones que escondían. Luego se decidió por la guerra la cual se inició en 1685 por el maestre de campo Antonio de Vera Mujica[15].

El conflicto iniciado por Peredo con los chaqueños ya existía desde 1707, para esa fecha, ocupó la gobernación del Tucumán Esteban de Urízar y Arespacochaga[16], quien hizo su primera entrada en el Chaco en 1710 así se formó la primera reducción que se instaló en la frontera con los lules, la cual tiempo después se llamaría San Esteban de Miraflores y consiguió la pacificación momentánea del territorio y la paz con los malbalaes, ojotaes y tules mediante el ajuste de tratados con cada uno de ellos.

Urízar reunió una junta de guerra en el fuerte de San Juan, del tercio de Salta, para decidir lo que harían con los malbalaes, a lo que se resolvió ubicarlos en Valbuena y para vigilarlos se fundó un presidio, se entregaron algunas insignias al cacique Jonasteté y a los demás caciques y capitanes, dándoles además vestimenta[17].

Los españoles otorgaron el indulto por los delitos cometidos, les designaron el sitio del río Valbuena para formar su pueblo, siendo el nombrado gobernador del mismo el cacique Jonasteté, se otorgaron mutua ayuda en caso de guerra con cualquier otra nación. Por su parte los malbalaes se obligaron a ser leales vasallos del Rey, obedecer al gobernador y ministros de la provincia de Tucumán, mantener perpetuamente la paz y alianza no teniendo comunicación con los mocobíes, tobas y aquilotes, ni con las demás naciones del Chaco que fueran enemigas del español.

Luego las mismas condiciones puestas a los malbalaes fueron puestas a los tules, salvo un añadido; la tarea estuvo a cargo del teniente de gobernador de San Fernando del Valle de Catamarca, el maestre de campo Esteban Nieva. Los ojotaes también fueron pacificados, destinados al fuerte de Buenos Aires[18].

En lo referente a las relaciones con los chiriguanos, quienes eran la nación más temida por los habitantes de Tarija, los intentos para llegar a acuerdos, fueron realizados y fracasados por el padre Julián Lizardi y algunos españoles, entre ellos el teniente de gobernador de Tarija, Lorenzo del Río de Amézaga. En 1734 el misionero jesuita José Pons de la Campaña de Jesús llegó solo al valle de itau, en las Salinas, para ajustar paces, fundó en el valle de abajo de las Salinas la reducción de Nuestra Señora del Rosario, la cual se mantuvo por mucho tiempo.

Transcurriendo el mismo año el teniente gobernador de Santa Fe, Francisco Javier de Echagüe y Andía, logró celebrar las paces con el cacique mocoví Ariacaiquín. La táctica militar, que dio resultados positivos, consistía en atacarlos por sorpresa en sus tolderías con compañías de caballería ligera, escarmentándolos y luego una vez logrado esto, invitarlos a celebrar las paces.

Las tratativas de paz con los minuanes de la Banda Oriental, registran antecedentes ya desde 1721, pero fue en 1732 cuando se logró. El Cabildo porteño comisionó a los regidores Matías Solana y Sebastián Delgado. El gobernador Bruno Mauricio de Zabala los proveyó el 5 de febrero de 1732 de instrucciones, a esto, se sumó el comandante de Montevideo, capitán Francisco Antonio de Lemos.

El 13 de febrero la delegación desembarcó en Montevideo, y se entabló la paz. Al tiempo las complicaciones surgieron a causa de los robos de ganado y otros atropellos que se les atribuyeron concluyendo en la paz la cual se selló no obstante su brevedad, permitió a los españoles extender sus estancias. Siendo esa vez protagonista el Cabildo de Montevideo, el 29 de marzo de 1762 el convenio quedó registrado en el acta del cuerpo capitular[19] y se estableció en las proximidades de Montevideo a los naturales. Las paces terminaron en abril 1764, junto con el mandato de Viana, su sucesor, Agustín de la Rosa, contrariamente provocó el alejamiento que los minuanes cerca de la ciudad.[20]

La frontera interior austral de las provincias del Río de la Plata, Tucumán y Cuyo se extendió desde fines del siglo XVI, sobre el paralelo 34 de latitud sur, bajando hasta el paralelo 36 en el litoral atlántico. El territorio que se desplegaba al sur de esa línea estaba poblado por las naciones pampa, puelche, pehuenche y huilliche o ranquel, las dos últimas procedentes de Chile. Esta penetración transcordillerana, se inicia a comienzos del siglo XVII, y produce la “araucanización” de la Pampa. Los huilliches, llegaron a dominar su mayor parte, desplazando y empujando hacia la costa a los primitivos pobladores puelches y pampas[21].

Difieren las versiones acerca de quiénes y cómo ajustaron esas paces. Narra Sánchez Labrador que los caciques pampas, se encaminaron a la ciudad y se presentaron al gobernador, suplicando por las vidas y se les permitiese habitar entre los españoles, en las haciendas de campo. Pactaron guardar la paz y a no dañar[22]. El 7 de mayo de 1740, Salcedo en comunicación con el padre provincial de la Compañía de Jesús fundó la reducción de Nuestra Señora de la Purísima Concepción de los pampas en la desembocadura del río Salado.

Otra misión pacificadora fué dada al padre Matías Strobel, de la reducción de los pampas. En 1742, se celebraron paces con los puelches. Según cuenta Muñiz, en la reducción de la Concepción vivía una hermana del cacique Bravo, que habría influido en su hermano para lograr la aceptación.[23]

En ese mismo año en la frontera chaqueña, el gobernador Juan de Santiso y Moscoso el 12 de abril comenzó las diligencias para así lograr la firma de un tratado con la nación toba. Se llevó a cabo el 12 de junio, y fueron también invitadas las ciudades de Tucumán y Jujuy, a pesar de haberse conseguido celebrar la paz con la nación toba, difícilmente podía cumplirse por estos, ya que las restricciones que se impusieron con respecto a sus desplazamientos, difícilmente podían cumplirse.

Al año siguiente, en junio de 1743, en la frontera chaqueña, el sucesor de Echagüe, Francisco Antonio de Vera Mujica, funda la reducción de San Javier de mocovíes.

Las paces con los abipones se realizaron en Añadiré el 5 de junio de 1748, ayudado por el rector del Colegio de la compañía de Jesús, padre Diego Hordegozo, fundándose el 7 de octubre de igual año, en el paraje del arroyo del Rey la reducción de San Jerónimo el Rey, y otras como la de Nuestra Señora de la Concepción en Santiago del Estero, y la de San Fernando en Corrientes[24].

En la reducción de San Jerónimo se reunieron los principales caciques abipones para ver si beneficiaban a Santa Fe, Córdoba y Santiago del Estero, o si también a Corrientes y Asunción. Asistieron: Debayakaikín, el jefe de todos, Kaapetraíkín, Kebachín, Alaykín, Matakín, Ypirikín, Oaaíkín, Oaherkaikín, todos abipones nakaiketergehes; y Nahareé y Kachirikín, abipones yaaukanigás; a quienes se sumaron los caciques riikahes Ychamenraikín, Ychoalay, Lichinraín y Kabchichi, que ya vivían en la reducción. Se decidió tras la persuasión realizada por Ychoalay, que la paz debía extenderse a todas las provincias, y fue firmada la paz con todas las ciudades, tomando cada cacique territorio para vigilarlo, agregándose a los pactos la cláusula de que los respectivos cautivos tendrían libertad de volverse con sus familias. La paz igualmente poco duró ya que a los pocos meses las hostilidades se reanudaron.

En noviembre de 1749, Vera Mujica, inició una campaña con participación de los guaraníes logrando así la dominación de los charrúas entrerrianos con el sometimiento de los caciques Naigalau, Gleubible y Daimalnaye de Santa Fe. Al año siguiente aunque solo duró pocas décadas se levantó el pueblo de Nuestra Señora de la Concepción de Cayastá.

En 1746 para reunir a los pehuelches (frontera pampeano-patagónica), se fundó la misión de Nuestra Señora del Pilar en el Volcán, en el remate sudeste de la sierra de Tandil, junto a la laguna de los Padres, ésta sólo duró hasta 1751. Salcedo, una vez hechas las paces, por separado, entre los rivales entre sí, los pampas y los puelches, intentó reconciliarlos.

Señala Levaggi que no se sabe el lugar donde se celebró, en 1742, es el texto de tratado más antiguo que se conserva correspondiente a esta frontera, fueron las “Capitulaciones de las paces hechas entre los indios Pampas de la Reducción de Ntra. Sra. de la Concepción, y los Serranos, Aucas, y Pegüenches, que se han de publicar en presencia del cacique Brabo, y de otros caciques, y también en la dicha Reducción por orden del Sr. D. Miguel de Salcedo, gobernador, y capitán general de la provincia del Río de la Plata”, mediante este, se colocaron a los indígenas en una posición de vasallaje respecto de la Corona[25].

El cacique Calelian, y otros aucas y serranos, en 1744, habrían asaltado la Cañada de la Cruz  y el pago de Luján. El Cabildo de Buenos Aires actuó una información sumaria, el procurador general, Luis de Escobar se expresó en términos negativos sobre los pampas, en particular sobre los de la reducción jesuítica. Por auto del 10 de enero de 1745 Ortiz de Rozas decidió continuar la guerra defensiva y que una junta estableciera el modo más proporcionado de hacerla[26].  El gobernador tuvo que reconsiderar, admitió la paz a Calelian y condescendió a la instancia de otros varios caciques de las sierras e inmediaciones de Chile, de permitirles que se unan en un paraje llamado el Bolcán a 150 leguas bajo condiciones de presentarse en las guardias de las fronteras para que los acompañen algunos soldados, y de dar aviso de invasiones de indios enemigos.

En la frontera chaqueña en 1749, durante el gobierno del coronel Juan Victorino Martínez Tineo[27]. Francisco Barreda, lugarteniente en Santiago del Estero, acordó las paces con el cacique abipón Alaiquín, a cambio de canje de prisioneros formándose así el 3 de diciembre de ese mismo año el pueblo de Nuestra Señora de la Purísima Concepción.[28]

En abril del año siguiente, durante la segunda entrada al Chaco realizada por el mismo gobernador, Martínez Tineo la cual fue iniciada por San Miguel de Tucumán, el cacique toba Roque Níquiates se presentó acompañado por el maestre de campo Miguel Pacheco y le propuso las paces. Las cuales fueron aceptadas a pesar de no constar documento alguno.

En la frontera de Jujuy el 27 de octubre del año siguiente, celebró un parlamento con otros caciques tobas y el mismo Niquiates el cual fue nombrado por Martinez Tineo gobernador, en esta reunión fue donde confirmaron términos de las conversaciones anteriores, precisando además nuevas obligaciones como lo eran: no embriagarse, tener una sola mujer, guardar lealtad, y transitar hacia la frontera por el camino Ledesma. Se eligieron nuevamente los mismos campos de San Javier donde estaban asentados para levantar reducción.

A Martínez de Tineo lo sucede Juan Francisco de Pestaña y Chumacero[29] quien pasa los fuertes de Río Negro y Ledesma y revalida las paces hechas por su antecesor con los tobas fronterizos de Jujuy   Campaña pacificadora de Joaquín de Espinosa y Dávalos.

Los problemas con los aborígenes chaqueños se agravaron, desde el 27 de agosto de 1757 la gobernación del Tucumán fue ejercida, en forma interina, por el teniente coronel Joaquín de Espinosa y Dávalos quien realiza una campaña pacificadora, incluyó las paces prometidas por la numerosa nación de los mataguayes.

En 1766 en la frontera pampeano-patagónica el cacique Lepin acudió al Cabildo. Ratificó su pretensión de hacer la guerra a los tehuelches. Como los tehuelches invadían las estancias, a los españoles les convenía esa guerra.

Lepin preciso sus necesidades, las de dejar sus familias en la laguna Salada, ubicada en la otra banda del río Salado, y un poco de yerba, tabaco y aguardiente[30].

En 1768, el comandante de la frontera de Luján, José Vague, celebró un tratado con Lepin y el cacique Flamenco. Acordando el intercambio de cautivos para fines de febrero del año siguiente.

Pero Vague no obraba de buena fe, era partidario de fomentar la división entre los indios y temeroso de que los indios actuasen con la misma malicia que él y atacasen.

En cuanto a la paz que solicitaban los caciques, la respuesta de Francisco de Paula Bucareli fue afirmativa, recomendó que los obligase a su cumplimiento e hiciese entender que, ante cualquier trasgresión, serían castigados con rigor. Es probable que el acuerdo haya sido sólo verbal. Pasados varios meses, Flamenco, en la guardia del Zanjón,  perseguido por los aucas, pidió licencia para ubicar sus toldos en los montes situados a treinta o cuarenta leguas de ese lugar, bajo la promesa de constituirse en atalaya contra las irrupciones de los enemigos.

Lepin requirió al gobernador un paraje donde habitar con sus indios “en el concepto de paz”. Bucareli instruyó a Vague que, de acuerdo con el sargento mayor Manuel Pinazo, les señalase el paraje, a la mayor distancia posible de la frontera, sin permitirles por pretexto alguno llegar a ella, además de permanecer a la mira de sus operaciones. Justificó tantas precauciones por la “mala fe de sus ofertas”.

Continua Levaggi comentando que está comprobada la injusticia de atribuir exclusivamente a los indígenas mala fe en sus tratos, que fue un vicio compartido, fomentado por la desconfianza, que los llevó varias veces a adelantarse a la supuesta deslealtad de sus adversarios.[31]

El 8 de mayo de 1770 el gobernador dio a Pinazo las severas instrucciones que tendría que observar en el curso de las gestiones. Bucareli, arregló las paces con los aucas del cacique Lepin.

A los naturales no se los invitaba a discutir un tratado sino que se les imponía una capitulación, con algunas condiciones difíciles de cumplir. El día 20 se consumó en la laguna de los Huesos, a nueve leguas de la actual ciudad de 25 de Mayo, la reunión.

El 19 de junio, se presentaron en el fuerte del Zanjón once indios del cacique Guayquitipay, a pedir la paz, sugiriendo que también se indujese al cacique Currel y alegando que su cacique no había sido avisado de la reunión en la laguna de los Huesos.

La paz se perturbó al poco tiempo por culpa de algunos españoles, quienes mataron al cacique Cuñamili y varios más que potreaban desarmados, emisarios de Lepin acusaron al comandante del fuerte del Salto del Arrecife, José Linares. La queja se la formularon a Vague, quien la elevó al gobernador y exigieron la deposición de Linares.

Bucareli aceptó su demanda sin llevarla a la práctica, su sucesor, Juan José de Vértiz cuando tomó posesión del cargo, aquéllos renovaron su demanda, comisionó al teniente de caballería Bartolomé de Perea para que pasase a la inmediación del Salto y levantase una información del hecho con el celo y actividad que correspondía. No se aplicó ningún castigo. Tampoco lo habría recibido el sargento mayor Juan José Sardén o Sardefía por herir al cacique Alcaluán, otro de los firmantes del tratado. Hay indicios de que los aucas —quizá no todos— volvieron a los malones[32].

A fines de septiembre Lepin fue atacado por los tehuelches del cacique Flamenco precisamente por haber hecho las paces con aquéllos, luego vengada por Pinazo el 15 de noviembre, muriendo 104 tehuelches.[33]

En 1767, en continuación de las entradas en el Chaco Gualamba, al postularse para la gobernación del Tucumán, Gerónimo Matorras se había comprometido a la “conquista” de las tierras del Chaco y a la reducción de sus indios. La Corona admitió la propuesta, y le confirió el gobierno.

El Consejo de Indias, en su consulta del 30 de junio siguiente, observó el uso por el real decreto de la palabra “conquista”, recomendando sustituir la por las de “Reducción, y Población, según se han usado con católica, y piadosa política, en semejantes capitulaciones, y lo previene la ley 6 tít. 1° Libro 4° de la Recopilación de Indias”.[34]

En 1774, estando el gobernador en la ciudad de Salta, comunicó al rey, que había arribado con ofertas de paz el hijo primogénito del cacique mocoví Paikín. Reunió, Matorras, una junta; decidieron que el gobernador hiciese una entrada hasta el paraje donde se hallaba Paykín y obsequiarlos con vestuarios y otras baraterías.

Los preparativos iniciados por Matorras se conocen a través de su “Diario”. Una vez arribado a La Cangayé, el 16 de julio, envió dos tobas con regalos para que avisaran de su llegada a los caciques Paikín y Lachirikín. El primero que accedió a acercarse fue Lachirikín, a quien lo recibió con el Cabildo secular, oficiales y milicianos, y lo hospedó y asistió. A cambio de paces generales, propuso recibir el bautismo y ponerse a la nueva reducción nombra da Santa Rosa de Lima establecida en las fronteras de esa Provincia, plantada en noviembre de 1773 por Matorras, con el apoyo del canónigo Suárez de Cantillana.

Tres días después se logró el encuentro con el cacique mocoví, Paikín, también estaba presente el cacique Lachirikín, el gobernador le entregó un bastón de puño dorado, en nombre del monarca de las Españas, al cual debía ser fiel vasallo, al día siguiente empezó a instruirlos en la Fe Católica, al término de la conferencia, asintieron a cuanto les propuso[35].

El 29 se establecieron y firmaron las paces generales bajo de once artículos, es de destacar el reconocimiento de la condición noble de todos los indios; la explicación a ellos de los fueros y privilegios que les concedían las leyes, así como el compromiso expreso de respetarlos; la presencia del protector de naturales, que asumió su representación; y las repetidas muestras suyas de sometimiento al rey de España y a sus ministros. En el tronco de un árbol de vinal o visnal se grabó con escalpelo la siguiente leyenda: “Año de 1774 — Paces entre el Sr. D. Gerónimo Matorras, gobernador del Tucumán, y Paikín, etc.”[36]

Al año siguiente, Paikín fue muerto con motivo del ataque que dirigió contra la reducción de abipones de San Jerónimo, y el 16 de octubre falleció Matorras.

Como era costumbre, los mocovíes, quisieron ratificar el tratado de paz. Al frente de la gobernación había quedado en forma interina el coronel Francisco Gavino Arias. Fray Antonio Lapa, cura doctrinero de la reducción de Nuestra Señora del Pilar de Macadillo quien fue el intermediario y dejó escrito el relato.

Cuenta que pasó a la ciudad de Salta, un cacique de la nación toba nombrado Quetaire, quien representaba a los demás caciques del Chaco a quien acompañaban un indio de la nación mocoví nombrado Lachepi, dos hijos del cacique Quiquiri, y otros indios de guarnición. Se acercaron con el fin de hacer saber el fallecimiento de Paikín, pero que, no obstante, sus intenciones de verificar las paces tratadas y establecidas con Matorras. La viuda de Paikín mandaba el bastón con que Matorras había honrado a su marido, para que Arias lo colocase en el cacique de su gusto, querían saber si el nuevo gobernador estaba dispuesto a cumplir dichos tratados de paz y reducciones[37].

El 25 de mayo de 1776, Lapa se ofreció a acompañarlos en su regreso, el 12 de junio se encontró con el cacique Queyaveri, a quien le preguntó por el motivo de su venida, explicándole éste el motivo entregando el mismo bastón con que el año pasado se hizo distinguir al principal cacique de los demás, para que en nombre del rey de las Españas, reconocía por general de todos los demás caciques que habitan dichos países, recibió el bastón con muestras de alegría.

Queyaveri fue a Salta, a dar las gracias al gobernador y tratar el asunto de las reducciones. El nuevo gobernador Antonio de Arriaga (1776-1777), con quien tuvieron los parlamentos, se comprometió a consultar al rey sobre lo discutido, Lapa puso al soberano en conocimiento de lo sucedido, logrando el 30 de julio de 1778 la real orden, dirigida a nuevo gobernador Andrés Mestre, para que consiguiese la reducción y la ratificación de la paz que en 1774 se había realizado[38].

El 20 de mayo de 1779, en San Miguel de Tucumán, el virrey Cevallos creó la Junta Reduccional, presidida por el coronel Arias, donde se resolvió, por mayoría de votos, que siendo que en las paces pactadas con el finado Sr. Gobernador Dn. Gerónimo Matorras, no se ligaron a lugar determinado, se debía proceder a establecerles sus reducciones en sus propios territorios[39].

El 2 de marzo de 1780 El virrey Juan José de Vértiz y Salcedo aprobó dicho acuerdo, designando comandante de la expedición reduccional a Arias y superior general de las misiones de la provincia del Tucumán al arcediano de la Catedral de Córdoba, Lorenzo Suárez de Cantillana.[40]

Cuatro años antes, el 29 de marzo de 1776, se llevó a cabo un cabildo abierto donde se resolvió acordar con los caciques mocovíes, tobas, guaycurúes y lenguas las capitulaciones, y además suspender la entrada que el gobernador del Paraguay, Agustín Fernando de Pinedo, había decidido realizar en el Gran Chaco.

A raíz de la presencia en la Asunción de Etazorín y el cacique Peleysequi, el 1° de junio, en siete capítulos propuestos, manifestaron su conformidad aceptaron profesar la fe de Jesucristo y que procederían honradamente con cuantos cristianos transitasen por sus parajes, nombrado los Remolinos, sobre el río Paraguay, también, fueron instruidos de las obligaciones a que quedaban afectos en correspondencia de la amistad y paz que les prometía la provincia.

Marcharon los mocovíes al paraje elegido, Etazorín tuvo un incidente con el oficial miliciano destinado para la custodia de los indígenas, Bernardo Aris. Por tal causa, éste lo remitió preso al gobernador. Maltratado “con la mayor inhumanidad” por los soldados que lo conducían, el cacique murió. Pinedo no hizo averiguación alguna, unos meses después la mayoría lo abandonó para regresar a sus antiguas habitaciones.[41]

El nuevo gobernador, Pedro Melo de Portugal, para considerar la reducción en los Remolinos, se presentó el cacique principal Amelcoín, junto con el segundo, Nazuarín. Se resolvió, que bajo los tratados firmados con ellos, se les formase una población con los auxilios necesarios para su subsistencia.

El último de los acuerdos fue celebrado el 6 de marzo de 1778. El virrey Cevallos, decretó el 3 de junio de ese año, que se debía proceder al establecimiento de las reducciones, cumpliéndose a los caciques, gobernadores, o mandones de aquel distrito, los pactos y condiciones estipuladas, restituyéndose los rehenes, y prendas detenidas, además de ser introducidos en lo referente a la fe sin violencia.

Transcurriendo ese mismo período en el año 1777 se renovaron, no cesando los pedidos de paces en la frontera pampeano-patagónica. Participaron el lenguaraz Villaseñor, enviado por Pinazo a los toldos, las Naciones rivales se comprometieron en informar a los españoles sobre las intenciones y las actividades de las otras, a fin de ganarse su amistad.

Los tehuelches avisaron en febrero de 1779 que los aucas estaban para bajar a Buenos Aires, fingiendo pedir paces y llevando en señal de amistad tres cautivos cuando su verdadera intención era, proveerse de algunas cosas que necesitaban, invadiendo luego el Zanjón[42].

Los españoles trataron de resolver las disputas que dividían a los grupos indígenas, esto no fue siempre, otras veces dejaron que se consuman entre sí, instigándolos.

Declarada la guerra entre varias naciones, Pinazo con su tesis, que no se descubría otro medio que el de “las frecuentes expediciones, llevándoles la guerra a sus mismos países con vigor y a toda costa, hasta obligarles a que sinceramente deseen nuestra amistad, y se trate una paz estable y firme con los que la pidan, bajo las condiciones que han de tener por enemigos a los que lo fueren nuestros, y perseguirlos con nuestro auxilio, o nosotros con el de ellos a donde quiera que se retiren”[43]

Ante un nuevo pedido de paces, el virrey Vértiz reunió una junta de guerra, la decisión fue que se les debían negar, el motivo era la desconfianza, pensaban que el pedido de paces podía responder a la necesidad de restablecer sus debilitadas fuerzas o a un premeditado ataque contra los cristianos en combinación con los indios chilenos, de quienes se tenía noticia que se disponían a cruzar la Cordillera. No obstante estas circunstancias, infirió de la precitada ley de Indias, se juzgó que no debía repelerse un pedido de paz. Del 27 al 28 de agosto de 1780 los indígenas atacaron Luján. El cacique Lincón Pagni, que era parte en las conversaciones, fue enviado a las islas Malvinas y las negociaciones quedaron suspendidas[44].

Sobrevino la gran rebelión altoperuana, y la amenaza de una escuadra inglesa que se dirigía a Montevideo, impulsaron al consejo de guerra, a pronunciarse unánimemente a favor de la paz con los pampas pero con estrictas condiciones.

Durante los años 1780 y 1782 en la frontera chaqueña, se produjo la expedición reduccional de Francisco Gavino Arias (1780-1782), la suscripción de capítulos de concordia con los tobas y mocovíes y las paces con los chunupíes, malbalaes y signipes en la Buena Ventura el 14 de julio de 1780.

Según la “Memoria” de Vértiz la expedición comenzó en marzo de 1780 y culminó en junio de 1782, haciendo dos reducciones, fundadas sobre el río Bermejo fueron Nuestra Señora de los Dolores y Santiago, de indios mocovíes, en La Cangayé o Potreros de San Bernardo, el 12 de agosto de 1780; y, unos 116 kilómetros arriba de la confluencia con el Teuco, San Bernardo el Vértiz de tobas, entre fines de ese año y principios del siguiente.

El “Diario de la expedición” trata sobre los términos que Arias trató con los tobas y mocovíes las reducciones. Finalmente se logró la conversión al catolicismo y se pusieron en reducción,  se le pidió al padre Lapa los sacase a su tiempo, fueron sacados al año siguiente. Firmaron los capítulos de concordia Arias y demás oficiales. Juan Antonio Caro, capitán firmó por los indígenas y Silvestre Corro lo hizo como el intérprete. Se les obsequiaron a los ladinos sombreros, ponchos, gorros y cuchillos, y a las mujeres con agujas, guaicas y bizcochos.[45]

El 14 de julio de igual año, se celebraron las paces con los chunupíes, malbalaes y signipes las cuales quedaron documentadas en acta. Mas tarde los chunupíes pidieron que la reducción se les hiciese en las costas del río Bermejo[46], a continuación de los tobas y mocovíes, ya que ahí poseían sus crías y ganados. Tiempo después estas reducciones fundadas quedaron desamparadas.

El 10 de octubre de 1781, el piloto Pablo Zizur hizo un viaje a los establecimientos de la Costa Patagónica, llegó hasta los toldos del cacique auca o pampa Callfilqui o Carfurquir o Calpisquis, llamado por los españoles Lorenzo, con la intención de conferenciar.

Se dilataron las gestiones, el cacique Lorenzo, que tenía sus tolderías en la sierra de la Ventana, gestionaba la confirmación de las paces, no bajo ni el ni sus aliados a tratar las paces. Lorenzo, menos respetado ya que su hermano Cayupilqui el Tuerto, cedía ante las insinuaciones de desconfianza de éste y del Chanchuelo, alborotaba a los demás caciques.

En junio de 1782 llegó a Buenos Aires el hermano de Lorenzo, Pascual Cayupulquis o Cayupilqui, para proponer pautas, el 27 de julio se reunió por disposición del virrey una junta de guerra para considerar los “Puntos”. Participó el propio Cayupulquis. Se le concedió al referido cacique, y a su hermano Lorenzo, la libertad de pasear la ciudad; continuados regalos; auxilio de caballos para su regreso, y condescendencia a su solicitud. El viaje de Lorenzo no se concretó. Tiempo después, envió a su mujer, María Francisca y un cautivo de nombre Bernardo López. El comandante del fuerte de Luján, Balcarce, dispuso que pasasen a la capital para conferenciar con el virrey, a la vez que le dió su parecer contrario a las paces[47].

Luego de unas semanas llegó otra comitiva al fuerte de los Ranchos, formada por uno que se decía cacique, dos cautivas y dos chinas, éstas para ser canjeadas por la mujer y el hijo de Lorenzo, y la mujer de otro.

En noviembre de ese año de 1784 Negro viajó a Buenos Aires realizando muy buenas relaciones con el Marqués de Loreto. Sin embargo, Juan de la Piedra, el comisario superintendente de la Costa Patagónica, con asiento en el fuerte del Río Negro, hizo una salida no autorizada contra los indios. La misma le costó la vida y desbarató los planes del virrey.

El cumplimiento del requisito de la concurrencia de todos los caciques era cada vez más dificil. En 1785 Negro arribó a Buenos Aires con nueve indios y un sobrino de Lorenzo. El Marqués de Loreto informó esperanzado al Marqués de Sonora de tal presencia opinando que era una nueva prueba buscar la paz estable, más allá de los daños, que le hizo Don Juan de la Piedra[48].

En 1786 encabezaron el cacique Toro y el hermano y sucesor de Negro Muerto también el hermano de éste, un sobrino suyo, llamado Chacumallán, se presentó en Buenos Aires en 1787, ofreciendo mantener la paz y solicitando el bastón de jefe, que le fue entregado junto con regalos, el convenio de paz no se concretó.

A principios de 1790, acordando con los demás caciques la conservación de la paz, llegó el cacique Quencepi, sucesor de Catruc y jefe de una de las parcialidades más numerosas, distinguido por su fidelidad a los españoles. Fueron agasajados por el virrey quien aseguró los deseos de la paz, pero el compromiso no pasó más que deseos.[49]

En la frontera chaqueña, tres años antes, en diciembre de 1787 se acordaron las paces con los chiriguanos, quienes por varios años, hicieron la guerra a los tarijeños, se concertó con la intervención del arzobispo de La Plata, fray José Antonio de San Alberto, y la diligencia del Cabildo de la Villa de Tarija, para convencer a los chiriguanos escribió el arzobispo una carta en Tarija, el 23 de octubre de ese año. De parte de este último fueron el cura de Tacobamba, José de Osa y Palacios, y fray Juan Cobos. Por el Cabildo, el alférez real Inocencio Rodríguez de Valdivieso y el regidor Melchor García de Villegas.

Las paces fueron establecidas y se rescataron seis cautivos. Se perseveraron en la paz por el tiempo de dos años y medio, no todos los chiriguanos.[50]

Durante esa década, en la frontera pampeano-patagónica, en represalia por el avance de los españoles, asolaron las tierras marginales de la frontera austral de cuyo la nación pehuelche, sumada a los pehuenches ya desde el siglo XVII, ubicados mas al sur, y los huilliches y aucas procedentes de chile. La defensa fue mejorada a raíz de la fundación de los fuertes de San Carlos en 1770, el de San Juan de Nepomuceno al año siguiente y en 1805 el de San Rafael del Diamante.

La política indigenista era similar a la de Araucanía, buscando poner fin a la guerra, en ese entocnes la pertenencia hasta 1776 de Cuyo estaba en manos de la capitanía general de Chile.

En 1778 el virrey Ceballos nombra maestre de campo y milicias de la jurisdicción de Mendoza y San Juan agregado el cargo luego por el sucesor Vertíz quien además le otorgó el título de comandante en armas y frontera a José Francisco de Amigorea[51].

La primer campaña fue en 1779, a raíz que los pehuenches habían solicitado la paz y este obtenido la autorización y los gastos que implicaban las tratativas.

El 14 de diciembre de 1780 se firmó un tratado de paz con Mendoza y los caciques Ignacia Guanteano, quien fue en representación de su esposo el cacique principal Roco, María Yanquipi, Raigán, Raiganpán, Antepán y Peñalife. Luego a exigencia de Vertíz, se intentó ratificar el tratado, el cacique Roco llegó a Mendoza, pero nada de esto sucedió sino por el contrario, el 8 de mayo de 1782 huyeron de la ciudad los caciques Roco y Antepán. Dos meses después la mujer de Roco, se acercó al fuerte de San Carlos a fin de pedir perdón a lo que Amigorea contestó en amenaza provocando la rebeldía del cacique[52].

En 1784 reclamaron a  Amigorea el cumplimiento de los tratados, con la intención de recuperar a sus familias (retenidas en Mendoza), los caciques Roco, Piempán y Puñalef y Francisco Esquibel y Aldao a ruego de los demás caciques. A fin de lograr el tratado de paz a pedido del Virrey fue trasladado Jacinto Camargo, quien indicó que debían asentarse en los Chacaisitos, estos prometieron ser fieles vasallos del rey de España y al servicio de la frontera de Mendoza, la otra parte comprometida a la entrega de ovejas, vacas, etc. y devolución de las chinas.

Estos caciques siendo de poca palabra al mismo tiempo que gestionaban con  las autoridades rioplatenses lo hacían con las chilenas.

Amigorea, se reunió con el gobernador de la nación pehenche, el cacique Pichintur, con Cañihuán y otros, estos dos anteriormente nombrados eran hermanos de Ancanamún el cual había sido derrotado por el mismo Amigorea en una expedición.

Durante esa reunión las gestiones fueron la promesa de reconocimiento de soberanía y amistad de la monarquía, como fieles servidores a cambio de ser premiados y gratificados mientras mantuviesen esa alianza[53]. Como nuevo gobernador fue elegido Pichintur.

El tratado a pesar de crear la alianza, caciques como el huilliche Llanquitur, y el ranquel Creyo o Creyú, siguieron realizando atropellos, a lo que Amigorea, los declaró fuera de ley poniendo precio a sus cabezas, a lo que Llanquitur pidió la paz la cual fue otorgada por un acuerdo extraordinario, pero esto tampoco duró mucho, ya que luego se volvio a poner precio a su cabeza por haber vuelto al ataque, muerto en 1788 por los pehuenches de Currilipy unidos con una partida chilena, los cuales luego fueron vengados por los huilliches[54].

Al este de la actual provincia de La Pampa, desde 1778 se efectuaban periódicamente expediciones a las Salinas Grandes para proveer de sal a la ciudad. Al frente estaba el capitán del cuerpo veterano de caballería de Blandengues, Juan Antonio Hernández Gándara, quien fue el artífice del tratado. El 3 de mayo, en el campo de Guaminí, se formalizaron las paces con el cacique Callfilqui o Lorenzo y sus parciales, quienes acudieron acompañados por más de quinientos indios a punto de guerra.

A consecuencia del tratado preliminar de paz de la laguna de la Cabeza del Buey del 3 de mayo de 1790, viajó Lorenzo a Buenos Aires acompañado por el lenguaraz Blas Pedrosa y el 5 de setiembre se suscribió el tratado definitivo.

Como bien señala Abelardo Levaggi, es de notar la calificación del tratado como confederal, siendo exacto desde el punto de vista jurídico, fortaleciendo la tesis de la relación que existió entre estos pactos y anteceden­tes tales como los foedera romanos.[55]

Sobre el punto de la redención general de los cautivos, contemplada en la cláusula 6ta, pero mandada suspender por el virrey por falta de caudales, Hernández, dió su parecer, basado en el conocimiento que tenía de las calidades y circunstancias de los naturales.

Callfilqui había avisado que ya era tiempo de verificar el rescate. Las paces establecidas en Buenos Aires prometían ser duraderas, mas el incumplimiento de una condición tan expresa como era la redención de los cautivos disgustaría, seguramente, a los aliados y haría perder el gran bien que se derivaba de su amistad.

Los ministros generales de la Real Hacienda, Pedro Medrano y Anto­nio de Pinedo, consideraron que los fondos debían sacarse del ramo de guerra, en el cual se refundía el de rescate.

La firma del tratado de 1790 originó un período de Paz en la frontera, fueron frecuentes las visitas de los aborígenes, algunas para ratificar las paces tras alguna sucesión en el cacicazgo o en el gobierno virreinal, para ellos los compromisos eran mas de carácter personal que institucional y otras veces las visitas eran motivo de cortesía o como para vender sus productos.

En la frontera de Luján con la intención de pasar a la Capital para vender sus mercancías, llegó en 1794 el cacique Canupayun con nueve indios y siete chinas, conocido por su buena fe por sus actuares al igual que lo hicieron muchos acompañando a los expedicionarios a las Salinas Grandes, y de ayudara contener a los indios de tierra adentro que intentaban asaltar.

Poco tiempo después cruza la misma frontera Nagüelpan, con trece chinas y diecisiete indios, a fin de presentarse al virrey y com­prenderse en la paz. [56]

Escribió Nicolás de Arredondo que eran en el día indios amigos, por lo que hacía a la Pampa y sierra de la Ventana, los caciques Lorenzo, Toro, Gayquilefy Quintuin, y sus respectivas parcialida­des, que, siendo muy numerosas, acostumbraban ir frecuentemente a la Capital. Alojándose, vendiendo las cosas que traían y llevándose en cambio otras cosas.[57]

Continuando la práctica de ir a Buenos Aires, en 1804 lo hizo el caci­que Turiñaun, para vender sus efectos y presentarse al nuevo virrey, Melo de Portugal.

El 17 de agosto de 1806 el indio Felipe, en nombre de los caciques pampas y tehuelches ofreció gente, caballos para oponerlos a los "colorados", además de gente para con­ducir a los ingleses tierra adentro si era necesario. Las Invasiones Inglesas fueron un impulso más para que se renovaran las demostraciones de amistad interétnicas.[58]

La oferta de ayuda fueron reiteradas tiempo después nuevamente por el cacique Felipe y el cacique Catetilla, quienes con el único objeto de proteger a los cristianos de los "colorados", habían hecho las paces con los ranqueles, enemigos que se encontraban en dura guerra, obligándose también a proteger los terrenos desde las Salinas hasta Mendoza.

El 22 de diciembre fueron diez los caciques que acudieron al Cabildo, entre ellos Chulí Laguini, Paylaguán, Cateremeilla, Negro y Lorenzo, Epugner, Errepuento y Turuñamquu, se repitieron embajadas hasta 1810. En 1807 para confirmar la paz hecha en tiempos de Balcarce fueron el capitán de Lincón, Peneau, y el capitán de Carillanc, Calbuqueu. En 1808 Guachapan, en 1809 el cacique mayor de Lincón, Hullanca con un hijo y varios más.

Una de las cargas era que a raíz del trato pacífico con los naturales, cada vez que iban a la ciudad o se reunían, se otorgaban agasajos que la costumbre había establecido. Esto llevó a que Amigorena considerara con los ministros de Real Hacienda un método que sirviese de regla, la consecuencia se vió Rubricada el 28 de agosto de 1789, titulado "Reglamento de gastos en las fronteras de Córdoba del Tucumán para agasajar los indios pegüenches cuando vienen a dar noticias al fin de economizar los gastos", todo esto para la mantención de los pehuenches amigos cuando iban a Mendoza para sus parlamentos[59].

Convinieron que al ir los caciques y capitanejos, se les daría ración doble de carne y pan, y a los demás indios un real diario a cada uno, uno de carne y medio de pan, además de una carga de leña por rancho (art. 1). Recibiría cada uno un real de vino, y los caciques, si lo pedían, un poco de aguardiente, en cantidad que dependería de la estación del tiempo (art. 2). Serían agasaja­dos con sombreros, chupas, calzones, espuelas, estribos, yeguas, vino, etc., los caciques, capitanejos y los correos que enviasen con novedades acerca de los movimientos de los enemigos huilliches (art. 3).

Además, asumía el gasto del alquiler de un alfalfar para el seguro de los caballos (art. 5). Por nota adicional, previó un medio de pan y otro de carne diarios para los cuatro soldados y el cabo que les harían guardia para evitarles robos o daños y para contener sus discordias.[60]

De antigua data era la enemistad entre los pehuenches, por un lado, y los huilliches y ranqueles por el otro. En marzo de 1794 huilliches se presentaron en los toldos del cacique Roca con tres chinas de su parcialidad, que retenían cautivas. En nombre de los caciques principales Canapayún y Carripilún solicitaron una tregua hasta arreglar un convenio de paz, que consolidase entre ellos constante y perpetua amistad.[61]

Informado Amigorena puso a Sobre Monte al tanto de lo ocurrido y se reunió con los pehuenches. Los caciques huilliches y ranqueles se habían juntado en las Salinas de Buenos Aires y decidido el envío del correo con la oferta de paz.

Francisco Barros, comandante interino del fuerte de San Carlos, temeroso de que la alianza se dirigiese contra los españoles, alertó a los pehuenches contra las posibles intenciones siniestras. Les recordó que en una ocasión anterior, también bajo pretextos de paz, había muerto Carrilepi, hermano de Pichintur. Sobre Monte aprobó la participación de Amigorena en el negocio para evitar "funestos sucesos".

El 19 de mayo se reunieron en San Carlos Pichintur, Carilef, Caniguán, Roca, Antepán, Guayquinao, Antipán, Carunau y varios capitanejos, aquellos que no pudieron asistir, se hicieron presentes por medio de poderes, luego se pasó a "celebrar las vistas" y se repartió comida y licor. A pedido de los indígenas la celebración continuó el día siguiente, el 21, quedó aceptada la amistad, suspendidas las hostilidades y arrima­das las armas hasta septiembre, en que se reunirían los caciques de las tres naciones para "asentar y ajustar los tratados" con la solemnidad y forma ejecutadas en 1780 con los aliados pehuenches.

En mayo de 1796 el comandante se reunió con los pehuenches en la villa de San Carlos. Se eligió como Capitán a Francisco Barros.

Ese mismo año se desata una guerra entre parcialidades pehuenches de ambos lados de la Cordillera, los del este, encabezados por Rayguán, se trabaron en lucha con los del oeste, cuyo jefe era Pichintur. Ambos caciques perdieron la vida en la querella.[62]

Tanto Amigorena como el gobierno de Chile tomaron cartas en el asunto ante el temor de que la guerra se extendiese a los huilliches y llanistas, y corriese peligro la frontera.

Meses después Amigorena convocó al cacique elegido una vez muerto Pichintur, para el 12 de agosto, este era Millanguir, el lugar donde fue convocado era en San Carlos. Acudieron, todos acompañados por varios capitanejos, los caciques Antepán, Pichicolemilla, Raquillant, Guayquinao, Leviant, Guanimain, Carilef, Pañichiñé, Millatur y otros. También lo hizo el puelche Bartolo Güelecal.

Reñidos por el comandante, por haber violando los tratados, faltando a la promesa de no atacar a Rayguán, respondieron que fue por instancias de los mocetones y las familias, que los acusaban de cobardes, sólo habían maloqueado a Mallaimán, que fue quien hizo cabeza cuando mataron a Pichintur.

Reafirmaron su condición de vasallos fieles del rey, temiendo perder su protección, prometiendo hacer amistad con los de Balbarco, ofrecieron a guardar los boquetes comprendidos en sus territorios para que las naciones enemigas no causasen daños en los potreros de Chile pero con la condición de que se devolvieran mutuamente los cautivos.

Pedro Nolasco del Río, comandante del cuerpo de Dragones de Chile, hizo gestiones paralelas a las de Amigorena. El presidente, Marqués de Avilés, proyectó una reunión general en la plaza de los Angeles o en la ciudad de Chillán. Instó a Amigorena a persuadir a los de Malargüe para que acudiesen, custodiados por los oficiales españoles de sus reducciones.

El 3 de marzo de 1798 se realizó la junta general se realizó en Chillán, acompañados de Francis­co Barros asistieron varios caciques y capitanejos de Malargüe, no así Millanguir. Se restablecieron las paces.

La ausencia de Millanguir disgustó a Avilés, quien impulsó a Amigorena a castigarlo.

El comandante juntó a los indios de Malargüe en un parlamento, lleva­do a cabo "bajo el cañón" del fuerte de San Carlos el 31 de mayo y 10 de junio de 1798. Asistió Millanguir con más de cuatrocientos indios, quien escuchó la sentencia de destitución. Nombró a Pichicolemilla nuevo gobernador de todos los indios amigos de Malargüe y sus dependencias. La elección de teniente recayó en Paiñichiñé. El comandante puso a ambos en posesión y fue celebrado con una descarga de tres caño­nazos.

Se ratificaron los tratados hechos en Chillán con los de Balbarco y Villucura, como firme y valedero aquel tratado de paz, unión, y amistad.[63]

 Desde mediados del siglo XVIII, la frontera sur de Córdoba del Tucumán sufrió las invasiones de los pampas y ranqueles, lo que llevó sobre todo en el gobierno-intendencia del Marqués de Sobre Monte (1784-1797) a la construcción de varios fortines, levan­tar nuevos baluartes y de mejorar las guardias existentes, se mandó fundar las poblaciones de La Carlota y la Concepción de Nuestra Señora del Río Cuarto.[64]

Los ranqueles llamados del Monte, que habitaban en las inmediaciones de Guaguaca o laguna de Arrascaeta, frente al fuerte, y estaban en guerra con los huilliches y pehuenches, en setiembre de 1796, en las proximidades del fuerte de las Tunas, fueron a tratar las paces.

Llegado a las Tunas, Simón de Gorordo, el comandante se enteró de que el cacique Cheglén había mandado a su hijo y dos indios más para que se quedasen en calidad de rehenes hasta la celebración del tratado. El otro cacique interesado era Carripilún, retuvo al hijo y despachó a los otros para que les anunciasen que los esperaba.

Una vez en el fuerte, empezaron las conversaciones por medio de dos intérpretes, se condescendió a todo. Carripilún, a quien consultaba Cheglén, estuvo tam­bién de acuerdo. Como prenda de amistad, Gorordo le pidió que dejase a su hijo, a quien miraba ya como propio.

El  16 de no­viembre Sobre Monte se reunió en junta de Real Hacienda, el tratado fue ratificado ante el gobernador-intendente, la junta resolvió que se erogara lo preciso de los ramos de frontera y, en su defecto, de Real Hacienda para satisfacer los gastos de conducción de los indios al fuerte de La Carlota, vestuario del cacique, sus hermanos y sobrino, agasajo de todos y urgencias de los rehe­nes.[65]

Al día siguiente Sobre Monte y Cheglén firmaron en la ciudad de Córdoba el tratado definitivo.

El 18 Sobre Monte envió a Amigorena una copia del tratado, donde decía además haber tenido presentes las consideraciones de esa frontera, y amistad de los pehuenches, quedando bien adverti­dos de que los que sean amigos por Mendoza y Buenos Aires, lo han de ser igualmente suyos y al contrario.[66]

Amigorena, a pedido del nuevo virrey, el Marqués de Avilés, cuan­do pasó por Mendoza en viaje desde Chile a Buenos Aires, intentó reunir en un parlamento a los pehuenches de Pichicolemilla con los ranqueles de Carripilún, continuando hasta sus últimos días la tarea de pacificación de la fron­tera.

A través de su pariente radicado entre los pehuenches, el cacique Marcos Goyco, invitó a Carripilún, a presentarse para celebrar los tratados de paz y amistad. El ranquel convocó a la villa y fuerte de San Carlos al capitán de amigos Francisco Barros y a Pichicolemilla.

El 30 de junio entró Carripilún en la plaza, donde ya estaba el resto de los participantes. Prometió mantenerse fiel amigo de los españoles de Mendoza, como ya era de los de Córdoba, y también de sus amigos, así como enemigo declarado de sus enemigos.

El 6 se dio lectura al tratado, el que fue ratificado por todos. Amigorena, en nombre del rey, puso en manos de Carripilún un bastón, en señal de amistad, repartió regalos.

El 2 de octubre siguiente moría Amigorena.[67]

A los pocos años siguientes, el 22 de septiembre de 1802 en la frontera chaqueña, se ajustaron las paces entre el gobernador-intendente Rafael de la Luz (1798-1807) con el cacique principal Napognarí, reconocido como tal por diversas naciones del Chaco, aunque el documento no se conoce, al año siguiente el 11 de octubre, fueron a la ciudad de Salta los caciques de los tobas y guacales Chiquitorit y Huyuchilit para consolidarlas[68].

En el oficio del 3 de diciembre de 1802, con el cual De la Luz elevó las actuaciones al virrey Joaquín del Pino, consignó que, si los caciques repetían el pedido de reducción, formaría sobre ello un expediente. Entre tanto, estaría a la mira de sus operaciones, porque la conmoción del Chaco daba motivo para desconfiar de los que se mostraban más amigos.

Durante ese periodo, en la frontera pampeano-patagónica, luego de la muerte de Amigorena, lo sucede el sargento mayor Francisco Javier de Rosas quien propuso a Avilés la realización de un parlamento, para explicar a los indios que seguirían experimentando el buen trato y acogida que les había dispensado su antecesor, el virrey no lo considero ni conveniente y hasta si lo llego a pensar como peligroso, esto fué un error ya que la mentalidad de la cultura indígena durante años mostró que las relaciones eran personales y no institucionales, esto explica el porque de que a los cambios de autoridades siguiera la confirmación de los tratados.

El comandante del fuerte de San Carlos, el capitán de amigos Barros, le es dada por Rosas la misión de reunirse en parlamento con el último gran cacique rebelde, Colimilla, para ratificar las paces. Llevado a cabo el en­cuentro, el cacique prometió respetar la paz.

Durante el virreinato del Marqués de Sobre Monte, se concretó la fundación del fuerte de San Rafael del Diamante, al sur del de San Carlos. Fue obra de una expedición encabezada por el co­mandante de milicias urbanas de Mendoza, Miguel Telis Meneses, a quien acompañaba el franciscano Francisco Inalican, encargado evangelizar a los pehuenches de la región.

El 2 de abril de 1805 hubo un parlamento, del que participaron veinti­trés caciques y once capitanejos. Se aseguró por mucho tiempo la tranquilidad de la frontera austral mendocina luego de realizado el acuerdo, erección del fuerte y villa.[69]

Por esos años comienza a marcarse la necesidad de abrir un camino directo entre Buenos Aires y el sur de Chile, comenzaron exploraciones con ese fin por José Santiago de Cerro y Zamudio, José Barros, Justo Molina.

En abril de 1806 partió del fuerte de Vallenar, en Chile el alcalde provincial del Cabildo de Concepción, Luis de la Cruz, quien recogió información sobre los naturales (numero, caciques, lugar de residencia, costumbres, carácter) y ver la ma­nera de obtener su amistad, cruzó la Cordillera y, ya en la jurisdicción de Buenos Aires, el 6 de junio tomó contacto con Carripilún, quien ya hacía 10 años tená pases con el gobierno de Córdoba y siete con el de Mendoza, a quien intentó persuadir del beneficio del camino planeado. Carripilún desconfiado ya que muchas veces habían sido engañados.

En junta de caciques, De la Cruz repitió su discurso y el ranquel su aceptación.

Unidas las manos de Carripilún a las de Naupayán y Quechureu, se entregaban en prueba de amistad y fidelidad, De la Cruz le entregó un bastón como símbolo de la jurisdicción que ejercía sobre sus vasallos.

El cacique acompañó al alcalde hasta Buenos Aires, fracasando la entrevista con el virrey. La ciudad había sido invadida por los ingleses y Sobre Monte se había trasladado a Córdoba. No sin antes ratificar su pro­mesa, Carripilún regresó a sus tierras.[70]

Luego de la revolución de mayo, uno de los objetivos de las autoridades patrias fue asegurarse la continuación de las expediciones a las Salinas Grandes, el aumento de la población provocó la extensión de las estancias bonaerenses hacia el sur, comenzó a no respetarse el limite convenido que era el río Salado,  provocando el disgusto de los naturales.

En 1810 bajo las órdenes del coronel Pedro Andrés García se organizó una de esas expediciones, uno de los objetivo de largo plazo, fue el adelanto progresivo de la frontera hacia el sur y la radicación de pobladores blancos en las nuevas tierras, asunto que trató García con los caciques principales Epumur o Epugner, Quinteleu o Quintelén y Victoriano.

En 1811 introducidos por García, los caciques Quinteleu y su sobrino Evinguanau, siguieron la costumbre que se tenía desde el período hispánico, fueron a Buenos Aires el 5 de octubre para ratificar la paz y felicitar al nuevo gobierno, el Triunvirato, recibidos por el presidente en ese momento Feliciano Antonio Chiclana, quien mantuvo la política indigenista.

Al igual que los anteriores caciques, muchos otros como: Epumer, Seiman, Laguenaguén, Quidulef, realizaron la misma actitud. El 29 de mayo de 1812 se volvió a presentar Quinteleu quien en dialogos con el gobierno, mantuvo su conformidad con el establecimiento de nuevas poblaciones, aconsejando la realización de un parlamento general, en Salinas, y que el representante del gobierno fuese García.

Al igual que los araucanos realizaban en Chile, en 1815 doce caciques acordaron con el comi­sionado gubernamental, en realizar un parlamento, para tratar temas sobre el adelanto de la frontera, construcción de guardias y otros asuntos de interés común, se nombró a García pero luego fue reemplazzado por otro comisionado, generando desconfianza de los indígenas.

Las relaciones interétnicas en la frontera bonaerense se volvieron cada vez más complicadas, aumentando por la guerra civil que se desató en las Provincias Unidas, provocando desertores a las tolderías, algunos crímenes cometidos por blancos, y el debilitamiento de las autoridades de Buenos Aires por mantener la paz.[71]

La frontera estaba siendo descuidada ya antes de la Revolución de Mayo, a causa de la guerra de la independencia, lo que llevó al descuido de los tratados, volviendo las traiciones de los mismos, las provincias más perjudicadas de la frontera chaqueña fueron Santa Fe y Córdoba, que a diferencia de la frontera austral, las actividades diplomáticas fueron muy escasa, con intentos fallidos, como la realizada en 1815 por el gobernador santafesino Francisco Antonio Candioti.

En Salta en julio de 1810, luego de la Revolución, se realizaron acuerdos entre los chaneses y el gobernador político y militar e intendente interino de Salta, Nicolás Severo de Isasmendi.

El 24 de julio se presentaron los indios principales de la frontera de Tarija, Antonio Acape y Yuquira de Chinda, en representación de los capitanes Canape y Maraque, para solicitar las paces de los cristianos, las cuales fueron concedidas, agasajados con regalos y alimentos.

Como bien comenta Levaggi, se ignora si hay o no formalidad en esos acuerdos, recién en Corrientes es la primera provincia de la que hay pruebas positivas que ajustó paces.

Tras la destrucción, por los tobas y montaraces, de su reducción de San Jerónimo el Rey, en Santa Fe se había refugiado en Corrientes una parte de los abipones, que respondía a los caciques Lorenzo y José Ignacio Benavides, y Francisco Cira. El gobernador-intendente Juan José Fernández Blanco (cono­cido por Blanco) comisionó al fraile franciscano Francisco Arellano para que negociase.

El 4 de junio se hicieron las paces "entre el Padre Fray Francisco Arellano y caciques Patricio Ríos, Raimundo y José Benavides, asistido por la parte de Corrientes Don Vicente Ojeda y Don Domingo Gómez, y por la parte del Chaco toda la indiada, y las sobredichas paces firmamos -reza la breve acta que se labró- los que supimos y los que no supieron hicieron una cruz",[72]ratificadas al día siguiente.

El tratado se sujetó a asegurar la tranquilidad de la provincia, Arellano no pudo incluir cláusula alguna sobre el bautismo, como lo autorizaban las instrucciones.

El Cabildo correntino confirió a José Domingo Ignacio Cabral para que pasase a Itatí, reuniese las familias y las condujese a la Capital, para que el 21 estuviesen en el destino pactado.

El gobernador de Santa Fe, Estanislao López, también fue partícipe junto con Blanco de los tratos de este con los abipones, aunque López se mantenía esceptico al cumplimiento de los tratados por parte de los abipones, la posición diferente de ambos se sumaba a la que mantenían sobre el territorio de Misiones, que cada uno intentaba atraer.

Blanco intentó aplacar el enojo de su par, quien se mostraba con su negativa inicial, Blanco igualmente aseguró que Corrientes no dejaría de participar en la entrada con fuerzas o con racionamiento, los abipones le pidieron a este que interpusiera  para que el cacique mocoví Miguel Catory celebrara las paces con el go­bierno de Santa Fe. La paz no duró mucho tiempo.[73]

En lo referente a la frontera de Mendoza, por mucho tiempo se mantuvieron las paces logradas por José Francisco de Amigorena.

Para intentar engañar a los chilenos acerca de sus planes de cruzar los Andes para liberar a Chile, el general José de San Martín como gobernador­intendente de Cuyo, se propuso renovar las relaciones que cultivó desde 1814 con los pehuenches que ocupaban las laderas orientales de la Cordillera.[74]

En septiembre de 1816 se llevo a cabo un parlamento general, los indígenas fueron invitados, se realizó en el fuerte de San Carlos, en la plaza de armas.

Se conocen los detalles gracias a unos apuntes que el propio San Martín redactó hacia 1827.

San Martín señaló el objetivo de la reunión, primero, que si se confirmaba la expedición a Chile le permitieran el paso por sus tierras, y además se auxiliasen al ejército con ganados, caballadas y demás a sus alcances. El tratado de alianzo fue sellado por el cacique Necuñán (o Neycuñán), que era el más anciano, se distribuyeron regalos.

Anotó San Martín que su objeto no fue otro que el de hacer creer al general enemigo cuál era el punto que se amenazaba, a fin de que cargase sobre él la masa de sus fuerzas y desguarneciese el del verdadero ataque. De una u otra manera los españoles se enterarían del acuerdo con los caciques y esperarían el ataque por ese lado, en tanto que él podría caer por sorpresa sobre ellos.[75]

La postura optada por los pehuenches fue la neutralidad en lo referente a la Revolución.        

Las buenas relaciones fueron continuadas por los sucesores de San Martín, se mantuvieron costumbres como la que se realizó a raíz de la muerte del cacique Pañichiñé en 1820, fray Inalican hizo saber al gober­nador Tomás Godoy Cruz la conveniencia de enviar reflexiones consolatorias.

En 1819, a raíz de la guerra civil y la situación internacional, el gobierno nacional reanudó las tratativas con los indios bonaerenses.

El cacique Nicolás Quintana convocó un parlamento de todas las tribus ranqueles, el director supremo se presentó Juan Francisco Ulloa y José Rondeau se hizo representar por el coronel Chiclana, cuya misión era la de obtener el consentimiento de los indígenas para extender la línea de frontera más al sur, mostrando las ventajas de la protección de las guardias.

El 23 de octubre Chiclana en compañía de su adjunto, Santiago Lacasa, de Silverio Barros, los lenguaraces Manuel Pilquelén y Florencio Gutiérrez, un cabo y seis soldados y Ulloa quien se les unió en el camino con una escolta de catorce hombres armados, se pusieron en marcha.

El 27 de noviembre se consumó la asamblea en la toldería de Lienan, en Mamul Mapú, distante de 180 a 200 leguas de Buenos Aires, rumbo al oeste-sudoeste. Asistieron también Carripilún, Payllarín, Quinchún, Millaan, Flumiguan, Neguelche, Neyguan, Paillañan, Paupai, Quintén, Hluilipan, Hilario, Pedro, Lorenzo Recuento y Nicolás Quintana.[76]

Los indígenas se manifestaron conformes con proposiciones, salvo por una  la tercera, la cual se refería a robos, a lo cual Carripilún se expresó con que los caciques jamás consentían, y que los ladrones eran indios sueltos y la cuarta proposición la cual se llegó al acuerdo que en el adelanto de las guardias de Luján, Salto y Rojas al oeste del Salado, se pusiese la fortaleza y algunas pulperías para comerciar con ellos y sean auxiliados con cabalga­duras y carne.

A diferencia de la mayoría de los tratados del Período Hispánico, estos no contemplaban las cláusulas de evangelización. Así se formó el acuerdo entre Feliciano Chiclana y los ranqueles en Mamul Mapú

Ese 27 de noviembre.

Recién restablecida Buenos Aires, el gobierno sostuvo negociaciones con los pampas, Francisco Ramos Mejía, llamado “padre” por los naturales, quien había ganado la confianza, siendo uno de los primeros en establecerse más allá el río Salado, en Marilhuincul. Fue en su estancia “Miraflores” el 7 de marzo de 1820, donde en representación del gobierno bonaerense fue el gene­ral Martín Rodríguez, y los caciques Ancafilú, Tacuman y Trirnin, por ellos y otros, confirmaron solemnemente la paz y armonía preexistentes, la cual duró poco, imputable a la guerra civil, a la cual fueron arrastrados los aborígenes por ambos bandos. Juan Manuel del Río, comandante del fuerte de Navarro, gestionó ante Quinteleu el rescate de las cautivas quien ofreció al general Miguel Estanislao Soler el 9 de abril de 1820 su devolución al a cambio de 800 pesos en plata sellada y prendas del mismo metal, aguar­diente y ponchos. Simultáneamente, el gobierno confirió al "protector especial de indios" Juan Francisco de Ulloa para hablar con ellos.

Ocho meses después Rojas y Salto son saqueados por los ranqueles, lo que ocacionó el pedido de represalias por los pobladores. El gobernador Martín Rodríguez, se puso al frente de la expedición punitiva, la cual fracasó, su regreso fue en 1821 el 17 de enero.[77]

Pese a todo, el 30 de enero se ajustó un pacto de perdón y paz con la intervención del comandante general de la campaña del norte de la provincia, el general Cornelio Saavedra. Al mismo se llegó como consecuencia de varias gestiones ante­riores: de Pablo Pérez y Matías José Gutiérrez, encargadas por Martín Rodríguez, y de Juan Francisco de Ulloa y Martín Juan Quiroga, por el mismo Saavedra.

Este último en los días 29 y 30 de enero, en Salto realizó una reunión con Guaychul y Milla-Cuel, embajadores de los caciques ranqueles Lienan y Caritipay, quienes aceptaron restituir los cautivos y unir sus fuerzas con los demás caciques amigos para perseguir a los enemigos de la provincia, sobre todo a Carrera.

Ulloa y Quiroga y el lenguaraz Matías José Gutiérrez, que era, además, comisionado del gobierno, acompañaron a los aborígenes a los toldos para tratar el negocio con los demás caciques.

El 12 de febrero celebró parlamento con cuatro caciques, entre ellos Santiago Quintana y Millanamón, se decidió realizar un parlamento general a los ocho días, en los toldos de Cunutipay, quedando pendiente las condiciones en que serían rescatadas las cautivas, muchos de la delegación gubernamental se quedaron en los toldos en calidad de rehenes y algunos caciques viajaron con Ulloa a Buenos Aires para continuar las negociaciones de paz.

Transcurriendo ese mismo año, otra de las misiones fue la que Martín Rodríguez encomendó al sargento mayor José María Echauri ante Lincón.

El informe presentado informaba la negativa por celebrar la paz, salvo la entrega por el gobierno de carretas cargadas de regalos, ropas, y ademas cuatro esclavos para servir a las familias de cuatro caciquillos, muertos en la acción del Salado, y contentar con las demás prendas a las familias de los otros ultimados en dicha acción. Todo sin admitir enviados del gobierno para tratar de paces salvo Francisco Ramos Mejía, único en quien confiaban.

Llegó a saber que mantenían comunicación con

Carrera, quien los alentaba a nuevas invasiones. La prueba de paz que esperaban del gobierno era la devolución de la mujer del cuñado de Gühiloncoy, de Chajineo y de dos chasques, que según ellos estaban reteni­dos pese a no ser prisioneros de guerra.

Cayupilque pidió parlamentar y García fue elegido con la misión de ajustar paces y, como otras veces, predisponer favorablemente su ánimo para la erección de nuevas poblaciones. Cayupilque se quedó como rehén en Buenos Aires y la comisión partió el 6 de febrero de 1822 con Antiguán.

El comisionado llegó a los toldos del cacique Pablo, se reunieron también muchos caciques pampas, huilliches y ranqueles, y se veri­ficó el encuentro preliminar. Las opiniones sobre la paz estuvieron dividi­das, igualmente la paz fue sancionada.

El 27 de abril, se efectuó la sesión central, donde participaron los caciques pampas Lincón, Avouné, Pichiloncoy, Epuan, Mañabilú, Chañapan, Pitry, Califiau, Neculpichuy, Llanqueleu, Cachul, Huilletrur, Aucaligüen, Anepan, Trignin y Quiñefolo; y los huilliches Llampileo o Negro, Churlaquén, Napaló, Nigñile, Sebastián y Canilié.

Hubo discusiones con Lincón quien sostenía que no debía celebrarse sin la presencia de los ranqueles, Avouné declaró que todas las tribus deseaban la paz las cuales una vez aceptadas no serían quebrantadas y que para eso habían pedido la presencia del comisionado.

No hubo arreglos, llegado a ese extremo, la comisión consideró que sólo le quedaba terminar de la mejor manera posible la conferencia y retirarse

Ese mismo día se presentó una delegación de huilliches, presidi­da por Llampicó, más conocido por el nombre de Negro, quien deseaba celebrar un pacto que asegurase la tranquilidad y el comercio, y acabase con las épocas tristes de pérdidas irreparables., hizo sus quejas por el despojo de las tierras que habitaban desde el cabo San Antonio o Rincón del Tuyú hasta las faldas del Volcán, recibió felicitaciones y presentes de García.

El 29, día siguiente, Avouné y García conversaron sobre la entrega de las cautivas, no parece que se hubiera concretado en tratado alguno. El 1 de junio arriba a Buenos Aires la comision.

Rodríguez emprendió su segun­da expedición contra los indios llevado por la recomendación de García de avanzar la frontera más allá del río Salado, fundando en el trayecto el fuerte de la Independencia ubicado en Tandil. Luego entre enero y mayo dos años más tarde, Rodríguez hizo una tercera expedición, que alcanzó hasta la bahía Blanca.[78]

Ese mismo año, en la frontera chaqueña se logra un nuevo tratado entre Corrientes y los abipones.

José Ignacio y Lorenzo Benavides le propusieron al gobierno de Co­rrientes nuevos acuerdos de paz y amistad.

El 24 de septiembre se realizó la primera reunión. Lorenzo Benavides solicitó una tregua de cuatro días para, ratificar el acuerdo. Salinas sospechaba de Lorenzo, luego comprobando que había planeado dirigirles un ataque preventivo y la retirada que hicieron condujo al fracaso el siniestro proyecto.

Los abipones avisaron que Patricio planeaba un ataque en Caraguatá para desvanecer los tratados en curso. Salinas, ante la proximidad de la firma, solicitó a Blanco que le pusiese por escrito las condiciones. El texto de las instrucciones no se conoce, pero sí el del tratado que se firmó el 9 de octubre de 1824 en el paso del Rubio, frente a Santa Lucía.

El comisionado remitió los originales al gobernador para que le diese su aprobación.

A premisa de Blanco, Salinas le propuso a Lorenzo la entrega de los intrusos que tenía entre los de su nación, entregó dos, e invitaría a los demás a presentarse, siempre que fuesen indultados por le gobierno.

Patricio Ríos, jefe de la otra fracción abipona, inició negociacio­nes con el gobierno de Santa Fe. En conocimiento de eso, Blanco puso a López al tanto del tratado que acababa de ajustar. El santafesino lo consi­deró ventajoso.

Igualmente no acordaban las opiniones de los correntinos y santafesinos acerca de lo que sucedía en el campo abipón. Blanco desconfiaba de Lorenzo, y Salinas le confirmó sus sospechas, la conducta posterior del cacique pareció darle la razón. Intrigó para enemistar a Patricio con los correntinos y lo lanzó contra los montaraces en enero de 1825, llevándolo a la muerte.

Sostiene Levaggi que pese a todos los problemas, las relaciones de Corrientes con los chaqueños continuaron en un nivel aceptable.[79]

Al mismo tiempo Patricio Ríos negociaba la paz con Estanislao López, quien para poner a prueba la fidelidad de Patricio, lo había lanzado contra los montaraces, esperaba que se aniquilasen unos a otros, eran considerados los más peligrosos para los pobladores blan­cos.

En prueba de la buena fe con que procedía, se había comprometido a proseguir la guerra contra los montaraces hasta reducirlos a términos inofensivos, pidiendo a cambio cincuenta caballos, para facilitar sus marchas, y cincuenta yeguas para el sostenimiento de las familias.

Lorenzo Benavides suponía verdadera la paz pedida por Patricio a Santa Fe, la razón era que se hallaba solo, sin influencia y cercado de enemigos, no estaba en condiciones y nada podía hacer.

En 1951 Alumni publicó El Chaco. Figuras y hechos de su pasado, y siete años después, La Ciudad de Resistencia. Apuntes históricos. En ambas obras menciona el tratado de 1825 atribuido a Ferré con los abipones, aclarando en la prime­ra lo siguiente: "pude leer el texto de este documento por gentileza del Dr. Hernán Gómez y creo que se debe hallar en su archivo, que ha sido adquiri­do por la Provincia de Corrientes". Comenta que en el tratado, el Gobierno de Corrientes reconocía a los indios la soberanía y dominio en todas las tierras del Chaco, comprometiéndose a vivir en paz y buenas relaciones, comerciar con sus productos libremente, debiendo los indios respetar a los blancos que pasaran al Chaco y proteger las expedicio­nes que Corrientes enviara a través del Chaco"[80].

Levaggi detalla que tanto Gómez como Alumni (Historiadores)  no precisan fecha en que habría sido suscrito, sino que lo ubican durante el gobierno de Ferré en 1825, señala lo llamativo de que no lo haya citado el propio Ferré en su "Memoria", en la que enumeró las contribuciones que había hecho a la provincia. El mismo Levaggi analiza lo dicho por ambos historiadores (Gómez y Alumni), indicando que la mayor dificultad la presenta Alumni, por dos motivos: porque, si bien no transcribe el tratado, detalla su contenido; y porque declara haber visto el documento que acredita su existencia, concluyendo que debe tenerse por incierta la existencia del tratado.[81]

Durante el transcurso de estos años en la frontera pampeano-patagónica, la provincia de Santa Fe, contaba con dos frentes o fronteras con los indígenas: el del Chaco y el del sur, azotado por incesantes malones, el mayor esfuerzo recayendo en el fuerte de Melincué, reconstruido por Estanislao López en 1822, quien envía a Femiano Jurao, comandante de Melincué, a los toldos en misión de paz.

El problema de las invasiones indígenas se encontraba compartido con las provincias vecinas de Buenos Aires y Córdoba[82].

El gobierno bonaerense retenía como rehenes a los ranqueles Millam y Nicolás Quintana, entre otros. Los ranqueles para negociar la liberación involucraron al gober­nador de Córdoba, coronel Juan Bautista Bustos.

Plantearon la conve­niencia de ajustar tratados de paz, a lo que López aceptó sin reparos.

El gobierno de Córdoba nombró al alcalde ordinario de la villa del Río Cuarto, Pedro Bargas, y a Pedro Guerra, para representarlo en las tratativas de paz, quienes fueron a las tolderías de Ecuan, para iniciar las conversaciones. Guerra fue reemplazado por Pedro Bengolea. Santa Fe nombró a Isidro Cabal, pero Bengolea tomó también la representación santafesina. El gobierno bonaerense nombró sus comisionados, que fueron Martiniano Chilavert y Vicente Azpillaga, también representó a Buenos Aires, Pedro Bargas. Quien recibió instrucciones de el ministro Manuel José García el 7 de septiembre.

Millam, ya en libertad llevó a Córdoba la respuesta de toda la indiada acerca de las paces generales. Los comisionados de los tres gobiernos con los prisioneros, para ser canjeados se reunieron en la villa de la Concepción del Río Cuarto con los caciques principales Millam, Ecuan, Quilapay y otros.

Acordaron salir el 5 de diciembre hacia la laguna del Guanaco para comenza­r el 15 de diciembre. Millam se ofreció a permanecer en Río Cuarto como rehén, lo que no fue aceptado ya que no dudaban de su buena fe como porque consideraron útil su presencia en el parlamento.[83]

Azpillaga y Bargas representantes bonaerenses, eran proclives al tratado, en tanto que Chilavert también representante como los anteriores, se resistía.

En la primera conferencia, en Río Cuarto, se trataron de obtener garantías por los comisionados, lo cual no se logró. Se resolvió esperar la llegada del sargento mayor José Benito Maure, pariente de Bustos, decidieron además que el parlamento, en vez de la laguna del Guanaco, se hiciera en Alicancha, unas veinte leguas más al sur. La reunion fue terminada de manera intempestiva con noticias del gobernador de Córdoba quien dio cuenta de que Pallastruz había invadido su provincia y reclamó su entrega, a la negativa de los indígenas, los comisiona­dos los amenazaron con una guerra a muerte.

Pese a esto, el parlamento se realizó en la laguna del Guanaco y el día 20 se concluyó el tratado. La firma pacificó, aunque en forma precaria, la frontera con los ranqueles y facilitó el camino para nuevos arreglos[84].

Las relaciones de Rodríguez con las tribus no eran del todo pacíficas, aumentando los temores que si se declaraba la guerra con el Brasil por la posesión de la Banda Oriental, esa nación intentaría una alianza con los aborígenes para abrirle un segundo frente adverso al gobierno de Buenos Aires, quien gobernaba este último ya desde abril de 1824 el general Juan Gregorio de las Heras.

Manuel Borrego creó un proyecto, el cuál alcanzaba a toda la provincia e invitaba a otras a sumarse,  fundado en el derecho de gentes, el 9 de noviembre de ese mismo año, donde prohibía por ley el comercio con los indios rebeldes, a fin de contenerlos, cortando todo tipo de comunicación con la nación en guerra.[85]

Se enviaron comisiones para resolver el conflicto, fueron Mateo Dupin, Martiniano Chilavert, Vicente Azpillaga, Pedro Bargas, los herma­nos Oyuela, Juan Manuel de Rosas, hubo tratativas y gestiones.

A comienzos de 1825 Lacarra, coman­dante del fuerte de Carmen de Patagones eligió a Mateo Dupin, para que ofertase la paz, este partió el 3 de febrero, cuando arribó al río Colorado, invitó a parlamentar a caciques con los cuales se encontró, estos último disgustados por haberse prohibido la entrada de ganado con marca de la provincia, lo que sirvió para Dupin como seguridad en la reanudación si se aceptaba la paz.[86]

El 22 de febrero llegó a los toldos del cacique Negro, según el "Diario" escrito por Dupin, el cual envió a Lacarra, dice que el parlamento se llevó a cabo en los dos días siguientes. Al día siguiente de la llegada, se presentaron Dedué y Enequile, aquél acompañado por siete caciques subalternos y setenta indios, esperaron la invitación de Negro a acercarse.

Dupin se expuso el fin de la comisión, apoyado en todo por Negro. Pasado el día, el 24 participaron, por la nación aucá, Pooti (por sí y por el jefe principal Ancafilú), Mahica, Tenindin, Anchilevi y Chalene; y por los tehuelches Dedué Uerequén, Basilio, Quesni y Cana. Pooti dijo que, creyendo en las promesas de paz del coronel García, hicieron envíos a Buenos Aires y avisaron al gobernador que se preparaba una invasión de chilenos y ranqueles. La guerra fue más padecida por Bue­nos Aires.

Las tolderías del chileno Pablo estaban atacadas de viruelas, los ranqueles lejos de camino a lo que llevaba que la junta general de las cuatro naciones no fuese posible de reunir.

Dupin, hijo del famoso, cacique Lorenzo, se comprometió a comunicarle en dos meses lo que pretendía cada uno de los jefes.

Concluyó el parlamento. Dupin repartió presentes y se despidieron. El 4 de marzo estuvo de regreso en patagones.

Las naciones de pampas y tehuelches, con la decisión por la paz contribuirían eficazmente a calmar, y hasta a neutralizar, el encarni­zamiento de ranqueles y chilenos, recomendando que si se renovaba la negociación, fuese en un punto de la bahía Blanca, distancia media lo que facilitaría la re­unión.

Lacarra dio traslado al ministro del oficio y del "Diario" de Dupin, la gestión fue aprobada por resolución el 22 de mayo, encargando al comandante que se dedicara a los asuntos de paz promoviéndolos con entusiasmo.[87]

El parlamento previsto durante la misión de Dupin, fue encomendado a los hermanos Fernando y Angel María de la Oyuela, quienes el 20 de julio de 1825 celebraron un contrato con el comisario general de Guerra interino, Fabián González, el cual fue aprobado por el gobierno, quien dio instrucciones al coronel Lacarra de auxiliar a los comisionados con todo lo necesario y de prohi­bir a toda persona la internación en tierras de infieles, evitando así que se desbarate el negocio.

Los comisionados recibieron instrucciones del gobierno para realizar el acuerdo, en el cual debían tratar la devolución a los indios de las tierras del Tandil, pero sin demoler el fuerte de la Independencia, siendo gratificadas las tribus que fueran a poblar esas tierras. Además, debían ganar la amistad y traer al cacique Chanil o Chañil.[88]

La misión es conocida en gran parte por el "Manifiesto" que los protagonistas publicaron a su regreso para ilustrar a la opinión pública y en cierta forma deslindar responsabilidades.[89]

Se convino celebrar un tratado de paz, el cual sería arreglado y ratificado en Buenos Aires con Chanil, Tetrue y dieciséis más. Uuna vez arribados a la bahía Blanca, convocaron a los caciques. Calixto de la Oyuela y algunos otros se quedaron en los toldos en calidad de rehenes.

Los caciques Peti, Maica y Llancalién, se sintieron defraudados al recibir la noticia de que Juan Manuel de Rosas, con dos ejércitos, estaba tirando la nueva línea de fronte­ra sobre bases muy diferentes de las convenidas. El viaje se interrumpió.

El gobierno, optó por ratificar la gestión de Rosas y desaprobar la de los comisio­nados, estos últimos no ocultaron su pesar por la decisión del gobierno de encomendar la prosecución del tratado a otras manos, quejándose de la conducta de Rosas, contraria a los intereses de la comisión, y lamentaron los gastos que debieron hacer, sin posibilidad de reembolsados, quienes habían llevado adelante conversaciones basadas en el respeto mutuo y el reconocimiento del derecho de propiedad de los naturales sobre las tierras del Tandil.

Rosas recibe en noviembre de 1825, una nota la cual fue aceptada, del  ministro Manuel José García quien le dio la comi­sión suficiente para que tratase con los caciques y formalizase con ellos un tratado de paz y amistad, que los separase de los portugueses ocupantes de la Banda Oriental.

Rosas, se dirigió al comandante Bruno Vázquez para solicitarle colabora­ción. Igualmente las estrategias de Rosas para lograr la relación con los pampas y tehuelches fue valerse de algu­nos indios que vivían en su estancia "Los Cerrillos", el lenguaraz JoséBaldebenito o Valdebenito, su mujer y la india Tadea, considerada según sus herma­nos de raza la principal heredera de las tierras del Tandil y Volcán.

Levaggi señala que ni los hermanos De la Oyuela ni Rosas se comprometieron al levantamiento del fuerte Independencia, diferenciando en que los primeros reconocieron la propiedad indígena sobre esas tierras y la consi­guiente indemnización. Destacando la perspectiva de Rosas en dar a la indemniza­ción la publicidad conveniente para que de ahí en más nadie pudiera discutir el traspaso.[90]

Se convino ir Tandil, los caciques tehuelches, pampas y algunos ranqueles, se realizaron conferencias, aunque parecía ya inevita­ble el rompimiento. Se trató de imponer a los indios, hasta con el recurso de la fuerza, convirtiéndose de amigo en el mayor enemigo, oponiéndose a que ninguno de los indios pasara a la Capital, y concluyendo que otra no sería jamás la línea de frontera, la que ya estaba trazada. A pesar que los indios no desistieron con sus demandas, se habían suavizado, comprometiéndose a volver en sesenta días con la última decisión, algunos de ellos se quedaron con Rosas, recorriendo así la línea de frontera.

Antes de los dos meses volvieron con Chanil, en tanto que Lincón mandó emisarios. Según Rosas, aquél estaba autorizado para representar a los caciques princi­pales pampas y a todos los tehuelches.[91]

Lo acompañaba en la asamblea una comitiva de veinticinco indios, que debían regresar llevando las demos­traciones de amistad, que para ellos eran la prueba de la satisfacción del gobierno. El esperaba la aprobación del presidente Bernardino Rivadavia, como señala Levaggi, la aclaración no era necesaria, ya que no era el primer tratado Interétnico que se celebraba, habiendo ejemplos demostrativos de que los indígenas no rehuían las formali­dades, su rechazo, probablemente atribuible a la mentalidad del propio Rosas.

Bernardino Rivadavia, aprobó en todas sus partes, alentando la esperanza de arribar a un tratado de paz y amistad, agradeciendo el interés y habilidad que había desplegado en favor de los intereses nacionales y los de la provincia.

El 17 de marzo designados por el gobierno Pedro Bargas, Juan Francisco Ulloa y Jacinto Barrera, para que el 25 de abril de 1826, ajustasen el tratado del arroyo Epecuén (Pigüé), complementario del de la laguna de los Huesos del 20 de diciembre anterior.

El tratado celebrado incluía iguales artículos del de la laguna del Guanaco, manteniendo la frontera en la línea del río Salado, y no autorizando al gobierno a avanzarla.

Rosas, se aprestó a continuar su gestión. A pedido de las autoridades, elaboró y presentó un presupuesto de los gastos, para ocasionar el negocio pacífico con los indios fronterizos; ascendía en total a 71.200 pesos. Incluía la compra y engorde de 5.000 yeguas y de otros víveres, compensaciones por el rescate de cautivos, construcción de galpones y corrales, compra de vicios y de ropa, etc, acompañándolo a este de las ideas sobre su abordaje.

Autorizado por el Gobierno Nacional, Rosas se comprometió al cumplimiento de los pactos, intentando llevar las relaciones con los indígenas de la forma más conveniente para las provincias, mostrando el presupuesto como el eje de la política.

Durante los últimos meses de 1826 y los primeros de 1827, a diferencia del negocio pacífico, se produjo la campaña militar contra los indios enemigos a cargo del Coronel Federico Rauch, estableciendo y fortificando la frontera desde Melincué (Santa Fe), pasando por Junin, 25 de Mayo y Tapalqué, hasta el Cabo Corrientes.

Asumiendo la Presidencia de la República Vicente Lopez, por decreto nombró a Rosas Comandante General de las Milicias de Caballería existentes en la Campaña de Territorio de la Provincia de Buenos Aires, ubicándolo nuevamente al frente del negocio con los indios.[92]

Se designó gobernador de Buenos Aires al Coronel Manuel Dorrego autorizando a Rosas a ir preparando la extensión de las fronteras sud, quien ayudado por el cacique Cachul, logró persuadir a los ranqueles para que se apartasen de los chilenos y así lograr las paces.

Durante 1828 renuncia a la comandancia general de las milicias de campaña, pero siguió al frente de la comisión pacificadora de los indios.[93]

El año anterior, el 9 de octubre de 1827, en la frontera chaqueña, antes que concluyera el primer período de gobierno de Ferré, se celebró un tratado con los guaraníes de los pueblos de San Miguel y Nuestra Señora de Loreto, pueblos que se encontraban en crisis desde la década anterior a raíz de las  las invasiones de Andresito, el comisionado de Artigas, y las de los portugueses; la proclamación de la República Entrerriana por Francisco Ramírez; y las luchas entre indígenas, agravada luego por la guerra con el Brasil, eligieron incor­porarse a Corrientes, la cual invocaba derechos sobre el suelo misionero, la cual se le pidió de manera formal el 15 de septiembre al Cabildo de San Miguel. Como relata Cambas, los caciques Yrá, Bayay y Guayrayé fueron llevados a Corrientes, donde firmaron el tratado respectivo,[94]el cuál fue altamente favorable para la provincia, aprobado el 16 por la legislatura, emitiendo los representantes indígenas un manifiesto en guaraní, que luego fue traducido al castellano.[95]

El 19 de abril de 1830, se firmó un tratado con los pueblos aborígenes de las Misiones Occidentales del Uruguay, el gobierno correntino nombró comisionados a Pedro Ferré y Manuel Serapio Mantilla, su misión era la de explorar la voluntad de los misioneros que marchaban desde el lugar de su residencia hacia Entre Ríos para pedir la protección de ese gobierno, las cuales fueron ratificadas y los misioneros se comprometieron a dar al gobierno entrerriano explicaciones sobre el porqué del cambio de opi­nión.[96]

Se autorizó por ley al gobernador Pedro Dionisio Cabral para tratar y celebrar pactos con los indígenas. Tal condición obedecía al pacto que ligaba a ambas provincias. El coronel Juan Cabañas, jefe de los misioneros escribió a Cabral designando a Juan Baltasar Acosta y en Fernando Argüello.

El tratado se firmó el 19 de abril de 1830, ratificado el 5 de mayo por Cabral, en uso de las facultades extraordinarias  que tenía. Lo propio hizo Cabañas el día 28. El estado de cosas se mantu­vo hasta la federalización del territorio de Misiones en 1881.

Estos dos tratados como bien señala levaggi fueron los únicos, en los cuatro siglos, celebrados con comunidades indígenas que no vivían de fronteras interiores afuera, difiriendo sus características de los anteriores.[97]

Durante ese período, entre 1829 y 1831 toda la frontera austral, desde Mendoza hasta Bue­nos Aires, fue sacudida por los malones de los caciques chilenos Pablo y José Antonio Pincheira, auxiliados por varias tribus pehuenches. Este último cacique desplazado de Chile en enero de 1829, procuró un acuer­do con las autoridades bonaerenses, sirviendo como medio el coronel José Gabriel de la Oyuela, co­mandante de Patagones.

Mendoza se encontraba en guerra con San Juan, esto llevó a carecer de fuerzas para enfrentar a los aborígenes, siendo una de las fronteras más perjudicadas, debiendo el gobernador Juan Corvalán pactar con ellos. El tratado, atípico a causa del momento que estaban sufriendo los mendocinos, fue suscrito en "San Juan al sud de la Provincia de Mendoza" el 15 de julio de 1829. Pese a las notables venias hechas por la provincia, la paz duró poco tiempo, reanudando unos meses después los pincheirinos las hostili­dades, quienes en la guerra entre unitarios y federales apoyaron, alternativamente, a unos y a otros.[98]

En diciembre la Junta de Representantes de Buenos Aires eligió a Juan Manuel de Rosas gobernador de la provincia, con facultades extraordinarias, quien fue conocedor de los problemas de la frontera, interesado en las culturas indígenas, trazó la política indigenista, primero de Buenos Aires y des­pués de toda la Confederación Argentina. Este se manejó con los indígenas marcando su autoridad, inflexible, prefiriendo siempre el contacto personal, gozaba de una alta capacidad de observación y una red de informantes que lo tenía al tanto de las novedades, fueron las condiciones que llevaron a adquirir un conocimiento tan profundo, sometiendo estas relaciones a la confianza y lealtad, rodeando de favores y amistad a quienes actuaban de buena fe, pasando a ser enemigos perseguidos y exterminados quienes se comportaban de manera contraria, como sucedió con los indios de Yanquetruz que habían invadido Córdoba.

Para con los enemigos no tuvo misericordia. Declarada la guerra, ins­truyó al coronel Pedro Ramos que los prisioneros, se matasen a la vista de todo el que esté presente, que con que se traigan dos o tres estaba bien. Negoció, llegó a acuerdos con los aborígenes, pero nunca se interesó en trasladarlos al papel, aunque muchas veces pedido por los naturales a el le bastaba la palabra y la buena fe.

Señala Levaggi que no existe un solo tratado escrito con las comunidades indígenas durante su gobierno, siendo de igual manera su posición en materia constitucional.

En 1826 hizo arreglos con los pampas y tehuelches, justificando también de igual forma la falta de formalidades.

A diferencia de la época hispánica, utilizó el método para repartir los víveres y otros géneros, subsistiendo la práctica, por varias décadas, de pasarles una ración periódica para asegurar les el alimento y el vestido, justificándolo en la manera de evitar robos.[99]

La principal preocupación de Rosas en los primeros años de su gobier­no fue disolver el poderoso ejército de los hermanos Pincheira y ganarse la amistad de los caciques de mayor confianza, tanto para enfrentar a los pincheirinos como para evitar su alian­za con los unitarios.

Fue enviado el lenguaraz capitán Eugenio del Busto, quien había sido cautivo de los indios, para deshacer la alianza de los voroganos de Ignacio Cañiuquir, Camiullan, Mariano Rondeau, Meliú, Guayquil, Lincón, Alum quienes eran un baluarte de los Pincheira.[100]

Su gestión fue gradual, primero acompañado por la india Luisa, mujer de Cañiuquir, a quien Rosas tenía prisionera bajo condi­ciones de buen trato, predisponiendo positivamente a los caciques con el gesto de regresarla.  

Dos meses después el Diario de Bahía Blanca anunció el regreso del cacique Felipe y demás indios enviados por Cañiuquir a Buenos Aires, las negociaciones no concluyeron.

Poco después, Millalican anunció a Rosas la celebración de una junta con el cacique general Yanquetruz. Jura­ron no faltar a la amistad del gobernador y seguir trabajando por la paz y alianza.

Para repetir el juramento en Buenos Aires, se nombraron como plenipotenciarios a Caniullan y al propio Millalican.

Caniullan acudió con doscientos indios a la Chacarita de los Colegiales para conferenciar con Rosas, reconciliándose allí con el vorogano Venancio Coihuepan y con los pampas Catriel y Cachua, quienes a cambio de auxilio militar, Rosas se comprometió a pasarles raciones.[101]

A raíz de la campaña del desierto de 1833 y 1834 llevó a que la amistad no fuese duradera.

Los ranqueles fueron perseguidos por los voroganos por orden de Rosas, estos pidieron misericordia y ofrecieron devolver todos los cautivos, aceptó perdonarlos. Sólo Yanquetruz consiguió escapar con menos de cien hombres. Igualmente los voroganos intervenían para lograr el perdón de los ranqueles, estando en desacuerdo con condiciones tan severas para lograr la piedad. Disgustando a Rosas, sobre todo cuando regreso de la campaña, se negaron a entregarle los cautivos y las haciendas.

Rosas se valió del huilliche Juan Calfucurá, recién llegado de Chile, para castigarlos. En la lucha que se desató murie­ron Rondeau y Melín. En 1836 corrieron la misma suerte Cañiuquir y Cañuepan. Según Zeballos, Calfucurá habría hecho un tratado con Buenos Aires.

En 1833 su hermano y embajador Namuncurá ante Rosas fue a pedir la paz, la cual se ajustó enseguida y a los indios le fue asignado un tributo de 1.500 yeguas, 500 vacas, bebidas, ropas, yerba, azúcar y tabaco.[102]

Mientras tanto, en la frontera chaqueña, comenzaba a gestarse el proyecto de José Arenales[103] en 1833 de un tratado entre una compañía privada y los indígenas del Chaco para facilitar la colonización del territorio.

Durante su actuación como ingeniero encargado del departamento topográfico de Bue­nos Aires, publicó, en 1833, su libro Noticias históricas y descriptivas sobre el gran país del Chaco y río Bermejo; con observaciones relativas a un plan de navegación y colonización que se propone.

Era optimista, en cuanto a la posibilidad de ganar la amistad de los aborígenes e incorporarlos a la civilización europea, pudiéndose señalar su optimismo extremo al punto de negar la violencia, la cual no había sido desterrada del todo, aunque cabe destacar que había sido posible preparar el campo a la reconcilia­ción y a la paz. Creía en la conquista pacífica.

Desarrolló el primer proyecto tendiente a delegar en una empresa comercial la civilización de los naturales, hasta enton­ces compartido por el Estado y la Iglesia, escogiendo a los tratados como la manera de entablar relaciones de paz con los indígenas, indicando cláusu­las fundamentales que debían tenerse en cuenta al momento de acordar tratados y parlamentos con ellos.

Las fronteras durante esa década y la siguiente quedaron indefensas a raíz de la guerra civil, repercutiendo altamente en la sociedad indígena, hubo asesinos y desertores, no habiendo casi por parte de los gobiernos provinciales acciones encaminadas a la paz y la unión interraciales.[104]

Durante la campaña del desierto, también hubo iniciativas de paz con los ranqueles de la provincia de Córdoba en 1833.

Benito Otero, en quien José Vicente Reynafé había delegado el gobier­no, quiso saber la opinión de Estanislao López, para obrar de común acuer­do, quien estando de acuerdo comentó que el gasto sería costeado, durante tres o cuatro meses, por las provincias de Buenos Aires, Córdoba, San Luis, Mendoza y San Juan, a proporción de lo que podía cada una, con intenciones de ir llevando a los naturales  al trabajo, distribuyendolos en el interior de las provincias, llevandolos a zonas no fronterizas como La Rioja y Catamarca.

Rosas enterado de la gestión, no ocultó su descontento, en diciembre los ranqueles invadieron Córdoba y San Luis. A ambos gobiernos, y a los de Mendoza y Santa Fe, se dirigió el de Buenos Aires, presidido por el general Juan José Viamonte, quien propuso conferir las facultades necesarias a Juan Manuel de Rosas. La respuesta de los gobiernos del interior fue afirmativa.

La paz fue momentánea ya que dos años luego en febrero el coronel Eugenio del Busto inició una nueva ofensiva contra los ranqueles, la cual cesó el 7 de marzo con la victoria de Mamul Mapú. A fines de dicho año murió el cacique Yanquetruz.

Durante la época de Rosas, el único tratado hecho por escrito en la provincia de Buenos Aires lo menciona Juan José Biedma, un tratado de paz realizado el 26 de septiembre de 1834 celebrado por el comandante militar de Patagones, Sebastián Olivera, y el cacique tehuelche Caluende.

Al año siguiente de la muerte de Yanquetruz, Uno de los hijosde Painé, Panghitruz, fue retenido y apadrinado por Rosas, quien recibió el nombre de Mariano Rosas.

Painé, el cacique mayor de los ranqueles, fundador de la dinastía de los zorros, procuró mantener buenas relaciones con las autoridades de Bue­nos Aires y Córdoba, no siempre con Rosas., pero mantuvo las relaciones con este hasta su muerte en 1846 y luego fue continuada por su hijo heredero  Calvaíñ.

Se hicieron dos gestiones similares, una en marzo de 1840, donde  Painé envió a Nagüelpán a la villa de la Concepción del Río Cuarto para una de las misiones de paz, a lo que el comandante del fuerte, Juan Pablo Sosa, hizo saber que la paz se deseaba pero esta se debía hacer por medio de Rosas. Nagüelpán regresó a los toldos con la respuesta, quedándose en Río Cuarto el capitán Gualquil y dos chinas.

La otra gestión fue hecho por los ranqueles en San Luis, con iguales contestaciones y resultados.

Rosas, disimulando su enojo por la fuga del hijo de Painé y del de Pichún,  redactó las instrucciones que tenía que seguir Corvalán, con objetivos claros para mantener a los ranqueles en paz, como bien se señaló anteriormente sin formas escritas, solo re­cursos dialécticos y raciones generosas eran la clave de su estrategia para detener la guerra y el pillaje.

Painé, igualmente siguió tratando con Córdoba, en son de evitar y salvar a su provincia de ataques de tribus ranqueles, sobre todo con el temor al unitario refugiado en los toldos, Manuel Baigorria, llevó a promover los contactos a Manuel López.

La estrategia utilizada por los gobernantes federales fue la acción conjunta bajo la dirección de Rosas, a lo que López le recordó al cacique las quinientas yeguas que recibiría en cada luna y que le permiti­rían comer sin necesidad de robar, entregadas por el, y el Gobierno del Sr. Rosas, y el de Santa Fe, San Luis, ni el de Mendoza. La paz fue concertada según los términos pactados por Rosas, luego Painé despachó una comisión para ratificar los sentimientos de paz y unión con Córdoba y el ministro de Gobierno, Atanasio Vélez, por ausencia de López. A causa de la presencia del unitario Baigorria en los toldos, las perturbaciones eran continuas.

En 1846, muere Painé, se dirigió a Buenos Aires una delegación ranquel encabezada por Guichal y Güenchuguer, hijos respectivamente de Pichún y de Painé, para pedir las paces y el perdón. Ésta, llegó al fuerte del Azul el 19 de diciembre, se entrevistó con el juez de paz y comandante Pedro Rozas y Belgrano, a quien impuso del objeto de su viaje, quien contestó que las paces serían dadas con la entrega de Baigorria y los demás unitarios a quienes protegían, esta contestación llevó al enojo de Rosas, ya que habían pasado por encima de él, a lo que hizo saber la desaprobación de la respuesta dada y aceptando las paces. Rosas fué correspondido, se comprometieron a devolverles a Guichar y a los indios de su comitiva, todos los cuales habían sido bien tratados y atendidos.

Los ranqueles se quedaron satisfechos con la contestación. Como muestra de buena voluntad, Pichón despachó al Azul cinco cautivos y Calvaiñ cuatro, además lograron que no haya hostilidades contra la provincia ya que se lo impedían a Baigorria, las gestiones de paz se convirtieron en una rutina, los capitanes rebeldes se habían muerto y ya nada había que temer.

No ocurrieron hechos de importancia en el sector oriental de la frontera sur, durante el resto de la época de Rosas.

En 1846, en Mendoza, el gobernador Pedro Pascual Segura indultó al cacique Fraipan, quien había sido sublevado contra el comandante del fuerte de San Rafael, y refugiado en Chile, dándole la posesión bajo las órdenes del capitán de amigos que le nombró el gobierno, de los campos situados entre los ríos Malargüe y Grande, y Agua Nueva. De igual forma se entregó una parte del campo al sur del río Malargüe al capitán Juan Epuñan, y otra al sur del río Grande al cacique Nagüel Ñirré, nombrado por el gobierno cacique gobernador de las tribus instaladas al sur del río Barrancas.

Hubo conflictos en 1850, por los derechos de talaje que se pretendían cobrar, entre Epuñan con el comandante de San Rafael, te­niente coronel Manuel Pedernera. Provocada la resistencia, hizo fusilar a dieciséis indios y una china. Ñirré fue en queja a Mendoza.[105] En 1851 hubo una conferencia y luego a pedido de Caipé, Nancanil, Bichulau y otros "arribanos", se renovó el parlamento.

Zeballos se comprometió a dar traslado de la demanda al gobernador, intentó convencerlos de que no estaban bajo la jurisdicción de Chile sino de Mendoza, en cuyo territorio habitaban.

No había conciencia entre los aborígenes que Argentina y Chile eran dos naciones independientes, los representantes en los tratados, Yaupil o Yaupé, Caipé Purán, Milillán, Tori, Nagüel Nirré, Gayo Bilo, se comprometeron a guardar fidelidad a Mendoza y a Chile.[106]

Luego de la batalla de caseros el 3 de febrero de 1852, la caída de Juan Manuel de Rosas como gobernador de Buenos Aires y encargado de las Relaciones Exteriores de la Confederación Argentina, no afectó la política de buscar acuerdos con los naturales.

Esta política, fue plasmada en la Constitución Nacional, sancionada en Santa Fe ello de mayo de 1853, donde se estableció entre las atribuciones del Congreso, "conservar el trato pacífico con los indios" (art. 64, inc. 15; después de 1860, arto 67, inc. 15).

Pese a la orientación conservadora de la Ley Fundamental, en Buenos Aires comenzaron a existir aires de nuevas autoridades, quitando lo pacífico y avanzando en la ocupación de las fronteras.

El vencedor de Caseros y director provisorio de la Confedera­ción Argentina, el general Justo José de Urquiza, mostró desde el primer momento un ánimo favorable para tratar con los aborígenes.

El coronel Manuel De1gado fue enviado a Salinas Grandes para tratar con Calfucurá. Simultáneamente, Urquiza buscó la colaboración de Manuel Baigorria, el oficial del ejército de José María Paz que, quien se había refugiado entre los ranqueles tras la derrota del partido unitario. Mandó a Narciso del Corro al desierto para que diera con Baigorria y lo invitara a Buenos Aires.

A fines de agosto de 1852, Baigorria llegó a la Capital, fue reincorporado en el ejército y recibió la misión de mantener la tranquilidad de las fronteras del sur de Córdoba y San Luis.[107]Seguido, Urquiza, nombró de encargado de todos los asuntos relativos a los indígenas a el comandante del fuerte del Azul, coronel Rozas y Belgrano.

Cuando Delgado recibe la noticia que ya había concluido los trata­dos con Calfucurá, los salineros podrían negociar en los puntos que les resultaran más convenientes. Calfucurá decidió enviar a Buenos Aires, junto con el comisionado, a dos caciques principales, algu­nos capitanejos y como cien indios, para conocer al Sr. Director, abrazarlo y oír de su boca la ratificación de la paz, llevando además tejidos y cueros para vender y adquirir semillas y cosas que necesitaban, el acuerdo aparentemente no fue realizado por escrito.

El gobierno de Urquiza mantuvo la política de buenas relaciones con los indígenas del sur.

Luego de la revolución separatista del 11 de setiembre de 1852, las nuevas autoridades bonaerenses por medio mayor Baldebenito, intentaron atraer a Calfucurá como a Baigorria.

Aprovechando el desorden causado por la rebelión, y el sitio impuesto a la Capital por el general Hilario Lagos, Calvaiñ, Pichuiñ y Calfucurá habían lanzado en febrero un gran malón, que afectó sobre todo a los partidos de Lobería y Tres Arroyos.[108]

En 1854, definidas ya las posi­ciones entre los gobiernos de Paraná y Buenos Aires, la paz fue ajustada, Namuncurá, bautizado en el Paraná con el nombre de Manuel. Éste, tampoco se negó a tratar al mismo tiempo con Buenos Aires, procurando no comprometerse demasiado. Una comisión compuesta de varios caciques y capitanejos, entre ellos su hijo y futuro sucesor, Manuel Namuncurá, fue a la Capital para manifestar a las autoridades los deseos de las tribus de "completa paz y armonía con el Gobierno".

Mientras tanto, Baigorria rechazó el arreglo pacífico con el coronel Cruz Gorordo, uno de los jefes militares del norte de Buenos Aires.[109]

Durante ese mismo año, los gobernadores de Mendoza, Pedro Pascual Segura, y el gobernador de Córdoba, Alejo Carmen Guzmán, continuaron mante­niendo buenas relaciones con los naturales, visitado este último por Urquiza, quien en marzo de igual año, lo comisionó para que arreglase, en nombre de la Confederación, relaciones pacíficas con los caciques.[110]

El coronel Baigorria, arribó a Río Cuarto, el 8 de junio, acompañado por la delegación integrada por aborígenes y dos caciques enviados por Calfucurá, dos hijos de Pichún y representantes de Calvaiñ -el hijo y sucesor de Painé.

La entrevista se efectuó en la villa de Río Cuarto y en ella se estable­cieron las bases de la paz, agradecidos hacia Urquiza, ya que este había derrocado al "tirano argentino", no olvidando los sufrimientos de la guerra.

Se presentó un proyecto de ley por el gobierno de Córdoba a raíz de los gastos que traían la paz, este fue apoyado por Alejo Carmen Guzmán, en su nueva función como legislador, considerando que aseguraba los intereses de la frontera y garantiza­ba el tránsito por las vías públicas. El proyecto fué sancionado el 11 de enero de 1856.[111]

Consolidado el Estado separado de Buenos Aires frente a la Confedera­ción Argentina se escogió establecer las relaciones pacíficas con las tribus, sin perjuicio de continuar con sus proyectos de colonización de la frontera.

Para hacer frente a los gastos de las relaciones, cada comandancia dispuso de una "Caja de Indios". La cantidad de no fue siempre la misma, variando según las tribus, el interés del gobierno en las concesiones, aunque se intentó hacer uniforme el trato.

El deseo del gobierno era mantener a los indios amigos y fueran “a rancho” al igual que se había hecho con los del sur y los Blandengues, el 4 de junio de 1855 el Ministerio de Guerra de Buenos Aires, a cuyo frente estaba Bartolomé Mitre, lo hizo saber al comandante del fuerte 25 de Mayo, Antonio Llorente, este consideró que era necesario darles tres yeguas y una res vacuna diarias, y no solas tres yeguas como se venía haciendo, porque los hijos nacidos y criados entre los blancos no estaban acostumbrados a esa carne, aprobada esta consideración por providencia gubernativa el 21 de julio.[112]

Las iniciativas pacifistas llevadas acabo a través de los comandantes de los fuertes Argentino (Bahía Blan­ca) y Patagones, tenientes coroneles Juan Susviela y Benito Villar, respecti­vamente, y del sargento mayor Francisco Iturra, comisionado del primero, quienes a través de largas tratativas lograban la paz, la cual estaba dirigida primordialmente a los caciques principales de la región, el huilliche salinero Calfucurá, el puelche Catriel "el Viejo" y el ranquel Yanquetruz.

Susviela recibió a unos capitanejos de Calfucurá el 25 de abril de 1856 con quien arregló las paces y la condición que Iturra le mandase a su hijo Manuel y a un prisionero, simultáneamente el teniente coronel en recaudo dictó una circular el 20 de mayo.[113]

En igual tiempo, ViIlar y José María Bulnes mantuvieron conversaciones de paz con Yanquetruz. Villar, optimista, confiado en lograr un arreglo, convencido de que Yanquetruz no querría entablar negociaciones con Bahía Blanca, pidió instruc­ciones.

Las gestiones no transcurrieron sin dificultades, Villar y Yanquetruz intercambiaron cartas, pre­sentes y prisioneros, en señal de buena voluntad, hubo saqueo de haciendas, se realizaron en patagones parlamento donde el cacique ranquel propuso la paz. Villar convencido de que el cacique procedía de mala fe al enterarse que el comandante de de la guardia nacional Pedro García estaba tenido como prisionero, Yanquetruz al día siguiente, por medio de su secretario, pidió tabaco, caña y paño fino, dispuesto a retirarse. Villar, detuvo al secretario y dieciocho indios. García tomado como prisionero pudo escapar, el cacique se quedó con tres cristia­nos.

Los pobladores de Patagones, temerosos de las consecuencias, por intermedio del indio Ladiado, que Yanquetruz apreciaba, le enviaron una carta tres días después de la ruptura la cual se produjo el 2 de junio. Esto llevo a la recapacitación por parte de VilIar sobre la necesidad que tenía Patagones de la "paz a todo trance", a tal punto que la guardia nacional había cedido sus sueldos para sufragar los gastos de la negociación.[114]

Villar volvió a creer en el éxito, pidiéndole a Mitre que determinase la cantidad de raciones; los regalos, y la distinción que haría de los caciques, creyendo conveniente asignarles un suel­do, para tener ayuda con el enemigo Calfucurá.

Como comenta Levaggi, Mitre lo autorizó a "tratar de establecer una paz permanente", la gestión progresó y el 4 de agosto aunque aún no se encontraban formalizadas, Villar consideró "hechas" las paces. Yanquetruz le había dejado en rehenes a su hijo Chincaleo y a Juan Cayal, hijo de su segundo, el cacique Güinca-Gual, había devuelto a los tres cristianos que estaban en su poder y las setecientas cabezas robadas (500 ovejas y 200 vacas), y dado aviso oportuno de que la indiada de Reuque invadiría por el norte, como en efecto sucedió.[115]

El viaje de los emisarios, demando en vez de los cuarenta días previstos cinco meses, la principal causa de la demora fue la "abierta oposición a la paz" de los caciques "chilenos" Reuque, Sayhueque, Pailacan, Coloala y Güinca-Gual.

Valentín Alsina acababa de suceder a Pastor Obligado, y el general José Matías Zapiola al coronel Bartolomé Mitre, fue en mayo cuando el jefe ranquel llegó, el acuerdo se cerró con el nuevo gobierno el día 24 del año en curso, 1857.

El tratado no fue tan favorable para los ranqueles como lo había sido el celebrado con Catriel y Cachul, Yanquetruz fue nombrado comandante en jefe del territorio de la Pampa adyacente a Patagones, en clase de capitán con grado de teniente coronel y un sueldo mensual de 1.200 pesos, reconoció la cesión de Patagones y sus aledaños, hecha por sus antepasados al rey de España, y puso a disposición del gobierno una extensión aún mayor.

El jefe ranquel fue remiso en trasladarse a Valcheta, el tratado fue cumplido por Yanquetrúz, pero lo afectó el reemplazo de Villar por el coronel Francisco Fourmantin como comandante de Patagones.

Como comenta Levaggi, este fue un episodio oscuro, sobre el que no hay mucha información.

El ministerio de Guerra autorizó a la comandancia a celebrar nuevos tratados, con los caciques que lo solicitasen, previa aprobación gubernati­va, tomando por base el hecho con Yanquetruz.

Comisionado el sargento mayor Francisco Iturra para realizar la negociación con el cacique mayor del Sauce Grande, Juan Catriel "el Viejo", este, se canalizó a través del fuerte Argentino, quien estaba al frente era el teniente coronel Juan Susviela.

Iturra, el 17 de julio de 1856 persuadió a Catriel a celebrar tratos invitándolo a mantener una entrevista privada en el fuerte, este no pudo ir, ya que para esas fechas estaba esperando la llegada a Azul de el general Manuel Escalada, jefe del ejército de la frontera del Sur, con quien debería entenderse en asuntos de la paz.

Susviela en acuerdo con Iturra, despachó con instrucciones al capitán de Caballería José Quintana, al ofi­cial de la guardia nacional Laudelino Cruz, dos soldados y dos indios amigos, quienes luego de haber cumplido su cometido regresaron los primeros días de setiembre.

El 6 de setiembre se ajustó de manera oral un verdadero convenio, entre Catriel y los comisionados, luego ratificado por Quisel en el fuerte Argentino. El 13 de octubre el ministerio aprobó lo actuado. La providencia debía ser comunicada al general Escalada, ya que este era el encargado de ajustar las paces con Catriel.

La convención de paz entre el general Manuel Escalada y Catriel fue formalizada en Azul el 25 de octubre de 1856, la firma material del tratado, no la voluntad de cumplirlo fue resistida por los puelches en nombre de la costumbre, también hubo disconformidad por estos con el área de veinte leguas cuadradas que se les asigna­ba para que hagan sus correrías y boleadas a distancia del territorio poblado por los cristianos, estando sin acercarse a los caminos del Tandil a Bahía Blanca y Patagones hasta la costa del mar.

Había que promover la formación de nuevos pueblos de cristianos para que negociaran y comerciaran con los aborígenes, preocupados por los desembolsos, los auxilios irían disminuyendo a medida que estuvieran en condiciones de autoabastecerse.

Los límites ambicionados por Catriel y Cachul no eran aceptados por Escalada, el territorio que se le reconocía estaba aún en discusión.

El 15 de marzo de 1857 hubo una nueva entrevista con los dos caci­ques, donde se efectuó el arreglo definitivo de paz, estableciéndose temporariamente entre los cristianos el cacique mayor Catriel, su familia y una gran comitiva de caciques y capitanejos,  como señala Levaggi que, actos tan eufórico, sería porque el problema territorial había quedado resuelto de conformidad con sus deseos.

Según lo establecido por el acuerdo, veinte indígenas fueron empleados para trabajar en el establecimiento Carmen de Díaz Vélez.[116]

Transcurriendo el año 1857, a pesar de las mejoras en las relaciones con Catriel y Yanquetruz, Buenos Aires se vio invadido por Calvaiñ, Calfucurá, Coliqueo y Cristo.

Las autoridades buscaron acuerdos con esas tribus, a pesar de lo costoso que era, se cumplían los acuerdos realizados con el huilliche salinero Juan Calfucurá, como ser la entrega periódica de regalos. Escalada, valido de la intermediación de indios amigos, particularmente de Catriel y Cachul, con quienes estaba en tratos, intentó el acercamiento con aquél para resca­tar a las cautivas que tenía en su poder desde el inicio del año.

Luego de las invasiones hechas por Calvaiñ y Calfucurá -éste secundado por Coliqueo y Cristo- contra Pergamino y 25 de Mayo (Mulitas), respecti­vamente, al situación se agravó y el botín de Calfucurá pasó de las quinientas cautivas, y se le atribuyó carácter de represalia porque el gobierno retenía en calidad de rehenes a parientes de Cristo[117].

Las relaciones del gobierno de Buenos Aires con los indígenas no alcanzaban el nivel que tenían las de Paraná, a lo que llevo a Mitre para presionar a Calfucurá, prohibir que se le hiciese regalo y ordenó reducirlos a lo muy necesario, hasta que no se lograra la paz sólida y duradera.

Urquiza recurrió al presbítero Lorenzo O. Balmaceda, para convencer a las autoridades bonaerenses de la necesidad de la devolución de la familia del cacique Cristo, lo que era uno de los grandes obstáculos para el avance de las gestiones, a lo que Alsina seguidamente autorizó a Balmaceda a tratar con Cristo el rescate de todos los cautivos hechos por sus indios.

Solicitando la paz y prometiendo devolver los cautivos en su poder, a mediados de 1858 llegó al Azul el capitanejo Huenchuquir con una comitiva de nueve indios, mandados por Calfucurá, a lo que Zapiola recomendó la mayor vigilancia en toda la frontera sur, para evitar los posibles fines ocultos de la comisión[118].

En la frontera chaqueña, las relaciones carecieron de la intensidad y formali­dad que tuvieron en la región pampeana, cuyas etnias contaban con un grado de organización social superior.

Como señala Levaggi, el presidente de la Confederación, Urquiza, intentó lograr relaciones pacíficas con los indios del Chaco, además era necesario ya que se estaba gestando el proyecto de abrir un camino por la región, que comunicara directamente a las provincias del norte.[119]

Dadas las buenas relaciones del general Pedro Ferré con los indígenas situados entre el río Salado y Paraná, fue comisionado a fin de que negocie la paz, autoriza­do por el ministro del Interior, Santiago Derqui para contener las invasiones a Santiago del Estero, Córdoba y Santa Fe.

El 30 de abril, Ferré partió a entrevistarse con los tobas. El 14 de enero de 1856 el general Antonino Taboada se reunió en las Puntas de Aguará con nueve caciques, los que se comprometieron a poblar dichos puntos y vivir pacíficamente. Derqui le expidió las instrucciones, con el propósito de situarlos a las márgenes del Salado, en la provincia de Santiago del Estero, para que con la venta de la leña desti­nada al servicio de los vapores que surcarían el río, pudiesen vivir mientras crecían sus sementeras. Ese mismo día el 30 de diciembre, Taboada fue nombrado por decreto "comandante general de la nueva línea de frontera sobre el río Salado".

El 15 de abril de 1857, Derqui le confió la misión al gobernador de Corrientes, Juan Pujol, de lograr  un centro poblado sobre la margen derecha del río Paraná, frente a Corrientes, donde había estado la reducción de abipones de San Fernando del Río Negro y se conservaban aún algunas fami­lias, este era el punto elegido para lograr la organización, intentando fundar una reducción para hacer práctica la civilización de los indios del Chaco.

En 1857 el gobernador de Santa Fe, Juan Pablo López, declaró haber conseguido "conquistar la amistad de los indígenas, comen­zando por la devolución recíproca de los cautivos".[120]

En la frontera occidental, limítrofe con Salta, las relaciones estaban interrumpidas.

Tras haber explorado el río Bermejo y fundado una mi­sión de matacos, en 1856 el franciscano español José Puigdéngolas reanudó la obra evangelizadora, quien pidió al gobernador Martín Güemes cartas y algunos efectos para iniciar la empresa. El 26 de octubre de 1858 informó al gobernador haber conseguido la paz y amistad con los tobas.

Al año siguiente, el 3 de enero, una ley facultó a radicar indios en tierras fiscales bajo la direc­ción de misioneros. El 30 de noviembre de 1860 José Puigdéngolas fue asesinado por indios tobas cerca de La Cangayé.

La reducción no se pudo concretar hasta 1865, en que los franciscanos, en vísperas de la guerra del Paraguay, fundaron la de vilelas de San Buenaventura del Monte Altos.[121]

En combinación con la misión llevada por Urquiza en el norte, transcurriendo mediados de 1860, en la frontera pampeano-patagónica, Alfredo G. Seguí comandaba interinamente el fuerte de Patagones, pensaba recorrer las tolderías situadas en el río Negro así atraerlos a la paz, apartándolos de la invasión que se preparaba por el sur.

La relación no fue buena con el cacique araucano Benito Chigoleo, Chincolef, Chi­coleo o Chingoleo, hermano de Yanquetruz, a quien sucedió a su muerte en 1859, sin embargo, el gobierno de Buenos Aires suscribió un tratado ratificatorio del ajustado con su antecesor.[122]

El panorama de Paz en la frontera era favorable, algunos caciques que nunca habían querido hacer paces con los cristianos, prometieron tratados. Chigoleo creía posible hacer las paces con todos los caciques que esta­ban por el río Negro.

El 3 de julio de 1861, Chigoleo celebró un tratado adicional, solucionándose los problemas pendientes.

Orquera lo elevó al conocimiento del poder ejecutivo, el cual fue aprobado por el gobierno.

Entre mayo y junio de 1862, una partida de solda­dos de la guarnición de Orquera, quienes hallaron al sur del río Negro a veintidós indios ranqueles, de los que bajaban anualmente a Patagones para negociar. Los soldados mataron veinte y se apoderaron de cantidad de sus plumas de avestruz y tejidos.

La decisión que adoptó el poder ejecutivo fue que en son que se dejaba ver la actitud de negociar y no de robar por parte de los indígenas, no podía ser de carácter triunfante semejante alevosía, designando de sumariante a el segundo jefe, teniente coronel Eduardo Revilla.

Transcurriendo los años de 1860 la actividad diplomática de los naturales del sur y oeste bonaerenses, fue intensa, ajustándose varios acuerdos.

Uno de los pactos fue el realizado por la tribu de Pedro Melinao, acordando establecerse en Bragado, a quien por ley del 9 de setiembre de 1863 la provincia, le concedió la propiedad de las dos leguas cuadradas de tierra que ocupaban en ese partido, concedidas por la ley 474 sancionada el 29 de septiembre de 1866, y luego la 552, el 30 de setiembre de 1868, donde la provincia le concedió en propiedad, cuatro leguas más.

Señala Levaggi que no se registra el tratado ni tampoco referencias al mismo en la prensa de la época.

A fines de 1860 Melinao informó a Mitre del arribo al partido de una comisión con el objetivo de lograr la paz, enviada por el cacique Coliqueo, dirigida por su hermano, el capitanejo Lorenzo, y de su hijo, el arreglo establecido se ve plasmado en la asamblea legislativa del 30 de abril de 1861.[123]

Ni esa ley, ni otras semejantes, reconocieron a los indígenas un dere­cho originario de propiedad ya que siempre obraron la provincia y la Nación como legítimos dueños.

Los reclamos de los indígenas al gobierno por in­cumplimiento de sus compromisos, sobre todo los problemas derivados del racionamiento, comenzaron a ser constantes.

En 1870, requerido a Coliqueo un refuerzo de cincuenta indios para el fortín Guevara, exigió el cumplimiento de lo conveni­do por los tratados de paz. No podía obligar a sus indios a prestar servicio y, menos aún, castigar con severidad sus robos, como pretendía el gobierno.

Al año siguiente Coliqueo y Raninqueo hicieron el igual reclamo al jefe de la frontera Oeste, coronel Juan C. Boer.

En abril de 1861, Reuque o Reuque-Curá, hermano del jefe salinero y general de los campos del Norte, hizo saber a José alegaría Orquera, que se hallaba en disposición de man­dar a un hijo suyo a Patagones para entablar la paz, Orquera respondió afirmativamente, aunque la relación no progreso en ese entonces.

El coronel Ignacio Rivas persuadió al sobrino de Calfucurá, Juan Catriel para lograr la paz. Las gestiones se reanudaron, Calfucurá, Catriel y Cachul enviaron sus comisiones acompañadas por el sargento mayor Juan Benito Hubó, presididas por Millacurá, hijo del primero.

Según el diario La Tribuna, a fines de junio emprendieron el retorno los comisionados, "plenamente satisfechos y completamente regalados y equipados por la liberalidad del Gobierno".

Igual diario, redacta que un mes después llegó a Bahía Blanca Antelef, de parte de Calfucurá, para "manifestar la paz que había hecho con el Gobierno".[124]

En agosto de 1862 representantes de Huincabal y de otros caciques chilenos y pampas salieron de Patagones hacia la Capital para ofrecer la paz y sometimiento al Gobierno.

Al año entrante, el coronel Rivas, realizó un convenio para asegurar la frontera y lograr la paz a cambio de sueldos a los caciquillas y a los capitanejos, vicios de entretenimientos y carne, con el cacique Lucio

Orquera, fue relevado de su cargo por haber faltado a su palabra a uno de los amigos queridos por Mitre como lo era Valentín Sayhueque O Shaihueque, hijo de Chocorí, quien integraba el pacto celebrado por su primo Chigoleo el 10 de mayo de 1859.

El 8 de octubre asumió nuevamente la comandancia el teniente coronel Julián Murga, lo que ocacionó contento en el cacique manzanero quien man­tenía la paz con Patagones. Murga y Sayhueque formalizaron entre sí un tratado el cual marcó el comienzo de una nueva tendencia, rompiendo el equilibrio entre las partes contratantes.  

Murga también logró acuerdos con Inacayal o Quincabal o Huincabal -representado por su hijo Nacayal-, quien además tenía poder de varios otros caciques, se firmó en presencia de Chicoleo.

El cacique Chagallo Chico y en su nombre su hijo José María Chagallo, viajó a Buenos Aires para saludar al presidente Mitre, con quien el 23 de setiembre suscribió un tratado similar al establecido con Sayhueque.  

Mientras tanto en Bahía Blanca, el Comandante José Albino Llano pudo lograr el tratado con Naupichú, el 18 de diciembre de 1864, la gestión, de este último estuvo a cargo de su hijo Juan, el capitanejo Juan Leji, un indio soldado y un lenguaraz. ­

Otra tribu fue la de Railé, sometida al gobierno, ocu­paba unos campos en Bragado y debía ir a poblar la zona conocida con el nombre de Las Tres Lagunas, lograron conseguir a fines de 1863, la licencia de permanecer donde estaban y gozaban de sueldo, sólo una tercera parte realizaba el servicio.

También durante la presidencia de Mitre, se renovó el proyecto de comunicación entre las provincias del norte a través del Chaco.

La personas elegida fue primero, otra vez el brigadier general Pedro Ferré, senador por Corrientes y el 7 de enero de 1864 el ministro del Interior, Guillermo Rawson.

La misión contaba con el proyecto del camino y de la fijación de la frontera norte de la República, se intentaría la conquista pacífica del Chaco y la civilización de sus moradores[125].

Al poco tiempo, el 29 de febrero de 1864, Ferré ya había celebrado el convenio con varios caciques para la apertura del camino transchaqueño.

A fines de ese año, el poder ejecutivo comisionó al comandante general de la frontera Norte de Santa Fe, Leopoldo Nelson, para celebrar tratados con los aborígenes de la región, enviada la comisión regresó al año siguiente acompañada del cacique principal Mariano Salteño, de los caciques José Santos y Juan Ca1chiquí, tropa y familiares, quienes fueron acompañados por el mismo Nelson a la ciudad de Santa Fe para conocer al gobernador.

Patricio Cullen, manifestó su deseo de que se reduje­sen en Cayastacito, quienes aceptaron a cambio de yeguadas, vicios, ropa, etc[126].

Los esfuerzos para reducir a las tribus continuaron en los años siguien­tes.

El ministro del Interior, Eduardo Costa, durante su permanencia en Santa Fe como interventor federal, había hecho tratados con Mariano Salteño, Valentín y otros caciques.

La situación de las reducciones era precaria. Unos meses después el número de reducidos llegaría a casi trescientos, Cabal anunció la reducción de la tribu más nume­rosa de "Espineros" y la promesa del cacique Mariano de traer a todos los que se habían internado en el Chaco, se hicieron acuerdos, se fijaron el lugar de su asentamiento, se precisaron las racio­nes que iban a recibir y, probablemente, útiles de labranza.

Como señala Levaggi, no hay huella de escritura de estos acuerdos siendo comparable con los tratados que contemporáneamente se celebraban en la frontera sur. “Estos, sólo en la década del 70 entraron en crisis, mientras que aquéllos padecieron desde el comienzo del período de una anemia pronunciada, proporcional a la debilidad de las comunidades indígenas respectivas”.[127]

Mientras tanto en la frontera pampeano-patagónica, las Relaciones entre el gobierno de Mendoza y los naturales de Malargüe que obedecían al cacique Traipan o Fraipan habían provocado rupturas hacia 1862, sublevados por un alférez,  antiguo pincheirano de apellido Vallejos.

Muerto Fraipan, entre fines de 1864 y principios de 1865, los malargüinos eligieron a Antonio Acuyanao, quien se presentó en la comandancia para solicitar su despacho de cacique, el comandante de San Rafael Yrrazábal trasladó el pedido al gobierno de Mendoza.

Las provincias de Córdoba, San Luis y Mendoza y el gobierno nacional intentaron arreglos con Panghitruz­Guor o Mariano Rosas (luego de ser apadrinado por Juan Manuel de Rosas) era el jefe ranquel de Leuvucó, quienes habían apoyado a Urquiza.

El 6 de febrero de 1863 el gobernador de Mendoza, Luis Molina, le propuso paces. Simultáneamente, Mariano estaba en tratos con el gobierno de San Luis, que presidía Juan Barbeito, con quien tenía deseos de hacer la paz y con Justo Daract a quien el general Wenceslao Paunero, en nombre del gobierno nacional, le confió la misión de hacer acuerdos de paz con los indios, luego abandonadas.

Sorprendiendo a Mitre, el cacique se consideró sin compromisos y atacó varios puntos de la provincia[128].

El 24 de mayo de 1865, finalmente el trata­do se firmó, con el general Emilio Mitre, representado por el coronel Manuel Baigorria, comandante general de la frontera Sur de Córdoba, y Mariano por el capitanejo Curuan. Ratificado por el jefe ranquello el 18 de junio de 1865 en Leubucó.

El mismo día, el coronel Baigorria celebró otro tratado, con el cacique Manuel Baigorria, alias Baigorrita, representado por el capitán Cayupan.

Señala Levaggi que los rasgos novedosos de esos documentos era “la invocación a Dios, cuya maldición se prevé para caso de perjurio; la declaración del gobierno de no tener interés alguno en destruir a las tribus y, en cambio, el deseo vehemen­te de atraerlas "por medio de la dulzura y de la persuasión" a formar parte del pueblo argentino; y la designación de los caciques principales como comisionados para la observancia de los tratados. Resultan más favorables para los indígenas que los anteriormente convenidos con las tribus de Patagones y Bahía Blanca, a causa de la importancia de sus jefes. Los ranqueles no asumieron obligaciones militares a cambio de los sueldos y raciones”[129].

Los meses que continuaron, el nuevo gobernador de San Luis tuvo tratativas con Mariano, ya que la provincia había sido invadida varias veces.

A la Nación, le interesaba y principalmente a la provincia de Buenos Aires, la separación e independencia de los caciques.

Así aspiraban a situar sus tolderías en el arroyo de Frías, en las cercanías de Bahía Blanca los capitanejos Luis Gorosito y Juan López en nombre de los caciques pampas Cañumil y Pedro Guayquil, separados de Calfucurá.

El "Encargado de las Comisiones de Indios" era Juan Cornel, quien sugirió que fuesen admitidos en el arroyo de Frías, el poder ejecutivo, accedió a la petición de los indígenas en cuanto al lugar del asentamiento, pero se reser­vó tratos luego de arreglada la separación definitiva. Se entregaron una casa de comercio entregaría, "por vía de regalo", cien yeguas a Cañumil y cincuenta a Guayquil, y en la misma proporción yerba, azúcar, galleta, fariña, tabaco y papel.

Marcharon a Buenos Aires comitivas de ambos caciques acompañadas del teniente Octavio Serantes.

El convenio se formalizó en diciembre de 1864, luego de la entrada de Guayquil en la comandancia de Bahía Blanca. Este arreglo fue llevado por Llano al gobierno para su aprobación, el cual fue desaprobado, mientras delegaciones de Guayquil y Calfucurá pidieron en Bahía Blanca la libertad de los aborígenes detenidos en esa comandancia, y franquicia para continuar con su comercio.

El tratado con Cañumil se concretó el 25 de setiembre de 1865, las bases esta vez fueron aprobadas y ratificado por Cañumil en Bahía Blancal.[130]

Siguiendo con esta política de tratados, hizo que tribus como los tehuelches, algunos vinculados con la colonia galense establecida en Chubut, se acercaran en fin de buscar convenios.

El tratado fue ajustado por Juan Cornel quien era el Jefe encargado con los tehuelches France´s o Francisco y Casimiro Biguá y otros, en Buenos Aires el 15 de julio de 1865, se destaca de este tratado las cláusulas por las cuales los tehuelches cedieron sus tierras al gobierno nacional y se constituyeron en sus súbditos, compro­metiéndose a custodiar la colonia galense y pacificar las demás tribus de su misma nación.

Luego de la muerte de Francés o Francisco es sucedido por Chiquichan, a pesar de las quejas recibidas en 1867 por varios de sus indígenas (Uais'ho, Quilcham, Chichcocum, Francisco, Yeluc y Bisel) porque no recibían el subsidio de yeguas, vestidos y víve­res prometido, un informe de la contaduría general del 27 de octubre de ese año de 1867 incluye a la tribu de Francés entre las que recibían raciones en Patagones, estas igual forma consistían en muy pobres.

El 5 de julio de 1866, a cargo del comandante de Marina, Luis Piedra Buena, se concertó el segundo tratado con los tehuelches pertenecientes entre el Chubut y el estrecho de Magallanes, por se creó la colonia Tehuelcha en el puerto de San Gregorio sobre el estrecho Magallanes.

Señala Levaggi, que en ambos documentos, se afirmación la sobe­ranía argentina sobre la Patagonia, y  la evangelización de los naturales de acuerdo con la Cons­titución Nacional.

Los caciques Quiñifero (jefe de los quirquinchos), Andrés y Quentriel, realizaron gestiones para lograr la paz, estas fueron concertadas con el teniente coronel Julián Murga.

Con el primero de los caciques se propuso situarse en la segunda Angostura para vigilar el campo a órdenes de la comandancia a cambio de vestuario y raciones, un sueldo mensual de seiscientos pesos para él, doscientos para el capitán, y para sus indios lo mismo que ganaban los de Chigoleo.

En 1865 fueron detenidos dos hijos de Calfucurá, un cuñado, otros parientes y capitanejos, por el comandante en jefe de las fronteras del Sur y Costa Sur, el coronel Benito Machado el motivo era que se le atribuía a este una invasión por la parte del centro y el rapto de ocho cautivas. La idea era que una vez conseguido el rescate, enviar una comisión a Buenos Aires para cele­brar nuevos tratados, con Calfucurá

A comienzos de 1866 el mayor Alvaro Barros, ascendió en abril a teniente coronel, mientras que Benito Machado asumió la jefatura de la frontera del Sur, asentada en Azul, meses después cuando Machado tuvo que entregarle el mando a Barros, solicitó al gobierno autorización para continuar las negociaciones con Calfucurá, lo cual fue otorgado y notificado a Barros[131], quien envió una carta que logró que el poder ejecutivo decida que Machado le transfiriese a Barros la comi­sión.

Al recibir el mando, Machado le presentó al pampa Quentriel, un ex cacique de Calfucurá, quien pretendió ser admitido; Barros creía que no era conveniente por los gastos que le ocasionaba al Estado el aumento de raciones y que estas no obligaban a la fidelidad, proponiendo reducirlos y derivar esos recursos al incremento y provisión del ejército, no aceptado esto por el gobierno el cual decidió la solución amistosa.

El 20 de agosto, a pesar de los obstáculos de las tribus amigas, de los caciques Chipitruz y Calfulquil, Barros tuvo una reunión con Reuque-Curá quien buscaba relacionarse con el gobierno, ratificando el deseo de relaciones de paz, se le otorgó autorización para enviar una comisión a Buenos Aires, encabezada por el hijo de Calfucurá, Bernardo Namuncurá, quien el 12 de octubre firmó en Buenos Aires dos tratados uno en representación de su padre y otro en la de su tío, estos eran casi iguales donde el gobierno se colocó en una posición de superioridad política.[132]

Todos estos compromisos asumidos llevaban a grandes gastos económicos, los cuales comenzaron a ser una preocupación para el gobierno lo que fue culminando en retrasos y falta de pagos.

El 31 de junio de 1868, el poder ejecutivo dicta un decreto frente a las críticas que suscitaba el sistema de raciones, otorgando una persona en representación de Gobierno, inspeccione, con arreglo a los contratos celebrados, los artículos que entreguen los pro­veedores para el racionamiento de las tribus amigas de la Frontera Sud de Buenos Aires y Norte de Santa Fe y Córdoba, haciendo a la vez la distribu­ción correspondiente a los caciques según los acuerdos existentes, las personas fueron Fermín White encargado de "las veces de la Comisión Inspectora del racionamiento a las tribus amigas de la Frontera Sud de la Provincia de Buenos Aires” y a Carlos B. Seguí para las mismas funciones en las otras fronteras, ambos con la compensación de cien fuertes y bajo la dependencia de la comisaría de Guerra.[133]

Barros proponía ya antes de 1869 que el racionamiento debía darse en dinero y no en especie, contrariamente el contador Vivas dictaminó que se continuase con el sistema estable­cido, sosteniendo que este sistema ofrecía mas garantías.

El gobernador Emilio Castro transmitió al gobierno nacional el proyecto de reforma que la Sociedad Económica de Azul, fundada en 1870, presentó a la Sociedad Rural Argentina en la cual estaba incluida la elección cada año hecha por los indígenas, del inspector de raciones.[134]

El gobierno del presidente Sarmiento intentó acuerdos que ya desde la presidencia anterior, estaba en conversaciones con el cacique araucano Lemunao o Limonao el subcomandante militar del fuerte de Patagones, mayor Mariano Ruiz.

El l0 de julio de 1868 se firmó un proyecto de tratado, supeditado a la aprobación del poder ejecutivo y de los capitanes de la tribu, este tratado permitía la ocupación de Choele­Choel, cortandose a Calfucurá el paso para conducir sus robos a Chile.

Aprobado por los capitanes de Lemunao, dos hijos de éste viajaron a Buenos Aires para concluir la gestión, Henychal y Mariano Ruiz.

El documento fue firmado por el presidente, con el refrendo de su ministro de Guerra y Marina.

En las décadas de 1860 y 1870 abundaron los proyectos sobre la frontera interior, la política que se planteaba era continuar con los tratados o terminar con quienes se negasen, ocupando su territorio[135].

Nicasio Oroño fue uno de los estadistas que más interés puso en el asunto, su postura era la necesidad de emprender una acción enérgica abandonando la política defensiva y tomar la ofensiva, planteando el sometimiento incondicional o el desplazamiento al sur del río Negro. La paz la creyó posible bajo las bases del reconocimiento por parte de los naturales de la propiedad del territorio que ocupaban, que fuesen capaces de cultivar, con prohibición absoluta de enajenarlo a particulares.

Hubo un fuerte predominio de la idea de la colonización, la necesidad de poblar la frontera, sustituyéndose fortines por colonias, estas ideas también fueron sostenidas por el santafesino, José Francisco López.

La ley básica, la 215, aprobada el 13 de agosto de 1867 con la iniciativa del senador por San Luis, Juan LIerena, por la cual se llevaba la frontera interior austral hasta los ríos Neuquén y Negro, el ejército ocuparía las riberas septentrionales de esos ríos y  las tribus serían forzadas a reducirse o arrojadas al sur.

Durante la sesión, en desacuerdo estuvo el senador Tadeo Rojo quien se negaba a que se reconociera a los natu­rales derecho originario alguno, cuando la provincia de Buenos Aires les había "vendido, donado o cedido" las tierras, sosteniendo que estos debían ser tratados como corporación civil, no reconociendo los derechos políticos o interna­cionales,  llevando a que LIerena suprimiese del proyecto la palabra "tratado" y, en su lugar, se pusiese "convenio".

Como señala Levaggi, prescindiendo del texto propuesto por la comisión especial de la Cámara de Diputados en 1872, este es el único proyecto específico presentado en el Congreso fue al año siguiente, en  1868 por LIerena el cual era comple­mentario del anterior.[136]

Llerena sostenía que el art 67, inc. 15, de la Constitución llevaba a que sea necesario se dictasen algunas leyes y reglamentos para hacer efectivas las relaciones con los indios.

El proyecto fue aprobado en general, y en particular hasta el art. 5, inclusive, el arto 6, el cual versaba sobre organizar un gobierno en las tribus, fue opuesto por el catamarqueño Angel Navarro y del santafesino Nicasio Oroño, el cual fue retirado.

El artículo 7, el cual trataba sobre los rehenes y las garantías, fue también opuesto por  Navarro, siendo igualmente aprobado este artículo, no corriendo igual suerte el resto, igualmente el proyecto de Llerena quedó detenido en la instancia de la Cámara de Diputados.

El 12 de octubre de 1868, Mitre es sucedido por Domingo Faustino Sarmiento sus ideas sobre el problema indígena era la colonización del río Negro entre Patagones y Choele-Choel por medio de colonias militares, otorgándoles subsidios en yeguas y vestidos, y salarios a los jefes.

Desde 1868, frailes del Colegio Apostólico de "Propaganda Fide" San Francisco Solano de la villa de Río Cuarto entablaron relaciones con los ranqueles, renaciendo esas relaciones a favor del gobierno nombrándose prefecto el misionero italiano Marcos Donati, el cual recibió orden expresa que concertara un tratado de paz y prontamente, invitó a Mariano a que le mandase una comisión de caciques y que devolviese a Massías, a quien retenían los indígenas, la comisión no fue enviada por la negativa de el jefe mientras él no despachase una a los toldos, a gestión de paz no progresaba, a lo que resolvió el prefecto hablar personalmente del asun­to con Sarmiento y Nicolás Avellaneda, presidente de la República y el ministro de Justicia, Culto e Instrucción Pública. El resultado de esto fue la resolución gubernamental del 26 de diciembre de 1868 por lo cual el gobierno lo subvencionó  mensualmente con  cuarenta pesos fuertes.

El 28 de diciembre es nombrado en destitución de Elía al coronel Lucio Víctor Mansilla, quien el 16 de enero en Río Cuarto, facultado para cele­brar tratados con los indios y proporcionar lo necesa­rio para el viaje que intentaba emprender a Leuvucó, consiguiendo apoyo de los gobernadores de Córdoba y San Luis, el cual no fue concedido. En ese momento el general Arredondo, comandante general de las fronteras Sur de Córdoba, San Luis y Mendoza, quien era partidario de organizar una expedición a las tolderías y sacudir a sus habitantes.

Para probar el deseo de arribar a la paz, Mariano Rosas había mandado cautivos de regalo, en opinión de Massías, según la costumbre, al gobierno le correspondía dar pruebas seme­jantes

Mansilla había enviado una comisión, el diálogo entre Mansilla y el cacique ranquel no se interrumpió. Pasaron tres meses y aún Mansilla esperaba la respuesta el fundamento de la demora eran las consultas que el cacique debía realizar.

Al igual que a Baigorrita, Mansilla, lo invitó, a despachar una comisión para arreglar los preliminares de paz la cual sería recibida en Santa Catalina, al sur de Río Cuarto.

La desconfianza existía lo que llevo que acepte con condición que antes Mansilla despachase a su propia comisión. Se envió así al teniente Gabriel Baigorria y al soldado José Guzmán, quedándose el indio Coche en calidad de rehén, hasta el regreso del teniente.

El cacique decidió dirigirse directamente al presidente para observar sus deseos de paz, las bases de Mansilla fueron aprobadas por el poder ejecutivo.

Transcurriendo los primeros días de enero (6 y 7) de 1870, el capitanejo Achauentrú, hermano de Mariano Rosas, quien iba en representación de Mariano, Baigorrita, Yanquetruz y Ramón llegó al fuerte Sarmiento, Mansilla comisionó al capitán Martín Rivadavia y al teniente José Mansilla. Fray Miguel V. Burela actuó como consejero de Achauentrú.

Las bases convenidas fueron llevadas a Río Cuarto el día 22, devolviéndose seis cautivas.

Señala Levaggi, que este fue el tratado más completo de todos los celebrados hasta entonces ya que contenía el mayor número de cláusulas, evidenciando la participación del fray Burela en su redacción por la invocación religiosa y las cláusulas relativas a la evangelización y como novedad poseía el carácter temporario de cinco años, con posible renovación.[137]

El al ayudante Demetrio Rodríguez, fue despachado por Mansilla a Buenos Aires para que pusiese el tratado en manos del ministro de Guerra.

El 26 de febrero Sarmiento, con el refrendo de Martín de Gainza, promulgó el decreto por el cual se aprobaban las bases debiendo ser sometido al Congreso para su ratifica­ción y canje, fue el primer tratado con naciones indígenas so­metido al Congreso.

El tratado no fue aprobado por el Congreso a causa de la ley 215 y la 385 de 1867, ya ordenaba extender la frontera hasta el río Negro, contradiciéndose con la cláusula que impedía el avance de los fortines.

En el sur de Santa Fe, se produjo una invasión falsamente acusados por el general Emilio Mitre los ranqueles, esta acusación fue desestimada el jefe de la frontera, y el informe de Mansilla que comentaban que Mariano Rosas, en realidad había anunciado la invasión, y esta debía atribuirse a la tribu de Calfucurá.

Mansilla con autorización de Arredondo quien se encontraba en la villa de Merce­des, San Luis, partió en viaje el cual este último lo consideró útil porque le permitiría levantar un croquis del camino a Leuvucó por la laguna del Cuero, su comitiva estaría formado por los franciscanos Donati y Moisés Alvarez, sus oficiales y algunos asistentes, intentaba visitar a los caciques Mariano, Baigorrita, Ramón, Yanquetruz y Epumer en sus toldos, quedándose como rehenes un hermano del cacique Ramón en Río Cuarto, y el "cacique" Achauentrú, varios caciques y lenguaraces en el fuerte Sar­miento.

El 30 de marzo partie­ron del fuerte Sarmiento, llegaron a la toldería de Mariano Rosas. Hubo dos juntas cerca de los toldos de Baigorrita: una en Añancué, con Mariano, y otra en Quenque.

De la junta grande participaron Mariano y Baigorrita, igualmente, como señala Levaggi haciendo referencia a Donati, poco duró el tratado de Mansilla, los desagrados fueron debido a que los ranqueles se enteraron que estaba suspendido desde el 9 de abril por motivo del proceso que le seguía el ejército y además las raciones no fueron recibidas correctamente ya que el Congreso no aprobaba el tratado.[138]

Durante ese igual período, Julián Murga, comandante provisorio de la frontera Costa Sur, Bahía Blanca y Patagones, inició las negociaciones con Miguel Linares y con Calfucurá.

El cacique Miguel Linares, ex subordinado de Yanquetruz, previas conferencias con los suyos formó un petitorio para los gobiernos nacional y de la provincia de Buenos Aires, en este puede marcarse el deseo de conservar la costumbre indígena. Este fue apoyado por Murga quien lo elevó al  procurador del Tesoro, Ramón Ferreira, años después, figuró Linares en documentos oficiales como amigo del gobierno, sargento mayor y jefe de los campos de Patagones.

En lo que respecta a las negociaciones con Calfucurá, la intención no era hacer una paz perpetua, sino, ganar tiempo para fortalecer su posición militar. La guerra declarada por el huilliche había sido en represalia por el ataque del comandante de Bahía Blanca, teniente coronel José Albino Llano, a los toldos de Cañumil, violando el tratado del 25 de setiembre de 1865, esto fue interpretado aunque Cañumil se había separado de Calfucurá.            .

Murga autorizado por el gobierno, comenzó a realizar tratativas, esperaba reunirse con la comisión indígena en Patagones. Ofrecería reanudar el racio­namiento.[139]

El jefe del Azul le retenía diez indios a Calfucurá, que se negaba a devolverle si no le daba más cautivas, cuando ya le había entregado todas, y le adeudaba las raciones. Calfucurá se negó a tratar con Llano, pretendiendo que renunciase a la comandancia de Bahía Blanca, a lo que Murga accedió.

En 1870, transcurriendo los primeros días de diciembre se efectuó en Bahía Blanca la reunión entre Murga y los comisionados de Calfucurá, se concertaba el olvido del pasado y debería ir a Buenos Aires para arreglar el tratado definitivo.

Recibidos los artículos por el brigadier general Mitre, se los pasó al ministro de Guerra y al contador Francisco Vivas quien destacó que la ley de presupuesto sólo asignaba dos mil pesos fuertes mensuales para las racio­nes a Calfucurá, los que eran insuficientes, dados los aumentos habidos en los costos.

Mitre intentó que Murga adecue los gastos al presu­puesto. El general Ignacio Rivas, inspector y comandante general de armas, resolvió que se le diesen solamente mil vacas, y que las raciones pendientes se distribuyesen entre Namuncurá, Quentré y Antemil.

Mientras tanto, Calfucurá continuaba otras gestiones por la frontera oeste, prometía no invadir esa frontera y dar aviso de malones, ante su jefe, el coronel Juan C. Boer, a quien le envió en noviembre de ese año a su capitanejo Rallén al fuerte General Paz así mantendrían la reunión, en esta participaron Coliqueo y Raninqueo.

Mes después, tres capitanejos: uno en representación de Calfucurá, otro en la de Namuncurá y el tercero en la de Huenchuquir, anunciaron a Boer que Namuncurá deseaba realizar gestiones de paz.

Las necesidades de las tribus no fueron satisfechas y dos años después, el 5 de marzo Calfucurá saqueó establecimientos rurales e hizo cautivos al entrar en los partidos de General Alvear, 25 de Mayo y Nueve de Julio, luego derrotado en las cercanías del fuerte San Carlos por el general Ignacio Rivas, secundado por Coliqueo y de Cipriano Catriel.[140]

Las negociaciones continuaron, cuatro meses después el gran cacique se quejó e hizo saber sus pretensiones de paz no solo con él sino, también, con sus "hermanos" Mariano Rosas y Baigorria[141], envió a Buenos Aires a uno de sus hijos y a Cañumil.

El plan de Martín de Gainza, era basado en la diplomacia, aprovechando el estado de necesidad el cual debía ser fomentado para lograr la sumisión.

El 3 de junio del año siguiente murió cerca de General Hacha, en su toldo de Chilli-Hué el cacique huilliche. La autoridad fue sucedida momentáneamente por un triunvirato, asumiendo luego uno de sus hijos, Manuel Namuncurá, quien solicitó paces y enviando una delegación, mientras el se dirigió a Aneiros para comunicarle sus pretensiones y pedirle dinero y la libertad de los indios prisioneros.

Las paces fueron fracasadas, provocando la guerra en toda la frontera.

En 1870, luego de terminada la guerra con el Paraguay, comenzó la conquista del Chaco, con sus respectivas relaciones diplomáticas.

La primer misión fue realizada por el jefe del regimiento "Nueva Crea­ción", el teniente coronel Napoleón Uriburu,  quien el 11 de marzo de ese mismo año,  partió desde Jujuy, para entablar relaciones de paz con las tribus de matacos, tobas, chunupíes, etc., a pesar de haber realizado la paz con ocho tolderías y además con los principales caciques matacos cerca de la unión de los ríos Teuco y Bermejo, sin correr con igual suerte con los tobas, esta expedición no tuvo su plasma en tratados.

Así concertó arreglos de paz y logró reanudar los trabajos en los establecimientos agrícolas de la frontera, regalándole a cambio mercaderías y recomendando al gobierno de Salta que los racionase con carne a su regreso, acordado esto con los ocho caciques principales, entre ellos Mulato, Francisco, Ciriaco, Fortunato y Manco.

Transcurriendo igual año, el 20 de julio, en la realización de las gestiones del comandante general de las fronteras Norte de la República, coronel Manuel Obligado mantuvo conversaciones de paz con  el cacique Pedro Antonio Guampa.

El tratado se firmó en el fuerte General Belgrano el 16 de octubre, seguidamente mientras el tratado era elevado para la aprobación, desde el día que acampasen en Cayastá, a la orden del jefe de la frontera Norte de Santa Fe se los racionaría, y censarían. Al poco tiempo, Obligado denunció que no se habían trasladado a Cayastá y que habían realizados seguidamente ataques lo que culminó en la muerte de Pedro Antonio Guampa y otros.

Dos años después el 30 de diciembre, se firmó un tratado entre Obligado, comandante de las fronteras Norte con algunos caciques en el campamento de la Rinconada, entre ellos Mariano López Lancha, Ventura Cisterna y otros. Este fue similar al anterior firmado también por Obligado, quien pasado los cinco meses esperaba la aprobación por parte del ejecutivo ya que los indígenas esperaban los ejemplares. El tratado no fue del todo próspero ya que la tribu de Mariano López Lancha fue la única que cumplió sus compromisos con el Gobierno.

Seguidamente las tribus consideradas más guerreras ya que invadían su frontera eran las de los caciques Roque y El Dorao, las cuales se acercaron para tratos de paz.

Preocupando el hecho que tanto las autoridades como los subalternos salteños, como si los in­dios, incluso los del Chaco, estuviesen bajo su jurisdicción, creyesen autorización como para hacer tratados, conceder terrenos, etc. A fines de ese año, se autorizó al coronel Uriburu, que estaba al frente de la comandancia de la frontera de Salta, a firmar tratados con los indios que vivían de fronteras afuera, limitándose a las autoridades locales a vigilar que los indios no fuesen maltratados, haciéndose valer las garantías constitucionales.[142]

Mientras tanto en la frontera pampeano-patagónica, las relaciones con los ranqueles cada vez eran  más complicadas, las gestiones de paz encargadas a Arredondo las había delegado en fray Moisés Alvarez, el cual acompañado del fraile italiano Tomás María Gallo decidió inter­narse Tierra Adentro, estos partieron de Río Cuarto hacia Leuvucó el 14 de septiembre para negociar la paz solicitada por los caciques entre ellos Mariano Rosas y Baigorrita.

El 20 de octubre se firmó un nuevo tratado con los ranqueles en Poitahué, ese día fue decidido luego de juntarse algunos capitanejos, entre ellos Yanquetruz y Cayupan, que eran los principales. El tratado fue aceptado y rechazado en algunos artículos por Mariano, quien no se sentía ciudadano de la República Argentina y solo quería vivir en paz.

Se redujeron el número de cautivos que debían devolver los indios, y se mantuvieron las entregas en dinero y en yeguas. No fueron privados rapidamente de las tierras situadas al sur del río Quinto, el gobierno no se comprometió a respetar la línea de frontera. La duración pactada fue de seis años.

El 6 de diciembre fue aprobado por Sarmiento.

Nuevamente al año siguiente los inconvenientes suscitaron, los ranqueles se aliaron con los pampas para llevar una invasión general[143]. Mariano Rosas descargó toda la responsabilidad en Baigorrita. Ambos caciques incluido Cayupan, al año entrante, enviaron comisiones para revalidar los tratados de paz interrumpidos ofreciendo rehenes y devolviendo cautivas.

Los franciscanos cansados se quejaron de la conducta de los indios, hasta 1880 en que el jefe principal de esas fronteras, Julio A. Roca, ordenó que no tome participación en las reducciones de los indios, a excepción de bautizarles y enseñarles la doctrina cristiana. Estos se dedicaron a la redención de cautivos, las reducciones duraron poco, entre 1880 y 1885, aquellos súbditos de Baigorrita quienes abandonaron la Pampa se instalaron en el fuerte Sarmiento, otro cacique hizo lo propio en las proximidades del fuerte Tres de Febrero, y algunas familias se reunieron en Totorita, cerca de la villa de Mercedes.

Entre los arroyos de Tapalqué y Azul, a mediados de 1870, el coronel Francisco de Elía, comandante general de la frontera Sur llega a Azul, realiza una entrevista con Cipriano Catriel, hijo mayor y sucesor luego de la muerte de su padre Catriel "el Viejo", cacique pampa.            .

Luego de denuncias realizadas por los hacendados a Elía contra algunos indios por robos de ganado, este los convocó el 9 de octubre a una reunión general, donde Catriel impartió órdenes para la captura de los ladrones y desobedientes como lo eran los luego sometidos Manuel Grande y Ramón López.

Seis días después se concretó una segunda reunión.

Una vez más, hubo dificultad en la entrega de raciones, a lo que se sumó que debido a cuestiones particulares el comisario del Azul, apresara a algunos pampas, ya que Catriel creía que en dichas situaciones la comisaría debía dar parte al jefe de la frontera y a él  para juzgar y castigar.

La relación entre Catriel y Elía cada vez era mejor a punto de luchar juntos contra Chipitruz, Calfuquir y Manuel Grande, además de participar en la batalla de San Carlos, contra Calfucurá, lo que se le otorgó al cacique pampa el uniforme de general de división.

Las indiadas se separaron, Emilio Castro, Manuel Grande y Chipitruz se negaban a someterse nuevamente a Catriel, en 1872 el diputado José María Jurado, socio de la Sociedad Rural Argentina, presentó en la Legislatura un proyecto de distribución de tierras.

Se otorgaron a Catriel y su tribu veinte leguas cuadradas del partido de Azul por la ley de concesión en propiedad que fue sancionada por la provincia el 22 de noviembre, estas serían distribuidas sin poder ser enajenadas por diez años, pasado este, sólo con autorización gubernativa.

Durante 1874, Cipriano Catriel, se unió a la revolución contra el gobierno nacional, conquistado por Bartolomé Mitre, una vez vencidos fue apresado y entregado a quien había luchado en el bando contrario, su hermano Juan José Catriel, quien lo mató pasando a tener el cacicazgo de la tribu pampa.[144]

Durante ese mismo año, el gobierno comenzó a tener inconvenientes para entregar a las comunidades amigas de patagones las provisiones prometidas, lo que llevo a que mediante órdenes impartidas por el ministerio de Guerra, el teniente coro­nel Liborio Bernal arregle de nuevos tratados con Quempil y Jaucamil, y otro con Juan Nancucheo. En ambos las cláusulas se repiten, salvo algunas del se­gundo que no figuran en el primero, coinciden ambos en el reconocimiento del cacique y jefe de los campos de Patagones a el sargento mayor Miguel Linares, vincu­lado desde 1869 por acuerdos,

Mientras tanto en la frontera oeste de Buenos Aires, al mando del coronel Francisco I. Borges, llegó al fuerte General Paz en febrero de 1873 una comisión de la tribu de Pincén se realizó un tratado de paz con los caciques Picén y Nagüel-Payún, luego elevado al poder ejecutivo, aprobado el 3 de marzo por Sarmiento[145].

Poco después Reuque-Curá renovó el tratado que tenía con las autori­dades nacionales.[146]

En lo que se refiere a la frontera sur de Mendoza las relaciones con los naturales eran estables.

Lo que se intentaba era poner fin a la guerra con los pehuenches, designado al cargo, el comandante en jefe de la frontera Sur de Mendoza, coronel Ignacio M. Segovia, su comandancia dependía del co­mando general de las fronteras de Córdoba, San Luis y Mendoza, con sede en la villa de Mercedes, San Luis, todavía a cargo del general José Miguel Arredondo.

El coronel, recibió cartas de Chile, las cuales expresaban la buena disposición de Caepé para celebrar tratados de paz duraderos, lo cual fue informado al general Arredondo, quien aconsejó que se invitaran a los caciques a formalizar el tratado con la menor demora posible.

A las conversaciones con Caepé se unieron los caciques de la sierra y del sur de Mendoza, el 27 de agosto de 1872 se formalizó el tratado en la sede de la comandancia, en la villa de San Rafael.

Levaggi señala que existen dos textos distintos del tratado, y no puede determinarse cuál de los dos fue el que se firmó.[147]

La ratificación también tuvo sus inconvenientes, Caepé, bastante enfermo, autorizó a Tranaman para que terminase los tratados, quien manifestó estar dispuesto, pero bajo condiciones, ya que los caciques "pampinos" y huilliches recibían más que él,  no cerrándose así la negociación.  Lo que llevó a la creación de un nuevo documento, el cual se llevó a cabo en el Hueco de Curielo el 24 de mayo de 1873.

Segovia informó que los indios pehuenches habían aceptado y ratificado los tratados de paz al ministro del interior a cargo del ministerio de guerra y marina, Uladislao Frías.

Otros caciques pehuenches como el cacique José Félix Purran[148], cuyas tierras estaban si­tuadas al sur de las de Caepé, también quisieron asociarse, para lo que envió una comisión a Segovia acompañada también por los representantes de Llancaqueo y Aillal, lo que concluyó en un acuerdo que se realizó el 11 de agosto.

Ocurrieron inconvenientes con las raciones, a lo que Frías en diciembre necesitó de la cooperación del gobierno mendocino para hacer efectiva la entrega, las cuales ya llevaban un retraso de tres meses, este actuar de las autoridades fue aprobado por el gobierno nacional.

Otros conflictos fueron debidos al “campo neutral”.

Transcurriendo 1874, el 1º de septiembre el comandante militar de Patagones, teniente coronel Liborio Bernal, realizó tratado con “picunchos" Quempumil, Yancamil y Guenupil o Quempil en Carmen de Patagones, luego enviado para su aprobación al gobierno nacional, comenta Levaggi, una posible desaparición y posterior localización ya que la aprobación figura el 4 de agosto de 1875.

Los tratados dejaron de ser convenios internacionales pasando a ser contratos de derecho interno, las raciones pasaron a ser igual a la mantención que recibían los soldados, ya que se los hacía servir contra los enemigos, y además eran estimulados para la producción de la tierra, incluso ellos mismos pedían las semillas y herramientas prometidas como fue el caso de los pichunchos quienes fueron proveídos a ordenes del presidente Avellaneda y a pedido de Bernal.[149]

Ya habiendo concertado en 1863 un tratado, el 16 de septiembre de ese mismo año el huilliche Sayhueque, hijo de Chocorí, a título de "Gobierno Indígena de las Manzanas, intentó un nue­vo acuerdo de paz y amistad, junto a su secretario Lonco-Chino.

Estando Avellaneda en 1873, de ministro de Justicia, Culto e Instrucción Pública de Sarmiento, mantuvo una política indigenista, la cual fue manifestada en proyectos de ley. Primero, formulado por la comisión especial de la Cámara de Diputados, la cual tenía a su cargo dictaminar sobre los proyectos de defensa de la frontera.

Esta comisión, sostenía que las relaciones que se habían entablado hasta el momento con los indígenas se limitaban a suministrarles provisiones, reconociendo también que muchas veces los malones eran debido a la deslealtad en lo referente a dichos suministros. Esta, estaba compuesta por Octavio Garrigós, José María Moreno, Francisco Alcobendas, Juan "A. GelIy y Obes y Pascual Rosas.

El proyecto el cual luego fue aprobado por la cámara de diputados, sometía al Congreso los convenios y los proyectos, facultando además al ejecutivo a celebrar estos con las tribus fuera de la línea de fronteras para determinar así la extensión de tierras que se ocuparían una vez alcanzada la línea del río Negro. A pesar de haber tenido la aprobación de la cámara, no logró la sanción por parte del senado.

Meses antes, el 3 de diciembre de 1872, se fundó un Consejo para la Conversión de los Indios al Catolicismo, a iniciativa del obispo de Buenos Aires, Federico Aneiros, formado por miembros como Juan José Alsina, Tomás Anchorena, Cayetano Cazón, Felipe y Jaime Llavallol, Miguel Navarro Viola, el general Benito Nazar y Luis Sáenz Peña.

Nicolás Avellaneda coincidiendo con los anteriores nombrados, formuló un proyecto de ley para la reducción pacífica de los indios, previendo en este una comisión encargada de entenderse con estos, celebrando tratados, ofreciéndoles así los beneficios de la civilización. Este no prosperó pero de igual forma fue el antecedente de normas del decreto del poder ejecutivo del 29 de julio de 1875 que creó la inspección de misiones en la esfera del departamento de Culto.

En cumplimiento de la ley 215 y ya en el cargo de presidente de la República, Avellaneda, se propuso adelantar la frontera interior austral, el plan era poblar el desierto, obligándolos a cruzar el río Negro o a implorar la paz, fundando poblaciones en lugares estratégicos, custodiadas por el ejér­cito, erradicando la cultura y forma de vida contraria  a la civilización europea, fomentando el trabajo y la educación con los blancos.

Para ocupar nuevos espacios y avanzar la frontera se encargó al ministro Alsina, protagonizando en 1876  la campaña. Los planes de atracción pacífica fueron disminuyendo, el último fue presentado por el colegial Mariano Rosas.[150]

Durante estas últimas décadas los pensamientos positivistas basados en la antropología negativa Darwinista aparecieron con importante fuerza, marcando la lucha entre ideas. Perdiendo terreno la antropología tradicional y aumentando la anterior, en este marco de idea racista se encontraba sumergido el indígena, sus principales seguidores fueron en Buenos Aires Eduardo Ladislao Holmberg y Eduar­do Wilde. Tampoco se encontraba exento Sarmiento quien comparaba al aborigen con primates, este pensamiento fue el característico de la generación del 80. Dando fundamento y dirigiendo a políticas adquiriendo sustento doctrinal, conduciendo a la campaña del desierto de Julio A. Roca en 1879.[151]

Además de los clérigos existieron opuestos a este pensamiento, entre ellos Emilio Daireaux, José Manuel Estrada, Zeballos, en cambio el discurso de Avellaneda, continuamente modificado, en 1872, la reducción pacífica; en 1875 supresión del desierto y no del indio; pero en 1880 sostenía el sometimiento, supresión y la visión de salvajes al aborigen, acompañando así el pensamiento sostenido por Roca. Este último a diferencia de su antecesor Alsina no consideraba como medio idóneo para conservar la paz a los tratados, se recuerda el último firmado con Epumer Rosas y Baigorrita.

Alsina en 1875, autorizó al coronel Nicolás Levalle, jefe de la frontera Sur para que quitara a la tribu de Catriel de las cercanias del Azul, convenciéndolos de las mejores condiciones de vida, alimentos, vestidos, y por sobre todo propietarios de las tierras que ocupasen. El convenio fue ajustado el 10 de septiembre de ese año, luego aprobado por Avellaneda.

A fin de instalar a las tribus y suprimir el comunismo patriarcal, Alsina designó al ingeniero Ebelot, para trazar una población en pleno desierto, donde existiesen escuelas, quintas y chacras.

Igualmente, antes que terminara ese año, se produjo la gran sublevación de Catriel, Baigorrita, Namuncurá y Pincén quienes atacaron juntas las cinco la misma frontera.

El motivo de esta se debía a que Alsina propuso aniquilar los derechos que los indios de Catriel poseían derechos por el tratado firmado en 1856, aunque ocupadas desde muchos años antes, la extensión de aproximadamente cien leguas cuadradas entre los arroyos Azul y Tapalqué, trasladándolos a puntos lejanos, estos se negaron a discutir, esto fue explicado en El Na­cional.

Dos años más tarde, algunos indios de Catriel bajo la condición que se separasen de su cacique fueron sometidos a las autori­dades nacionales, los pampas fueron localizados en la Colonia Conesa, en la margen derecha del río Negro, por decreto del 14 de febrero de 1879, esta duró poco tiempo por haberse eliminado el presupuesto, hasta diciem­bre de 1882.

Durante febrero de 1875 el comandante militar de Patagones esperaba la llegada de la tribu de Melicurá, para cerrar un tratado y poblar la costa del río Negro. Este "convenio de paz" se realizó el 21 de setiembre.

Mes antes, en Bahía Blanca, el teniente coronel Cerri con intermediario de Francisco Pío Iturra, suscribió un “contrato”  con el tehuelche Maripan.

Los deseos de paz y las actividades diplomáticas continuaban sobre todo en la frontera de Mendoza con las tribus del sur.

A principios de septiembre Millalón llegó a San Rafael, con una comisión de diecinueve individuos de distintas tribus, para hacer los tratados, pidiendo la cesión de los campos al sur del río Atuel para habitarlos, y ofrecimientos en vicios. El comandante de la frontera, H. Alsogaray, requirió instrucciones al gobernador Francisco Civit y al general Roca. Levaggi señala la ausencia de datos sobre las ulterioridades del suceso.[152]

A principios de 1874 los salineros intentaron reiniciar las relaciones con las autoridades las cuales habían producido el quiebre del tratado firmado por Rivsa y Calfucurá en 1861, debido a la campaña de represalia dirigida por el mismo Rivas contra las Salinas Grandes, a fines de 1873.

A fin de mejorar las relaciones, una comisión se apersonó en Junin, compuesta por los caci­ques Manuel Namuncurá, Reumay, Lincopan, Meliniau Guenuqueo y Ber­nardo Namuncurá. Las gestiones no fueron simples, Manuel Namuncurá buscó la intercesión del arzobispo Federico Aneiros. El 3 de Mayo, Namuncurá formuló un petitorio el cual se realizó en Salinas Grandes, el coronel Nicolás Levalle, como comandante en jefe de la frontera del Sur, se lo pasó a Alsina.

El cacique general envió a su comisionado a Buenos Aires. El 11 de octubre, Alsina autorizó a Cerri a iniciar arreglos, otorgándole instrucciones al respecto y el otro autorizado era Levalle quien delegó la gestión a Iturra.

Aneiros, arzobispo de Buenos Aires, envió a Salinas Grandes al sacerdote lazarista Jorge María Salvaire con cartas suyas. Devolvió nueve cautivos y cautivas y solicitó su intercesión para recu­perar a los indios enviados a Martín García.

Cerri le comunicó al cacique general que el acuerdo básico con los salineros seguía siendo el concertado con Calfucurá, y la negativa por parte del gobierno de reconocer algún derecho de propiedad sobre Carhué y aun sobre las Salinas Grandes.

En abril de 1876, durante la campaña de Alsina, el ejército ocupó los campos de Carbué, una vez consolidada la nueva frontera, el ministro le propuso a Namuncurá un arreglo, la condición que puso este fue la devolución de Carhué y además pidió la intervención del arzobispo de Buenos Aires para que mediase y le fuera desocupado el campo, Aneiros aceptó el cometido. El gobierno nombró como su representan­te al coronel Lorenzo Wintter o Vintter, la gestión fracasó, pero luego fue retomada a fines de 1877, antes de la muerte de Alsina, quien fue anunciado por Bernardo Namuncurá el viaje de comisiones suyas y de Nagüel Payún.[153]

En febrero el cacique general solicitó la mediación de fray Marcos Donati, a fin que influya para los arreglos de paz. Luego fueron despachadas nuevas comisiones para entrevistarse con Roca y Aneiros, los arreglos no se concretaron, perdido el interés por las autoridades quienes solo se limitaban a entretenerlos con  el suminis­tro de las raciones.[154]

Mientras tanto las relaciones con los ranqueles aún se cumplía el tratado firmado en 1872, el cual fue ratificado con respecto a Baigorrita en Río Cuarto en 1876, actuando Mariano como garante. El documento fue elevado por Roca y aprobado el 10 de abril por Avellaneda.

Al año siguiente, el 18 de agosto falleció Mariano Rosas, quien fue sucedido por su herma­no Epumer o Epugner, quien mas adelante sería venci­do por el general Racedo y llevado a la isla Martín García hasta 1883.[155]

El nuevo jefe ranquel envió una delegación a Buenos Aires por el y por Baigorrita lo que concluyó en un importante tratado de paz por el cual las tribus ranqueles prometieron, fidelidad y obediencia al gobierno del cual forman parte. Este se realizó el 24 de julio de 1878, y aprobado el 30 de julio por Avellaneda. Señala Levaggi que se vuelve a utilizar el término tratado y este tuvo una importante fuente norteamericana, comprobada porque en el mismo legajo del Archivo Roca, en un cuadernillo, están copiados tratados completos y claúsulas sueltas de tratados norteamerica­nos traducidos al castellano [156]

El ministro de Guerra le ordenó al comandante de la villa de Mercedes, Rudecindo Roca, que apresase las comisíones de indios que iban sin ánimo belicoso alguno. Las comisiones de Baigorrita y Namuncurá fueron sorprendidas y aprehendidas sin resistencia. La Na­ción informó que 60 indios ranqueles habían sido fusilados en Villa Mercedes por orden de Roca.

Los pehuenches que vivían al norte del río Neuquén activaron en ese año de 1878 sus gestiones para celebrar un convenio con el gobierno. Juan Chico llevó la representación de los caciques, el 8 de agosto llegó a San Rafael, acompa­ñado de cinco representantes de otros caciques, para fijar las bases del tratado.

Roca mandó instrucciones a Tejedor y éste despachó al sur al capitán Juan de la Cruz Pérez, los tratados fueron ajustados y firmados en vano, ya que no prosperó.

El 10 de mayo del año siguiente, Roca inició una expedición que partió de Carhué y culminó medio año después en el río Negro. Durante esta se exterminaron o sometieron la mayoría de las tribus del desierto.

Este período caracterizado por la crisis de las relaciones interétnicas, Valentín Sayhueque, el cacique del "País de las Man­zanas", el Neuquén, unido con el gobierno nacional por el tratado de mayo de 1863.

El jefe de la 4 división del ejército expedi­cionario, teniente coronel Napoleón Uriburu, contrariando órdenes, decidió en consejo de guerra va­dear el río y atacar a las comunidades que estaba obligado a respetar. Ese fue el comienzo de la ocupación del Neuquén y el fin de toda posibilidad de nuevos tratados en esa frontera. Roca, convalidó su conducta.

En agosto, el cacique manzanero le requirió a Roca y al coronel Camada ViIlegas la desocupación de Choele-Choel, Chichinal y Neuquén, la respuesta obvia fue otorgada por Alvaro Barros.

Mientras tanto en la frontera chaqueña, en 1881, el comandante en jefe de la frontera de Santa Fe, coronel Enrique Godoy, anunció la suspen­sión de toda hostilidad contra los indios rebeldes, porque el gobierno pro­vincial había sido autorizado por el ministerio de Guerra para tratar con los caciques del Chaco y radicarlos en sus departamentos.

Retomando a la frontera pampeano patagónica, en enero de 1881, con relación al cacique y capitanejos de la tribu de Nahuel-Payán, se autorizó al ministerio de Guerra a entregar dos chacra en el partido de Junín, con prohibición de enajenarlas, recibiendo, además, elementos de labranza.

El 18 de julio de 1882, por una resolución del ministro Victorica se dispuso que el pago de sueldos a los indios aliados y sometidos.

En el Chaco Austral, transcurriendo los últimos años de la conquista, con el fin de someter y reducir las tribus, el 8 de noviembre de 1884 el jefe del regimiento N° 12 de Caballería de Línea, teniente coronel José María Uriburu, celebró por escrito, un conve­nio reduccional con el cacique Mexochí o Mesojchí en sus tolderías del Campo de la Lomada, este no cumplió en la promesa de presentarse en La Cangayé, a lo que el 7 de enero envió una comisión para obligarlo, el cacique explicó que el motivo de su ausencia, había sido provocado por el temor y desconfianza que le provocó que poco tiempo antes de partir al lugar de encuentro, había sido atacado por soldados, dispersada su gente y privado de su ha­cienda. Esta vez, cumplió con el encuentro, pero al poco tiempo se fugó, volviendo nuevamente a la comandancia, para recibir regalos y entrar en nuevos arreglos, y fue apresado, los indígenas detenidos, y remitidos por orden superior a Buenos Aires y Tucumán.

Durante y después de la conquista del desierto, la política que llevaba el gobierno nacional en las dos fronteras interiores de la República, tuvo en común el desplazamiento de los grupos aborígenes de las tierras que ocupaban, para entregarlas a la colonización; el intento de aculturarlos, comenzando por la disolución de su organización social tradicional; y su reunión, en algunos casos, en misiones o reduccio­nes.

A diferencia, en el norte ya que la mano de obra era indispensable para los azucareros y madereros hubo un  mayor cuidado por preservar la vida de los indígenas. La obra misionera no estuvo ausente aunque con muchos obstáculos. Para el general J. Amadeo Baldrich, intentó humanizar los medios de civilizar al indio del Chaco e inculcarle el amor al trabajo, renegando de los sistemas utilizados como era la desaparición de las "razas inferiores".

En los proyectos de conquista pacífica del Chaco se partía de la base que ya se habían subordina­do al gobierno nacional y debían cumplir con sus disposicio­nes ya no figurando el trata­do, utilizaron formas de persuasión como lo eran la entrega de tierras y útiles de labranza, racionamiento temporario, ocupación en los establecimientos industriales del lugar, y has­ta de exportación de mano de obra a otras provincias, el aborigen chaqueño tenía un valor económico adicional, que hacía indispensable su preservación.

El presidente José Figueroa Alcorta autorizó al coronel Teófilo O'Donnell, para que este se ponga en relaciones con los indios del Chaco brindándoles mejoras por medio del trabajo y atrayéndolos al amparo del Gobierno Nacional para facilitarles la mejora de su condición.

Luego de un tiempo este mantuvo reuniones con caciques tobas, matacos y mocobíes, a los cuales se les repartieron las tierras y útiles de labranza, para el trabajo de su subsistencia. Los únicos que faltaba someter eran los belicosos mocovíes.

En la frontera pampeano-patagónica, el 20 de enero de 1885, otra resolución ordenó que los indios sometidos que no prestaban servicio militar en la frontera sólo reci­bieran la ración correspondiente a las familias de los cuerpos.

Desde Viedma, el 9 de febrero de 1885 el general Wintter informó al ministro de Guerra, el sometimiento del cacique Sahueque como los de segundo orden, Foyol, Sabrustio, Chagallo, Rajel, Nahuel, Camilao, Henchenecul, y como asimismo los caciques Inacayal, Chiquichao y Cual.

En noviembre de 1885, el gobierno decidió suprimir el racionamiento que se le daba a los naturales, como consecuencia el ministro de Guerra, general Eduardo Racedo, resolvió el 14 de febrero de 1887, que los caciques y algunos capitanejos afectados por la medida fueran indemnizados con la adjudicación de tierra para ellos y sus familias.

La lista de los caciques y capitanejos que estaban en Río Negro sometidos al gobierno, fue confeccionada por el general Wintter.  Miguel Juárez Celman, titular del poder ejecutivo, dispuso el 26 de mayo de 1887 la distribución de dos lotes situados al sud del Río Negro.

En enero de 1888 Winter, encargado de cesar la entrega de racio­nes, motivo al jefe del estado mayor general del ejército a que esto no sucediese por un tiempo ya que el ministerio del Interior no había designado aún las tierras en las cuales ubicar a las tribus, ni le había enviado el dinero para proveerlas de herramientas, semillas, etc. Autorizado, el 8 de mayo entregó provisoriamente raciones a la tribu de Sayhueque por el término de seis meses.

En 1894, la ley 3.092 al poder ejecutivo a dar en propiedad a Manuel Namuncurá y su tribu ocho leguas de campo sobre la margen derecha del río Negro. Con autorización semejante, fue la ley que se dicto en ese mismo año, la 3.154 y su aclaratoria 3.369 de 1896, fue a favor de Manuel Ferreira Pichihuincá y Ramón Tripailaf. A Sayhueque, que desde 1885 gestionaba tierras por medio de su amigo Francisco P. Moreno, el poder ejecutivo, por resolución del 30 de octubre de 1895, le cedió terrenos en el Chubut, pero sólo la ley 3.814 de 1899 le dio la propiedad de doce leguas kilométricas[157].

Estas leyes fueron dictadas como un medio para civilizarlos, y no fueron a favor de las tribus sino de las familias.

El escenario donde se establecieron contactos de todo tipo entre españoles e indígenas fue la frontera, ahí era donde se encontraban la jurisdicción del blanco como la del indígena. Estos choques entre las dos etnias no fueron unidireccionales sino por el contrario bidireccionales.

Se hace referencia a las Naciones Indígenas, estas eran consideradas como tales, y así se firmaban tratados con igual jerarquía de lo que hoy sería un tratado de carácter internacional.

Mediante el uso de este medio pacífico, se logro mayormente que se pudiese extender la jurisdicción, basándose en contraprestaciones muchas veces en desequilibrio, intentándose también la evangelización, como alianzas y defensas.

El tratado fue perdiendo ese valor tenido al comienzo, fue bajándose ese reconocimiento implícito que se hacia sobre la idea de “Naciones”, así los tratados pasaron a ser relaciones de derecho interno, para terminar siendo una especie de contrato colectivo de trabajo sobre bases impuestas por el poder público, quedando el indígena protegido desde el lado de los defensores de pobres e incapaces, pasando a formar parte de los grupos vulnerables, rompiéndose los lazos culturales y étnicos. 

No toda nuestra historia, la colonización incluyendo la época de Rosas o Roca, esta basada en sucesos violentos o con solo animo de exterminio, aunque tampoco es posible negar pensamientos como los de la generación del ochenta, basados en las líneas llevadas al fascismo del darwinismo, al igual que otros.

Esta evolución muestra como la Argentina, buscó una identidad nacional única, no respetando la diversidad cultural, negando los tratados de paz firmados, en los cuales se reconocía implícitamente a la comunidad indígena como nación.

 

 


NOTAS:

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[1] Oscar Gómez, http://www.ciudadportuaria.com.ar/index.php?secc=b_informe

[2] Idem.

[3] El Gran Chaco o Chaco Gualamba es un extenso territorio existente entre el río Otuque afluente del río Paraguay al Norte, hasta el río Juramento o Salado al Sur; los ríos Paraguay y Paraná al Este y las estribaciones andinas al Oeste. Así mismo, la zona comprendida entre los ríos Otuque y Pilcomayo es denominado Chaco Boreal (actual República del Paraguay); la que tiene por limites a los ríos Pilcomayo y Bermejo, Chaco Central (actual Provincia de Formosa) y la que va desde el Bermejo hasta el río Salado o Juramento, Chaco Austral (toda la actual Provincia del Chaco, parte de Salta, parte de Santiago del Estero y Norte y Centro de la Provincia de Santa Fe).

[4] Levaggi, A.  “Paz en la frontera” p. 31

[5] Oscar Gómez, http://www.ciudadportuaria.com.ar/index.php?secc=b_informe

[6] http://www.reservas.net/alojamiento_hoteles/argentina_informacion.htm

[7] Explorador de los ríos y del área del Río de Plata. vivió por un largo tiempo en Inglaterra.
Acompañó a su padre, Juan Gaboto, en el viaje donde descubrió la costa de América del Norte; realizó otros viajes en la misma dirección.
En 1518 aceptó el ofrecimiento de ser piloto mayor de España; en 1526 Gaboto preparó una expedición para continuar con la de García Jofré de Loaysa, que el año anterior había navegado a través del estrecho de Magallanes en dirección a las Molucas; tanto Carlos V como los mercaderes sevillanos estaban ansiosos en fortalecer la influencia de España en las islas Molucas y de explotar su comercio de especias.
Partió de España con cuatro barcos y doscientos cincuenta hombres, Gaboto llegó a la costa brasileña, donde encontró a los sobrevivientes de la expedición de Solís y escuchó crecientes rumores de que podría existir plata en el interior del continente (basándose en la existencia del Imperio Inca en los Andes); contando con escasas provisiones para el viaje transpacífico planeado y en busca de riquezas para el Rey así como también de favor real para sí mismo, abandonó a su suerte a varios oficiales rebeldes a lo largo de la costa brasileña y en abril de 1527 entró al Río de la Plata para continuar su exploración. http://www.odonnell-historia.com.ar/biografias/biog.htm

[8] Levaggi, A.  “Paz en la frontera” p.32

[9] Lozano, Historia de la conquista del paraguay, Río de la plata y Tucumán  II, pp. 114-117

[10] Levaggi, A.  “Paz en la frontera” p.32 pp.6 (Díaz de Guzmán, La Argentina, p. 47)

[11] Idem p. 33 y 34.

[12] Idem p.36 pp.14 (Los calchaquíes, que formaban parte de la gran nación diaguita, eran a su vez el resultado de la reunión de varias tribus, entre ellas los quilmas)

[13] Idem

[14] Idem p.39

[15] Lozano, P. “Descripción corográfica del Gran Chaco Gualamba”

[16] Había sido nombrado Gobernador por el Rey, en 1701 pero ante la imposibilidad de asumir funciones, permaneció en Buenos Aires como consejero militar en la Defensa de La Banda Oriental del Uruguay contra los portugueses. http://www.camdipsalta.gov.ar/INFSALTA/gobernadores/urizar.html

[17] Levaggi, A. ”Paz en la frontera” p.51

[18] Idem p.54

[19] Idem p.75

[20] Acosta y Lara, La guerra de los Charrúas en la Banda Oriental (período hispánico) p. 114 y ss.

[21] Levaggi, A.  “Paz en la frontera” p.103

[22] Sánchez Labrador, J. Paraguay Católico. Los indios pampas-pehuelches-patagones. Pp. 83-84

[23] Muñiz, los indios pampas, 2 edic. p.139

[24] Levaggi, A.  “Paz en la frontera” p.59 y ss.

[25] Levaggi, A.  “Paz en la frontera” p.107

[26] Idem p.110

[27] Durante su gestión se levantó la Reducción de la Purísima Concepción de Abipones en la frontera de Santiago del Estero y se establecieron los presidios o fortines del Río del Valle del Río Negro, E Tunillar y San Luis de Pitos. Desde 1750 efectuó varias entradas al Chaco. http://www.camdipsalta.gov.ar/INFSALTA/gobernadores/tineo.html

[28] Levaggi, A.  “Paz en la frontera”  p.66

[29] Nace en San Andrés de Cadeira -  Redondela (Pontevedra) en el año de 1710. Sus padres fueron Blas Pestaña y de Llamas y Juana Chamucero de León. Inició su carrera como marino aunque luego se transfirió al ejército terrestre. El 2 de Mayo de 1752 es nombrado para el cargo de Gobernador del Tucumán con el grado de brigadier. Toma posesión de la Gobernación y Capitanía General del Tucumán en la ciudad de Jujuy el 16 de noviembre de 1752. José de Guardia de Ponté. http://www.camdipsalta.gov.ar/INFSALTA/gobernadores/pestana.html

[30] Idem p.112

[31] Idem

[32] Idem p.117

[33] Idem, p.116 y 117

[34] Consulta del Consejo de Indias; Madrid 18/5/1770. AGI, Buenos Aires 13.

[35] Levaggi, A.  “Paz en la frontera” p.81.

[36] Idem

[37] Idem p. 87

[38] Levaggi, A.  “Paz en la frontera” p.88

[39] Idem

[40] Idem

[41] Testimonio del acuerdo del Cabildo de la Asunción deI 16/12/1776. AGI, Buenos Aires 229. El Cabildo al rey: Asunción, 29/1/1777. AGI, Buenos Aires 229. Abundaron las quejas contra Pinedo por malos tratos a los naturales.

[42] Levaggi, A.  “Paz en la frontera” p.119

[43] Copia. 13/4/1774. AGN, Comandancia general de fronteras de Buenos Aires IX 1-6-1.

[44] Levaggi, A.  “Paz en la frontera” p.122

[45] Idem p.95

[46] Las dos reducciones fueron Nuestra Señora de los Dolores y Santiago, de indios mocoví, en Potreros de San Bernardo, y San Bernardo el Vértiz unos 116 Kilómetros arriba de la confluencia de Teuco. Levaggi, A.  “Paz en la frontera” p.97

[47] Levaggi, A.  “Paz en la frontera”p.129

[48] Idem p.131

[49] Levaggi, A.  “Paz en la frontera” p. 132

[50] Mingo de la Concepción, Historia de las misiones franciscanas de Tarija entre chiriguanos 1, pp.192-193

[51] Levaggi, A.  “Paz en la frontera” p.144.

[52] Morales Guiñazú, Primitivo habitantes de Mendoza, p. 52

[53] Levaggi, A.  “Paz en la frontera” p.147.

[54] Idem p.148

[55] Idem p.132

[56] Idem p.138

[57] Idem p.140

[58] AGN, Acuerdos del extinguido Cabildo de Buenos Aires, Buenos Aires., IV: II, p. 277.

[59] Levaggi, A.  “Paz en la frontera” p.142

[60] "Colección Mata Linares", IX, fs. 20-21, y XI, fs. 20-21.

[61] Levaggi, A.  “Paz en la Frontera” p.150

[62] Idem p.153. pp127. (Terrera, Caciques..., p. 196.)

[63] Levaggi, A.  “Paz en la frontera” p.152 y ss.

[64] Idem, p.156 pp.135 (Marfany, "Fronteras...", pp. 458-463; Y Comadrán Ruiz, "En torno...", pp. 58-59. 136 Terrera, Caciques..., pp. 135-136)

[65] Testimonio del acta. “Colección Mata Linares” XI, FS 31-32.

[66] Levaggi, A.  “Paz en la Frontera” p 159.

[67] Idem p.160 y ss.

[68] Idem p.99 y ss.

[69] Idem p. 163.

[70] Idem p. 166. pp. 148 (Viaje…Luiz de la Cruz…, pp. 216-220 y 259. CGE.DEH, politica…(1750-1819), ii, pp. 154-157, los pehuenches…,pp.223-233).

[71] Levaggi, A.  “Paz en la frontera” p.170 y ss.

[72] San Roque, 29/5/1822. AGC, Correspondencia oficial, 1. 15, fs. l 00-v.

[73] Levaggi, A.  “Paz en la frontera” p. 245 y ss.

[74] Idem p. 173 pp.18 (Morales Guiñazú, Primitivo habitantes de Mendoza, pp. 91-92.)

[75] Idem p. 174 pp. 20 (Mitre, Historia de San Martín y de la emancipación sudamericana, pp. 335-336...)

 

[76] Idem p. 176

[77] Idem p.178 y ss.

[78] Idem p. 184 y ss.

[79] Llevaggi “Paz en la frontera” p. 249 y ss.

[80] Idem p. 256-257

[81] Idem p.258 pp. 29 (Gómez, Historia...Chaco, p.50; Alumni, El Chaco..., pp. 147-148; Idem, La Ciudad...; y Memoria... Ferré)

[82] Idem p.188

[83] Idem p.192 pp.54 (Bustos a López: Córdoba, 5/12/1825. AHSF, 1. 3 1/2, n° 47. Copia en CGE.DEH, Campaña... Frontera sur, caja 1, n° 249).

[84] Idem p. 196.

[85] AHPBA, Acuerdos de la junta de Representantes. Borradores de actas. 1823-1824, f. 371 v.

[86] Levaggi, A.  “Paz en la frontera” p. 197 pp. 63 (Lacarra al ministro: Carmen de Patagones, 15/2/1825. AGN, Patagones... X 13.8-2).

[87] Idem p. 196 y ss.

[88] Levaggi, A.  “Paz en la frontera” p.200 pp. 69(Terrera, Caciques…p. 153.)

[89] "Manifiesto. De los Comisionados por el Gobierno para celebrar la paz con los Indios, al Sud de la Provincia". Buenos Aires, 16/2/1826 (dice "1825").

[90] Levaggi, A.  “Paz en la frontera” p.203 y ss.

[91] Idem p.208.

[92] Ignacio Nuñez a Rosas: Buenos Aires, 2/8/1827. AHPBA, Negociación pacífica con los indios de la provincia de Buenos Aires. 1825-1828 fs 72-v.

[93] Saldías, Historia de la confederación Argentina, II, pp. 59-60

[94] Cambas, Historia política e institucional de misiones. Los derechos de los misioneros ante la historia y ante la ley, p. 103.

[95] Levaggi, A.  “Paz en la frontera” p. 260.

[96] Los comisionados al gobernador: Corrientes, 1/12/1829. Gómez, Corrientes y la convención nacional de 1828, pp.144-145.

[97] Levaggi, A.  “Paz en la frontera” p. 263.

[98] Idem p.218-219

[99] Idem p.220 y ss.

[100] Idem p.225 pp118 (Terrera, Caciques..., pp. 240-241).

[101] Idem p. 227 pp.125 (Muñiz, Los indios pampas..., pp. 194-196; Grau, El Fuerte..., pp. 116-117, 120-121, 131 Y 166; Y CGE.DEH, Po/ítica...(J820-1852), II: 2, pp. 201-204 Y 304-306).

[102] Zeballos, E. S., Callvucurá y la dinastía de los piedras, 3 edic., pp. 20-22.

[103] Nació en San Antonio de Arque, en el Alto Perú, en 1798, y murió en Buenos Aires en 1862. Era hijo del general Juan Antonio Alvarez de Arenales. Se destacó como militar, geógrafo, naturalista y periodista. Participó en las guerras de la independencia y con el Brasil. Levaggi, A. , paz en la…pp.42, Barros, Fronteras..., pp. 283-288; Y Cutolo, Nuevo diccionario..., 1, pp. 210-211.

[104] Levaggi, A.  “Paz en la frontera” p.264 y ss.

[105] Sáez, M. A. Límites i posesiones de la provincia de Mendoza., pp. 100-101.

[106] Levaggi, A.  “Paz en la frontera” p. 244

[107] Levaggi, A.  “Paz en la frontera” p. 271 pp.9 (Allende, La frontera y la campaña de Buenos Aires, pp. 70-81.)

[108] Idem p. 272 pp.14 (Allende, La frontera y la campaña de Buenos Aires., pp. 113-115).

[109] Idem p.273 pp.17 (Idem pp.84-85).

[110] Idem p.274.

[111] ALC, Actas de sesiones, 1. 6, fs. 440-444.

[112] Llorente a Mitre: 25 de Mayo, 13/7/1855. AGN, Estado de Buenos Aires X 19-3-3.

[113] Levaggi, A.  “Paz en la frontera” p.281

[114] Idem p. 285.

[115]Idem p. 286-287

[116] Idem p. 304-305

[117] López, "El rescate de las cautivas. Un episodio de guerra y la paz en las fronteras del desierto (1857-1858)”, pp. 425-430.

[118] Zapiola al cnel. Ignacio Rivas, jefe de la frontera del Sur: Buenos Aires, 27/8/1858. AGN, Comandancia/s de fronteras X 19-8-4.

[119] Levaggi, A.  “Paz en la frontera” p.539.

[120] Mensaje del gobernador de la provincia de. Santa Fe a la Asamblea Legislativa en la apertura de su primera sesión ordinaria, SantaFe, 1857, p. 10

[121] Levaggi, A.  “Paz en la frontera” p.542-543

[122] Idem 310 y ss.

[123] Idem p. 318 y ss.

[124] Idem p.324.

[125] Carranza, Expedición al Chaco Austral bajo el comando del gobernador de estos territorios Cnel. Francisco B. Bosch p. 342.

[126] Nelson al inspector y comandante general de armas, Paunero: Santa Fe, 10/1/1865. CGE.DEH, Campaña contra los indios: Frontera Chaco, caja 3, n° 795, 2.826 Y 2.829.

[127] Levaggi, A.  “Paz en la frontera” p. 550

[128] Pastor, La guerra con el indio de la jurisdicción de San Luis, pp. 459-472

[129] Levaggi, A.  “Paz en la frontera” p.343

[130] Idem p.346 y ss.

[131] Machado a Martínez: Azul, 3111/1866. Providencia de M. Paz: Buenos Aires, 20/2/ 1866. CGE.DEH, Campaña contra los indios. Frontera sur, caja 18, n° 3.361.

[132] Levaggi, A.  “Paz en la frontera” p.367 yss.

[133] Idem p. 375

[134] Idem p. 377

[135] Biagini, "Atisbas indigenistas previos a la conquista del desierto", ANH, Congreso…IV, pp. 279-291.

[136] Levaggi, A.  “Paz en la frontera” p.385

[137] Idem p. 404-405

[138] Idem p.416

[139] Murga al inspector y comandante general de armas, Emilio Mitre: Bahía Blanca, 12/11/1870. CGE.DEH, Campaña contra los indios, Frontera sur, caja 32, n° 1.130.

[140] Levaggi, A.  “Paz en la frontera” p.440.

[141] Calfucurá al ministro Gainza: Salinas Grandes, 27/7/1872. AGN, Archivo del gral. Ignacio Rivas 1857-1877 X 2-2-2.

[142] Levaggi, A.  “Paz en la frontera” p. 553 y ss.

[143] Pastor, La guerra con el indio en la jurisdicción de San Luis,, p. 481

[144] Levaggi, A.  “Paz en la frontera” p. 443 y ss.

[145] Borges al ministro Gainza: Junín, 26/2/1873. CGE.DEH, Campaña contra los indios, Frontera sur, caja 34, n° 21-6.557.

[146] Memoria presentada por el ministro de Estado en el departamento de. Guerra y Marina al Congreso Nacional en 1863, 1874, pp. xxix-xxxiii

[147] Levaggi, A.  “Paz en la frontera” p. 457

[148] Levaggi, A.  “Paz en la frontera” p.469, pp.379 (Terrera, Caciques..., pp. 231-232)

[149] Idem p. 478.

[150] Idem p. 486.

[151] Montserrat, "La mentalidad evolucionista: una ideología del progreso", p. 800.

[152] Levaggi, A.  “Paz en la frontera” p.504 y 505

[153] Salinas Grandes, 24/12/1877. AGN, Archivo de Angel J.Carranza. Correspondencia. 1860-1889 VII 7-5-3.

[154] Levaggi, A.  “Paz en la frontera” p.516  y 517

[155] Zeballos, Painé y la dinastía de los zorros, 2 edic., cap. LXXVII, p. 213

[156] Levaggi, A.  “Paz en la frontera” p.523

[157] Levaggi, A.  “Paz en la frontera” p.537

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 Dra. Teodora ZAMUDIO